Introducción
Uno de los principales canales de articulación del proyecto político a nivel mundial de la Internacional Comunista (ic) fue la “difusión masiva de impresos y el impulso de editoriales en cada lugar donde existía una célula de militante”1. Mediante la distribución de la literatura se realizaba la agitación y la propaganda, y se difundían las definiciones programáticas. Con el lanzamiento de la política de la bolchevización en el V Congreso de la ic celebrado entre junio y julio de 1924, la actividad editorial se amplió y profundizó. A grandes rasgos, esta política propuso reorganizar los partidos comunistas en pos de homogenizarlos ideológicamente mediante la supresión de las tendencias o puntos de vistas disímiles, y organizarlos con base en células de fábrica y de calle. Así, en un contexto signado por la imposición de una línea política y por las transformaciones radicales de la estructura organizativa de los partidos, la formación política de los militantes se convirtió en tarea prioritaria. Por ello, el mundo editorial pasó a ocupar un lugar clave dentro de los objetivos políticos de la Comintern. Lincoln Secco afirma que la circulación de impresos fue uno de los principales vehículos del adoctrinamiento, ya que fue una de las formas en la que la militancia aprehendió las definiciones teóricas y programáticas2.
Por resolución del mismo congreso, se nombró como dirigente de la Sección de Agit-Prop al comunista húngaro Bela Kun, y se le encargó que desarrollara nuevos formatos editoriales, como guías populares y manuales, que contuvieran las obras de Lenin, Karl Marx y Friedrich Engels. De aquel órgano dependía el Servicio de Ediciones de la ic (fundado en 1922), que pasó a estar dirigido por el ucraniano Mikhail Evseevitch Krebs hasta 1937. Como consecuencia de esos cambios para 1927 el Servicio de Ediciones tenía presencia en 40 países y publicaba en 47 lenguas. Dos años más tarde ya existían 18 casas de edición vinculadas a la ic en 16 países3. Serge Wolikow asegura que esos cambios demostraban la voluntad política de separar la publicación de obras teóricas necesarias para la formación de nuevos cuadros, de los artículos de revistas4. Como afirma Manuel Loyola, la ic se hizo cargo de la traducción y producción de títulos para que tuvieran difusión entre los partidos con menor desarrollo. En esa tarea colaboraron especialmente las secciones alemana, francesa y española, siendo las dos últimas las que nutrieron a los partidos comunistas latinoamericanos. La tarea de traducción cobró una centralidad especial porque se debía asegurar la exactitud de los contenidos. De este modo, afirma el autor, “la burocratización y profesionalización que emprendió el quehacer editorial de la ic desde la segunda mitad de los años 20, también buscaba que la regimentación lectoral e ideológica en curso pudiese ser controlada y cuantificada”5. De allí que las estructuras creadas por la ic, como el Secretariado Sudamericano (ssa), debían desarrollar y darle prioridad al trabajo editorial.
El ssa se creó en mayo de 1925 con sede en Buenos Aires, de modo que fue fundado en paralelo a la política de bolchevización y con el objetivo de extender ese proceso en el Cono Sur. Para ello, y por orden de la ic, debía coordinar una revista que se convirtiera “en el órgano teórico vivo de todo el movimiento revolucionario sudamericano”6, por lo que en abril de 1926, el ssa lanzó La Correspondencia Sudamericana (1926-1930). El quehacer editorial fue una de las primeras actividades que desarrolló el organismo y que mantuvo durante todos sus años de existencia, ya que luego publicó Revista Comunista (1930-1932) e Informaciones económicas-políticas-sociales (1933-1934). Asimismo, tal como sucedió a nivel internacional, con la profundización de la bolchevización, aquella actividad se amplió y ahondó. En el marco del viraje hacia las políticas sectarias de clase contra clase que adoptó el VI Congreso de la ic entre julio y agosto de 19287, se expulsó al secretario del ssa, José Penelón8. La nueva dirección, encabezada por Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi9, creó en 1929 la editorial Sudam, que funcionó durante todo el periodo regido por los lineamientos de aquel congreso, es decir, hasta 1935. De allí el recorte temporal de esta investigación. Desde entonces, la actividad editorial del ssa se dividió en dos grandes ejes: por un lado, en la edición de sus revistas, en la difusión de los órganos cominternianos (La Correspondencia Internacional e Internacional Comunista) y en la colaboración y control que ejerció sobre las prensas locales de los partidos; por el otro lado, en el sostenimiento y difusión del sello editorial Sudam.
En este trabajo nos referiremos solo a esta última actividad, debido a que es un área historiográficamente poco trabajada. Sin desconocer los valiosos aportes de los estudios sobre el libro y la edición comunista en Sudamérica, no existen investigaciones acerca de la editorial Sudam como objeto de análisis específico. Asimismo, estos estudios se han focalizado mayoritariamente en el análisis de una época posterior, desde la segunda mitad de la década de 1930 en adelante, y generalmente se han centrado en el estudio de editoriales partidarias. De hecho, los trabajos referenciados de Rivera Mir y Loyola constituyen los principales antecedentes de esta investigación porque proponen un estudio de la edición comunista en el espacio latinoamericano en su conjunto -línea en que Loyola atiende especialmente a la actuación editorial de la ic en la región-; así como por el recorte temporal que presentan, que comprende 1920 y 193010. Rivera Mir plantea una periodización de las redes editoriales comunistas latinoamericanas que divide la década de 1930 en dos etapas. En la primera (1930-1935), marcada por las políticas sectarias de la bolchevización, hubo contactos editoriales constantes aunque limitados; mientras que en la segunda (desde 1935 en adelante) que, entre otros factores, estuvo mediada por la política de frentes populares antifascistas11, se incrementó el establecimiento de redes editoriales12.
Así, esta investigación busca arrojar luz sobre una editorial comunista poco o nada explorada hasta el momento y que se sostuvo a partir de redes transnacionales. Sus características más destacadas refieren a la cobertura regional de su producción y difusión, ya que apuntaba a todo el Cono Sur13, lo que la convirtió en la primera editorial comunista sudamericana; y a su temprano periodo de funcionamiento (1929-1935) en el que, como ya mencionamos, las redes editoriales eran limitadas, al igual que la articulación entre los partidos comunistas existentes. De este modo, el estudio de Sudam busca aportar a los estudios del libro y la edición comunista en dos sentidos principales, en primer lugar, para enriquecer los análisis sobre las actividades editoriales regionales y locales que desarrollaron cada uno de los partidos. En segundo lugar, y respecto a la relación entre cultura y política14, busca favorecer la comprensión de la función que tuvo la edición en el desarrollo de la ideología comunista, y en la construcción de un movimiento comunista sudamericano articulado y “homogenizado” en términos teóricos y políticos.
La apertura de Sudam fue impulsada dentro del espacio editorial que creó la Comintern por resolución del vi Congreso de la ic, conocido como Editorial Europa y América, dedicado a la producción de textos en español. Tuvo sede primero en París y luego en Barcelona, por lo que para la creación de Sudam y su posterior desarrollo fueron cruciales los vínculos con ambas ciudades. En esas relaciones el ssa no se posicionó como mero receptor y distribuidor de las ediciones producidas en Europa, por el contrario, atendió a lo que se difundía y tuvo un papel activo en los intercambios. De allí que, con el surgimiento de gobiernos represivos en gran parte de los países sudamericanos en la década de 1930, que dificultaron las comunicaciones con Europa y entorpecieron la circulación de Sudam, el ssa llevó a cabo diversas estrategias para darle continuidad al proyecto. Comenzó a publicar bajo otros sellos editoriales y a apoyarse en los recursos materiales de los partidos comunistas sudamericanos.
El objetivo principal de esta investigación es reconstruir y analizar la práctica político-editorial del ssa, especialmente de Sudam. También buscamos identificar cuáles fueron las funciones de los escritos publicados y qué motivos impulsaron al organismo a sostener sus esfuerzos editoriales en la coyuntura represiva de la década de 193015. A modo de hipótesis sostenemos que los mecanismos de producción editorial de la Comintern, basada en redes partidarias, constituyeron una experiencia que retomó el ssa y le permitió tener un margen de independencia y pragmatismo para continuar con el trabajo de edición en la coyuntura represiva. El impulso para adoptar aquellas estrategias estuvo estrictamente ligado a la importancia que tenía la literatura para la formación de los cuadros y militantes comunistas. Así, el catálogo definió lo que se debía leer al interior de los partidos, y sus textos fueron utilizados como insumos principales para los cursos y escuelas partidarias. Por ello, cumplió un papel trascendental en la homogenización teórica del comunismo en el Cono Sur, y las ediciones fueron herramientas puestas al servicio de la bolchevización y estalinización de las secciones sudamericanas.
Dada la inexistencia de investigaciones previas sobre Sudam, fue necesario un trabajo importante de reconstrucción histórica a partir de un cuerpo documental vasto y diverso, aunque también fragmentado debido las condiciones de ilegalidad en las que funcionó la editorial. Utilizamos una metodología cualitativa, que consistió en el análisis de fuentes primarias (los documentos internos y la prensa pública del ssa, correspondencias, los folletos y libros publicados por Sudam y Ediciones Europa-América). A su vez, dicho análisis se trabajó en relación con la bibliografía secundaria referida a la historia del libro y la edición comunista, de la Internacional Comunista y del comunismo en Sudamérica.
Los orígenes de Sudam, una editorial transatlántica (1927-1930)
Las transformaciones en el mundo editorial que impulsó la Internacional con la bolchevización se evidenciaron en América Latina. Loyola afirma que desde 1926-1927 hubo un aumento de las “ediciones bolchevizantes y sovietizantes, en especial en su dimensión más plenamente formativo-propagandísticas [sic]”, a diferencia de la etapa anterior, cuando la actividad editorial se había realizado en función de los intereses, la gestión y de las herencias literarias propias de cada partido comunista. Sin embargo, el autor también asegura que ello no supuso la desaparición de las prácticas previas, sino que hubo una “cohabitación de ambas funciones” que complejizaron el panorama editorial16. Al referirse al Partido Comunista argentino (pca), Adriana Petra afirma que estos cambios se manifestaron en dos procesos: por un lado, en la ampliación de la palabra escrita con la edición de periódicos de fábrica y sindicales; por otro, en la reorganización y centralización de los catálogos17. Desde entonces, afirma Hernán Camarero, la editorial del partido (“La Internacional”), privilegió los textos que “encajaban mejor en la ideología ‘marxista-leninista’ o que reproducían las resoluciones de los organismos partidarios y de la ic”18.
Debido al escaso presupuesto disponible, la falta de miembros y la irregularidad en las comunicaciones con el Secretariado Latino situado en Moscú,19 José Penelón se apoyó en la actividad editorial del pca para fortalecer la labor del ssa. Una de las primeras acciones que emprendió fue construir una red de direcciones de organizaciones sociales, políticas y sindicales de los diferentes países sudamericanos para ampliar la propaganda comunista en donde aún no existían partidos comunistas20. En un lapso de tres meses, en 1925 el secretario había superado las 30 direcciones iniciales, llegando al número de 5221. Allí se enviaban los órganos editados por el ssa (La Correspondencia Sudamericana y Boletín de Informaciones), y reediciones de folletos que había publicado originalmente La Internacional. Estos últimos referían sobre todo al proceso revolucionario ruso, ya que Penelón creía que era una buena forma de acercar las organizaciones al comunismo. Uno de los títulos enviados había sido Actualidad de Rusia de Victorio Codovilla, que tuvo buena recepción22.
El énfasis puesto en el trabajo editorial por parte del organismo y las trasformaciones editoriales que impuso la bolchevización, decantaron en la propuesta de constituir una editorial del ssa que se llamaría “Biblioteca Leninista”. El proyecto, formulado en febrero de 1927, perseguía dos objetivos: fortalecer la capacitación teórica de los partidos y ampliar la labor de propaganda y difusión de las ideas comunistas en la región. En línea con los nuevos formatos editoriales de la Comintern, se proponía editar un folleto mensual de 32 páginas que portara una tapa llamativa con la imagen de Lenin, y del que se imprimiría un mínimo 4000 ejemplares. Los primeros títulos serían obras de Marx, Engels y Lenin, de Stalin (El leninismo teórico y práctico), Bujarin (La cuestión campesina), y documentos de la ic23. La editorial se asentaría en Buenos Aires, para aprovechar la gran producción de obras del partido argentino, así que se estipulaba que el trabajo de edición y publicación sería realizado por el ssa en colaboración con el pca. Por su parte, el Partido Comunista de Chile (pcch) se encargaría de producir los materiales, ya que era el único que contaba con recursos para hacerlo. A cambio, el ssa le enviaría una suma mensual y 1.500 folletos de cada clase “con lo que podrían superar la suma de dinero enviada”. La distribución del material se remitiría desde Buenos Aires en paquetes de 30 ejemplares a todas las direcciones que designara el partido chileno. Pero el acuerdo con este último no estaba definido, por lo que se le exigió que tomara una resolución inmediatamente24. Sin embargo, este proyecto editorial no llegó a concretarse, posiblemente debido a que al poco tiempo iniciaron las disputas faccionales al interior del pca que derivaron en la expulsión de Penelón a comienzos de 1928. Producto de esa disputa, durante varios meses se paralizó la actividad del ssa y junto con ello la publicación de La Correspondencia Sudamericana.
En la reunión de reorganización del organismo de julio de 1928, ya bajo el comando de Codovilla, se notificó que por decisión del Buró de Ediciones de la ic se debía crear una editorial en Buenos Aires para editar tanto las principales obras teóricas y de propaganda del marxismo-leninismo, documentos de la ic y folletos sobre cuestiones políticas cardinales, como obras sobre la urss y literatura revolucionaria. El ssa debía mantener el control político y financiero de la misma, y editar obras en español y portugués25. Asimismo, la nueva editorial debía constituir el espacio de Ediciones Europa-América26, cuya sede estaba en París en la calle 75, Rue de la Roquette. Joaquín Maurín era el director de la editorial27 y Andrés Nin uno de los traductores desde Moscú. Nin fue uno de los pocos adherentes a la Oposición de Izquierda que no resultó deportado de la urss, aunque sí había sido apartado de la actividad política y sindical. Por ello se dedicó a realizar tareas de traducción del ruso al español de obras políticas y literarias hasta que abandonó finalmente la Unión Soviética28. Bouju asegura que, hasta principios de la década de 1930, los trabajos de traducción se habían convertido en una opción laboral para los perseguidos o activistas simpatizantes de las tendencias opositoras, debido a la carencia de cuadros calificados en la Comintern29.
En enero de 1929 el ssa comunicó a Ediciones Europa-América que la editorial se llamaría “Sudam” y estaría situada en Independencia 3054, Buenos Aires. Según se observa en la correspondencia, el acuerdo entre aquella y el sello editorial parisino establecía que la producción de los textos sería realizada por este último, pero con la firma de Sudam, para que fueran distribuidos por el ssa entre los países del Cono Sur. El resto de las cuestiones que tuvieran que acordarse, como el catálogo, los precios, los modos de circulación, fueron negociaciones que se realizaron en función de las necesidades y urgencias de cada uno de los actores involucrados. De allí que se tratara de una relación compleja, muchas veces marcada por tensiones y reclamos.
En marzo de 1929 Codovilla solicitó 500 ejemplares de libros de cada edición, y exigió que rebajaran los precios, ya que de lo contrario se perjudicaba la propaganda del ssa. También estuvo de acuerdo con la propuesta de catálogo que se había ofrecido desde Francia y manifestó que luego se harían sugerencias de títulos para América Latina, consultando previamente con los partidos30. Al mes siguiente el ssa solicitó editar un volumen contra el trotskismo, que contuviera “los documentos más importantes contra las derechas en el pc de la us y de la ic”, con el objetivo de “contraatacar la propaganda trotskista en América Latina (sostenida por las ediciones burguesas, por la prensa burguesa, social-demócrata, anarquista, etc.)”31. En este sentido, rápidamente el ssa buscó posicionar a Sudam como una herramienta para el combate contra el trotskismo a nivel regional. Sin embargo, los primeros títulos introducidos desde Europa no expresaron aquel pedido, ya que durante los años 1928-1929 se publicaron principalmente folletos con documentos de la Internacional. Los primeros siete folletos publicados por Sudam fueron sobre resoluciones adoptadas por la ic32, y luego comenzaron a introducirse obras teóricas (ver catálogo anexo al final del artículo). El objetivo de la editorial estaba pues centrado en difundir principalmente las nuevas políticas adoptadas por la Comintern en el VI Congreso. Así, podemos considerar a Sudam como una pieza clave en el viraje hacia las políticas de clase contra clase en el Cono Sur.
La correspondencia de esos años también demuestra que hubo cierta desestimación por parte de Francia en la producción y distribución de la literatura en América Latina. En junio de 1929 Codovilla recriminaba que el folleto El movimiento revolucionario en los países coloniales y semicoloniales: tesis adoptadas en el VI Congreso estaba mal traducido al español, ya que, en su opinión, agregaba palabras que falseaban el sentido. El mayor problema de ello era que el ssa se había esforzado para que los partidos distinguieran el campesinado del proletariado agrícola, ya que los primeros debían ser organizados en las Ligas Campesinas y los segundos en sindicatos de clase. Por eso Codovilla solicitó que fueran más cuidadosos en las traducciones y ofreció militantes sudamericanos para que adelantaran esta tarea. Si bien se desconocen los nombres, la carta afirma que uno de ellos había traducido del francés el texto Marx y Engels de Riazanov y lo sugirió como próxima publicación. También, debido a la gran aceptación entre la masa obrera del a.b.c. del comunismo editado por el pca en 1922 con 20.000 ejemplares, Codovilla solicitó que se imprimieran 3.000 ejemplares en castellano y 2.000 en portugués, aunque no hemos dado con esos títulos bajo el sello de Sudam. Por último, Codovilla denunció que en las últimas publicaciones recibidas había una mezcla de nombres editoriales como: “Adelante” de Bruselas33 y “El Machete” de México34, por lo que requirió que se envíen materiales con el sello de Sudam35.
Los documentos dejan entrever que el ssa se interesaba por la labor editorial y buscaba hacer de ella un canal real para la bolchevización de las secciones sudamericanas. Las definiciones del VI Congreso fueron refrendadas y adaptadas en Latinoamérica durante la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana de mayo de 1929. Debido a la “demora de la respuesta desde Francia”, el ssa decidió editar localmente un libro para difundir las resoluciones de la reunión con el sello de Sudam (El movimiento revolucionario latinoamericano), y luego notificó a Ediciones Europa-América de aquella decisión. También anunció que estaban organizando una sección especial de Sudam que difundiera literatura a los partidos latinoamericanos, “los cuales no disponen en sus propios países de todas las publicaciones, mientras en cambio, abundan en Argentina”. Sin embargo, probablemente aquella propuesta no se llevó a cabo, ya que no hemos hallado nuevos folletos producidos localmente por Sudam en esos años (ver catálogo). En esa carta, el ssa también exigió que se mantuviera a Buenos Aires como único centro de distribución para facilitar el control de las ventas y de la distribución, ya que en ocasiones Ediciones Europa-América enviaba sus publicaciones directamente a las librerías burguesas, y luego a Sudam36. Además, insistió en que se tradujeran las obras a todas las lenguas nacionales latinoamericanas, no solo al español37, posición que también adoptó el Secretariado Latinoamericano (sla) exigiendo que editaran obras en portugués,38 además de denunciar que el Buró de Ediciones le destinaba poca atención a América Latina39.
El 1 de marzo de 1930 Ediciones Europa-América realizó un balance sobre el trabajo realizado. Afirmó que había logrado que sus materiales circularan por América Latina, España, Francia, Portugal y los Estados Unidos. Pero la existencia de una casa de ediciones españolas en un país con otra lengua creaba dificultades como elevar los costos de producción y envío. Debido a la gran diversidad de monedas se había “determinado un precio en pesos para nuestro cliente más importante SUDAM, y el resto es fijado en pesetas”. Sin embargo, esa decisión no resolvía los problemas económicos, por ello y para mejorar la difusión de Europa-América se trasladó la impresión a España. En la reunión se aceptó que Sudam fuera el único centro distribuidor, a condición de que con el tiempo regulasen y estableciesen ligazones con las librerías. Una de las críticas esbozadas hacia Sudam fue que los envíos eran solo de 500 ejemplares por folleto, lo que daba a suponer que se limitaba “a vender entre los amigos y que no toca las librerías”, y por eso debía aumentar la cifra a 1.000 ejemplares. En el informe se confirmó que Europa-América establecía contacto directo con Perú (se habían enviado 113 ejemplares por folleto), y que la revista Amauta difundía sus títulos40.
El traslado de Europa-América fue anunciado en un comunicado. En Barcelona, el sello editorial se situó en la calle Apartado de Correos 890 , con Ettore Quaglierini como director (quien ya había trabajado en Buenos Aires con el ssa)42 43. Rivera Mir afirma que a partir de entonces se “incrementó fuertemente la cantidad de textos producidos por las imprentas comunistas. Ediciones Europa y América, Ediciones Sociales, Editorial Cenit, entre otras, comenzaron a generar y traducir libros baratos (que se ajustaran a los bolsillos de los obreros) sobre marxismo para el mercado latinoamericano”. Para el autor este impulso coincidió con que los partidos latinoamericanos estaban cada vez más interesados en el trabajo editorial44. Todo ello se expresó en el catálogo de Sudam, que durante los años 1930 y 1931 amplió la cantidad de títulos difundidos, y creó una colección con el fin de guiar la lectura de obreros y militantes. Esta última, creada en 1930, se llamó “Biblioteca Marxista” y contenía obras de Marx, Lenin, Engels, Plejanov, Riazanov y Stalin, que eran traducidos de su idioma original, corregidos por el Instituto Marx-Engels (de Moscú) e iban “acompañados de notas explicativas para facilitar su estudio”45. Así, Sudam amplió sus objetivos editoriales al poner en circulación textos teóricos, y fue elevando su carácter doctrinario en el “marxismo-leninismo”. Como se observa en el catálogo, entre finales de 1929 y 1931 hubo una mayor diversificación en el tipo de obras introducidas por Sudam. Se redujo significativamente la cantidad de títulos con documentos oficiales de la Comintern, se amplió el número de textos teóricos, y se introdujeron ediciones sobre la Unión Soviética (ver catálogo). Aunque desconocemos cuál fue el alcance real de esta literatura en la región, hay indicios de que el ssa enviaba material a prácticamente todo el continente46.
A partir de entonces también comenzaron a editarse traducciones para los países lusófonos. Secco afirma que “los primeros libros producidos en Moscú no eran en portugués […]. Los brasileños dependían de la literatura proveniente de España o de Argentina. Y de artículos en francés”. Sin embargo, también afirma que, aunque eran minoritarias, existían traducciones de obras marxistas elaboradas por miembros del partido que conocían el francés, como Octavio Brandão y Leoncio Basmaum47. Las traducciones para Ediciones Europa-América (y por ende, para Sudam) también fueron realizadas por militantes del partido brasileño. En abril de 1930 “Silva”48, que se encontraba en Moscú estudiando en la Escuela Leninista Internacional, anunció que junto con Maurín estaban traduciendo al portugués “O Leninismo de Stalin”. La presencia de Maurín podría indicarnos que el trabajo de traducción se inició antes o en paralelo al traslado a Barcelona. El comunista brasileño también anotició que se había trabajado en una nueva edición del Manifiesto Comunista en portugués, enriquecida con notas de Riazanov, y que en Brasil se estaba traduciendo el Programa de la i. c.49. Ferreira Lima alentó el proceso de traducciones en Brasil porque sostenía que así se podía elegir la lista de obras que serían publicadas50. Si bien no hemos dado con una copia de tales traducciones, esta información indica una clara búsqueda de que los textos de Sudam no solo fueran leídos por las direcciones (que conocían otros idiomas), sino también por los obreros y las bases partidarias. Esa tendencia ya se expresaba en el propio pc brasileño, puesto que Secco afirma que en el periodo 1930-1935 tuvo un “funcionamiento editorial más regular y una sede legalmente reconocida”. Marengles fue la editorial del partido, que además mantenía relaciones directas con Ediciones Europa-América51. Cabe mencionar que en esos años aumentó la presencia en la región de las ediciones de EDEYÁ, que era la sigla con la que publicaba Ediciones Europa-América.
Sudam en Sudamérica: fortaleciendo la edición doctrinaria local ante una coyuntura represiva, 1930-1932
El traslado a Barcelona coincidió con el golpe de Estado de septiembre de 1930 en Argentina, encabezado por José Félix Uriburu. Por esa razón, el Secretariado trasladó su sede (y junto a ella, los asuntos de Sudam) a Montevideo, a donde pasó a llamarse Buró Sudamericano (bsa)52. López Cantera afirma que a partir de entonces el anticomunismo en Argentina “tomó una forma material concreta: la represión política ejercida por el Estado sobre la clase obrera”. Esto obligó al pca y gran parte del movimiento obrero a pasar a la clandestinidad53, y el periódico del partido argentino, La Internacional, fue clausurado hasta 1932, cuando reapareció bajo el formato de semanario54. Ese año dio inicio la restauración conservadora que inauguró la presidencia de Agustín P. Justo (1932-1938), acompañada por un aumento considerable de la conflictividad social producto de las consecuencias económicas ocasionadas por la crisis de 1929. La respuesta del gobierno fue apoyarse en los sectores conservadores y fortalecer el disciplinamiento social mediante el recrudecimiento de la represión estatal, para lo cual fue recreada la Sección Especial de Represión al Comunismo55. Las consecuencias políticas y económicas originadas por la Gran Depresión se manifestaron en toda la región.
La década de 1930 se inauguró con la llegada al poder de nuevas fuerzas políticas en varios países sudamericanos (no solo en Argentina), siendo muchas de ellas fuerzas militares. En diversos países se instauraron regímenes dictatoriales o represivos, como en Perú con Luis Miguel Sánchez Cerro, y en Brasil con Getulio Vargas. Sin embargo, lejos de equiparar aquellas realidades y establecer generalizaciones56, lo que nos interesa resaltar es que a partir de entonces la actividad editorial del bsa debió afrontar los costos de la represión y las censuras postales, dificultando enormemente la circulación de la literatura comunista a nivel regional. En Chile, durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931), se profundizaron las políticas de control social del gobierno, siendo uno de los mecanismos utilizados para ello la “Brigada de Correos”, un ente creado por la policía para controlar la correspondencia. Incluso tras la caída de Ibáñez, aquellas prácticas policiales se mantuvieron inalteradas, por lo que el partido comunista operó en un periodo de “semilegalidad matizada por acciones represivas extralegales”57. Si ya en la década de 1920 algunos partidos comunistas, como el chileno y brasileño, habían accionado en la clandestinidad, ahora se encontraba afectada directamente la sede del bsa, desde donde operaba Sudam. Todo ello entorpeció las comunicaciones entre los partidos y el organismo58.
Asimismo, hasta 1931 la introducción de títulos desde Europa no sufrió demasiadas modificaciones (ver catálogo). La novedad emergió en el plano local cuando el bsa editó un nuevo folleto titulado ¡Trabajador: ocupa tu puesto!, publicado bajo una nueva firma: “Ediciones del Buró Sudamericano”. El texto fue traducido al portugués ese mismo año, por lo que fue distribuido en Brasil59. El objetivo del folleto era acompañar la “campaña de emulación”, una directiva que había emanado del organismo para darle un nuevo impulso a la proletarización de los partidos comunistas. El texto debía ser distribuido en los lugares de trabajo para sumar más adherentes, por lo que en su última página presentaba una “ficha de adhesión” que decía “recorte este cupón y entréguelo a la organización del p. c. del lugar donde vive o trabaja”60. También en noviembre de ese año Revista Comunista difundió como próxima publicación de la misma editorial el folleto La sublevación de la marinería chilena y sus enseñanzas. Si bien son desconocidos los motivos por los que el bsa optó por publicar con otro sello (y no bajo Sudam como lo había hecho en 1929), presumimos que tuvo que ver con dos cuestiones: sortear los embates de la censura y darle al folleto el carácter de documento político de lectura y distribución prioritaria en los partidos.
La producción editorial local del bsa se fortaleció al año siguiente, cuando las conexiones con Barcelona se restringieron debido a la censura, así como se detuvo el ingreso de literatura de Sudam, razón por la cual para 1932 no hallamos folletos publicados por esa editorial (ver catálogo). Evidentemente esto impulsó al organismo sudamericano a fortalecer sus estrategias para producir y difundir literatura comunista en la región. Como afirma Rivera Mir, los contextos de represión y otras coyunturas particulares, como el estallido de la Guerra del Chaco en 1932, obligaron a las editoriales locales a buscar estrategias para sobreponerse a la persecución61. La estrategia que adoptó el bsa no solo fue producir localmente, sino también probablemente publicar bajo diversos sellos editoriales. En ese año apareció “Editorial Sud Americana” (esa), situada en Montevideo, con las siguientes publicaciones: Problemas de organización. Cuaderno 1, que condensaba una serie de artículos escritos por autores rusos (principalmente Piatniski) en torno a la bolchevización de los partidos; y La bancarrota del Anarcosindicalismo…, cuya autoría era del comunista argentino Orestes Ghioldi, con el seudónimo Edmundo Ghitor. Según su prólogo, el texto presentaba un estudio sobre “la teoría de la práctica del anarco sindicalismo” que había tenido un gran desarrollo en el movimiento obrero tanto español como latinoamericano, y alentaba la lectura a los “obreros y militantes del campo obrero cualquiera sea su ideología”62. En octubre de 1932, Revista Comunista difundió más títulos de esa editorial: Lo que será el Segundo Plan Quinquenal (de Molotov), ¿Qué debemos hacer? y Organizad la lucha contra la guerra. Por su parte, Ediciones del Buró Sudamericano publicó tres folletos nuevos: El movimiento soviético en China y las tareas del partido comunista chino (de Hon-Sin), La lucha por el leninismo y La situación revolucionaria del Perú, los dos últimos contenían lineamientos políticos del Buró para los partidos comunistas. A pesar de la censura, el bsa lograba distribuir sus producciones. Una evidencia de ello es el memorándum de prensa del gobierno argentino de 1932, que notificaba que Montevideo era el “centro comunista” de América del Sur. La información provenía de la Dirección General de Correos y Telégrafos, que había informado que desde allí ingresaba la “propaganda comunista introducida en nuestro país”, y por ello el Diario Inglés había censurado al Uruguay63.
Así, varias cuestiones obligaron al bsa a aumentar su producción editorial en el continente (gráfico 1), por un lado, la desconexión total con Barcelona que impidió el ingreso a Latinoamérica de la literatura de Sudam, por otro lado, ante las dificultades en las comunicaciones con los partidos sudamericanos, el bsa encontró en la producción editorial un medio de difusión de sus políticas. El catálogo es una muestra de ello, ya que de los diez títulos editados entre 1931 y 1932 solo uno (de Orestes Ghioldi) tuvo un perfil más teórico, mientras que el resto fueron textos destinados a la difusión de los lineamientos y análisis políticos del bsa, o bien, hacían referencia al movimiento comunista internacional con el objetivo de propagar las políticas oficiales de la Comintern y de la urss (ver catálogo). De otra parte, dadas las dinámicas del espacio editorial latinoamericano que, afirma Rivera Mir, desde el inicio de la década de 1930 comenzó “lentamente a complejizarse, a profesionalizarse y a autonomizarse de los centros tradicionalmente hegemónicos, como España y Francia”, los partidos comunistas habían inaugurado sus propias editoriales, y sus militantes o simpatizantes impulsaron sus propias “empresas privadas”64.

Fuente: elaborado por la autora con base en la documentación primaria.
Gráfico 1. Lugares de edición de las publicaciones ligadas al Secretariado Sudamericano con la contablilización de Sudam, Editorial Sud Americana y Ediciones del Buró Sudamericano
Otra estrategia editorial que adelantó el bsa en el contexto represivo fue exigir ciertas publicaciones a los pcs sudamericanos. En 1932 encontramos algunos folletos publicados por las editoriales de los partidos que, como refieren a directivas del organismo, probablemente fueran textos elaborados por órdenes del bsa para que se difundieran localmente. Estos fueron: Cómo trabajar en las fábricas (Consilatam), y Organizad la lucha contra la guerra (La Internacional)65. Un tiempo después, en enero de 1933, el bsa confirmó en una carta que, debido a la represión, se hacía cada vez más complicado realizar el trabajo de edición de forma centralizada, por lo que se estaba haciendo “en cada país con cierta ayuda material” del bsa66.
En este sentido, nos preguntamos por qué, en un contexto de máxima represión, el Buró Sudamericano sostuvo esfuerzos para mantener la circulación regional de la literatura comunista. A nuestro entender, esto se relacionaba con que las secciones sudamericanas estaban atravesando un momento de grandes transformaciones, en gran medida impulsadas por el bsa. Se había purgado a sus dirigentes históricos; se estaba transformando su composición social y la de sus direcciones con la proletarización; y el bsa estaba dando una disputa ideológica por el “marxismo-leninismo” con el fin de garantizar la “homogenización” de la línea política. De modo que los esfuerzos por mantener la circulación de la literatura tenían que ver, fundamentalmente, con profundizar el adoctrinamiento ideológico y político de los partidos comunistas sudamericanos. Por ello se utilizó a la edición como una herramienta al servicio de la difusión de la línea política, y también estaba destinada a la formación de cuadros y militantes. En paralelo a la actividad editorial, el bsa había creado la Escuela “continental” de cuadros, que para entonces funcionaba en Montevideo, y enviaba emisarios a impartir cursos en las secciones nacionales. Incluso desde comienzos de 1932 el bsa promovió que los partidos crearan estructuras educativas nacionales para profundizar la adopción de la línea en las bases militantes, por lo que la producción de literatura se volvió aún más fundamental. En sus directivas el bsa determinó que los partidos debían establecer un control sobre la lectura, por medio de conversaciones y discusiones sobre el material en las células67.
Los títulos y el formato de las ediciones del bsa dan cuenta de lo anterior, puesto que las obras producidas de manera independiente a los órganos dirigentes cominternianos mantuvieron el espíritu de ofrecer un catálogo restringido en término de autores (con fuerte presencia de escritores rusos como Stalin, Piatnistki), difundir los lineamientos oficiales (tanto de la ic como del bsa), y publicar (aunque en menor medida) textos teóricos destinados a la formación de cuadros con un fuerte componente disciplinante. Wolikow afirma que la estalinización de la edición se expresó en el empobrecimiento de las temáticas abordadas, centradas principalmente en “la actividad política, la organización del partido y la construcción del socialismo en la urss”; así como en la organización de las ediciones en torno al marxismo-leninismo de acuerdo a “un linaje por etapas que va desde Marx a Stalin pasando por Lenin”, por lo que hubo un ascenso paulatino de la publicación de textos de Stalin68.
Así, las ediciones producidas localmente mantuvieron los objetivos políticos de Sudam, pero buscaron generar mayor diálogo con la realidad sudamericana al referirse a asuntos de la coyuntura sudamericana, incorporar autores locales, y difundir las directivas del bsa. También predominó el formato editorial de folletos cortos (entre 30 y 50 páginas) y de bajo costo, susceptibles de ser adquiridos por los obreros y leídos en las células. Bouju afirma que el catálogo del Buró de Ediciones del pc francés “respondió directamente a uno de imperativos de la bolchevización: la formación ideológica de todos los militantes”. Por ello, los folletos fueron el centro de su actividad editorial, ya que contenían en general extractos (no obras completas) y eran elaborados con una utilidad o función precisa y acotada69.
Al reparar en la práctica político-editorial del bsa, observamos que los modos de organización y producción de las ediciones presentaban similitudes con los de la Comintern, e incluso ya se habían expresado en el proyecto de 1927. En todos los casos, la producción de literatura se realizaba a partir de la colaboración transfronteriza de los partidos y del establecimiento de redes. Como afirma Rivera Mir, ello permitió “que empresas débiles localmente se fortalecieran gracias a sus nexos externos”. Para su concreción, fue importante el internacionalismo del comunismo al colaborar en relativizar las barreras nacionales; pero también, sostiene el autor, estas prácticas favorecieron el establecimiento de un marco común de referencia entre el comunismo de la región70. Así, la práctica editorial BSA pudo haber fortalecido esa tendencia.
Francia-España-Sudamérica: la labor editorial en el Cono Sur para la formación ideológica de los partidos y sus cuadros
En enero de 1933 se restablecieron los contactos con Moscú. En una carta dirigida al Secretariado Latinoamericano, el bsa expresó que a pesar de sus esfuerzos no había logrado sortear las dificultades existentes para la circulación de la literatura debido a que la represión y persecución dificultaba “enormemente nuestras ligazones con los países”, y por ello reclamó la falta de envío de presupuesto y materiales. El bsa enfatizó que mediante la actividad editorial buscaba colaborar con el proceso de formación de las secciones sudamericanas, que no estaban “en condiciones de hacerlo sin ayuda”. Como se confiscaba toda la literatura de España, el organismo debía “editar las cosas más imprescindibles, sin las cuales no pueden realizarse las escuelas de formación de los cuadros”71. También anunció que, producto de la censura, había recibido con demora las decisiones del xii Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de agosto-septiembre de 1932, pero indicó que se estaban dando tareas para la adopción de las mismas por los partidos, lo que colaboraría en la formación de cuadros. El bsa había editado un folleto con las resoluciones del cónclave con una “introducción latinoamericana”, y anunció que “todas nuestras ediciones actuales tendrán una introducción que ligará el tema con las cuestiones planteadas por el xii Pleno” y que las escuelas internas de los partidos “así como la continental, serán realizadas así bajo el signo del xii Pleno”. Además el bsa solicitaría que cada partido editara su propio folleto con las resoluciones del ceic72.
Tanto la editorial Europa-América como el sla estaban interesados en reestablecer la circulación de la literatura comunista en el Cono Sur. Para la primera resultaba inadmisible que Sudamérica no dispusiera de literatura para distribuir entre obreros y campesinos, y de material de educación y preparación ideológica para la formación de cuadros: “Es justamente en las circunstancias de la ilegalidad cuando el problema de la penetración cultural en las masas adquiere la mayor importancia y cuando la organización activa de su educación debe ser perfeccionada y profundizada”. Por ello, el Buró de Ediciones de Barcelona buscó restablecer vínculos con los partidos y había editado un texto específico para la región: Los partidos comunistas de América del Sur y del Caribe y el movimiento revolucionario; además, estaba en preparación Rivalidad entre los Estados Unidos a Inglaterra y los conflictos armados en América del Sur73. Ambos fueron publicados por edeyá y no por Sudam.
Sin embargo, el restablecimiento de las comunicaciones no resultaba suficiente para la formación político-ideológica de los cuadros. También era necesario imprimir literatura especial para los países sudamericanos, que España no estaba en condiciones de proporcionar debido a la convulsionada situación política en la que se encontraba. Por ese motivo el sla planteó crear un centro de impresiones de la Comintern en Sudamérica. Esta propuesta fue trazada en una carta de febrero de 1933, en la que se deja entrever que había sido planteada inicialmente por el propio bsa. Puntualmente, se planeó establecer un centro encargado de organizar la impresión por medio de empresas simpatizantes. Así, se podía “tener dos o tres centros de impresión, (pero no imprentas)”, favoreciendo la distribución y el abaratamiento de los costos de envío a los países vecinos. Por su parte, el sla y el equipo español se encargarían de la preparación y del envío de las matrices para reimprimir la literatura editada en España, así como de las impresiones especiales para América del Sur, y enviarían ayuda económica74.
La respuesta del bsa comenzó con un balance sobre su situación editorial, donde afirmó que la penetración de la literatura extranjera no había avanzado demasiado, y la “Editorial de Montevideo” (probablemente Editorial Sud Americana) no estaba dando los resultados deseados. Las trabas puestas para el envío de la literatura hacia los demás países se habían acrecentado, “existiendo una vigilancia especial permanente sobre los envíos de esa Editorial”. Por esta razón, habían editado algunos folletos en Buenos Aires, obteniendo mejores resultados en la difusión. Argentina era el “mercado más grande” porque existían más facilitadores para colocar la literatura y porque había mayor “interés por ella”. En Chile se habían editado el ii Plan Quinquenal, Las decisiones del xii Pleno del ceic y una parte de los Fundamentos del Leninismo. Allí se colocaba la literatura que llegaba de España libremente y había gran interés por ella, pero era demasiado costosa, a diferencia de las publicaciones nacionales. El principal problema para el envío de la literatura era remitirla a los países del Pacífico, puesto que en Perú prácticamente no penetraba la literatura del bsa, aunque poseían stock de viejas publicaciones; mientras que Ecuador recibía literatura, pero en pequeñas cantidades. Todo ello indicaba que, para el bsa, la distribución de la literatura era insuficiente e irregular75.
Por las razones antes expuestas, el bsa aceptaba la propuesta de crear un centro de impresiones, cuya producción se llevaría a cabo en Argentina y en Chile. En ambos países, algunas editoriales se habían ofrecido a producir la literatura a bajo costo y se comprometían a editar el material que el bsa les solicitara, a cambio de vender un mínimo de 1.000 ejemplares por folleto. También se estableció un criterio de selección del tipo material, ya que de ese modo solo serían producidas las obras de divulgación en masa del “marxismo-leninismo”. Las obras clásicas y “fundamentales marxistas-leninistas” debían imprimirse en España y organizar su distribución a través de una editorial nacional y de las librerías burguesas. Por ello, el bsa solicitó tener más incidencia sobre lo que editaba Ediciones Europa-América, y pidió que se incorporasen las fechas de producción y una “introducción adecuada”, especialmente para las obras clásicas de Marx, Engels y Lenin. Por último, la literatura “oficial” (las decisiones internacionales, circulares, publicaciones sobre países), debía ser editada en el continente y en cada país, ya que era lo más problemático debido a la censura postal y lo que más se demoraba en producir la editorial española. La literatura en portugués debía imprimirse en Brasil76 . De este modo, la propuesta del sla enlazó perfectamente con los mecanismos que ya venía desarrollando el bsa de producir colectivamente, con la novedad de que las redes ahora incluían editoriales no partidarias.
A partir de esta resolución y tras más un año reaparecieron las publicaciones de Sudam, en paralelo a las ediciones de Editorial Sud Americana (ver catálogo y gráfico 2). A nuestro entender, esto confirmaría la puesta en marcha del nuevo proyecto editorial, puesto que por primera vez Sudam publicó un autor sudamericano, Rodolfo Ghioldi. Ambos títulos Qué significa el Pacto Roca y ¿Hacia dónde va el Partido Socialista?, fueron impresos en Buenos Aires. El último fue reeditado en 1934 con un tiraje de 30.000 ejemplares, según lo anunciado por un miembro del partido77. Si bien desconocemos la cantidad de ejemplares de los folletos de Sudam introducidos desde Europa (con autores extranjeros en su totalidad), por las cifras recuperadas en este artículo fueron aproximadamente entre 500 y 1.000 ejemplares. A riesgo de ser forzada la comparación, consideramos relevante mencionar estos datos porque podrían darnos indicios de ciertas preferencias de lectura de los comunistas sudamericanos78. Esta podría ser una de las razones por las que el bsa priorizó autores y temas referidos a la realidad sudamericana en la producción editorial local, ya que dos de los tres títulos publicados por Sudam en 1933 fueron escritos por Ghioldi sobre temas referidos a la situación argentina principalmente. Esto último, sin embargo, no deprecia el objetivo de distribución regional de los títulos, ya que era una práctica común del bsa (y de la Comintern) darle difusión a las acciones o análisis “correctos” de los partidos sobre sus coyunturas nacionales, pues se consideraban como un mecanismo de “educación” para las demás secciones.
Las ediciones de Sudam del año siguiente también expresaron aquella tendencia. En 1934 Editorial Sud Americana dejó de editar títulos, mientras que Sudam (gráfico 2) publicó El congreso negro contra la reacción y la guerra y El capital financiero cubierto con el manto del Papa (de Bujarin). Si bien mencionaban autores rusos, ambos textos habían sido editados por el bsa para denunciar y posicionarse contra el Congreso Eucarístico Internacional que se celebró en octubre de ese año en Buenos Aires79.

Fuente: Elaborado por la autora con base en el catálogo construido.
Gráfico 2. Cantidad de publicaciones por sello editorial editadas en Sudamérica entre 1929 y 1935
Asimismo, lejos estamos de afirmar que la literatura extranjera y especialmente soviética no hubiera sido escogida y leída en el Cono Sur. De hecho, en 1934 Sudam publicó ¿Qué pasa en Austria? (de Manuilsky), y en las contratapas de Soviet se difundían largos listados con la literatura comunista que podían adquirir los militantes y obreros sudamericanos, donde eran mayoritarios los autores soviéticos y los títulos referidos a la urss. Además, para entonces y aunque en pequeñas cantidades, se enviaban folletos desde Barcelona de manera directa (es decir, sin la mediación del bsa) a los partidos de la región80.
En noviembre de 1934 se celebró una reunión en Moscú, ya con el viraje hacia las políticas del Frente Popular en marcha, donde participaron Mikhail Evseevitch Krebs (por el Buró de Ediciones de la ic), “Durand” (Ettore Quaglierini, por Ediciones Europa-América), “Sinani” (por el sla), “Morriens” y “Veint”81, y delegados de Brasil, Argentina, Perú, Uruguay y Chile (cuyos nombres desconocemos), así que no hubo representación del bsa. La reunión se propuso reestructurar los mecanismos de producción y circulación de la literatura comunista. Krebs planteó que los partidos debían comprender que la producción de libros “bien entendida” refería a la “cuestión ideológica del partido”, no a “la cuestión de la edición”. Por ello representaba una tarea de primer orden generar un espacio de producción editorial comunista en Sudamérica. Esta propuesta se encontraba aún más condicionada porque el ingreso de la bibliografía desde España o París se hacía cada vez más complejo.
La propuesta surgió de los delegados argentinos (“Morriens”) cuando plantearon que, si bien su partido se encontraba en la clandestinidad, en la ciudad de Rosario gozaban de cierta legalidad (al igual que su prensa), por lo que allí se podía establecer el centro de ediciones. En esa ciudad también existían grandes imprentas y el partido tenía consejeros municipales. Además, un simpatizante que tenía buena ligazón con los miembros del partido, junto a algunos militantes, había propuesto formar una casa de ediciones. El grupo asumiría los costos materiales, pero sería dirigida por el partido. Según el representante argentino, esto beneficiaría a la difusión de los materiales, ya que no se sospecharía que eran organizados por el pca82. La nueva casa solo editaría los “clásicos: Stalin, leninismo”, siendo uno de los primeros títulos que podría lanzarse La situación actual en Alemania (-de Piatnisky-, ya editado por Sudam en 1933), mientras que los materiales partidarios deberían editarse en Buenos Aires de manera ilegal. También se planteó estrechar vínculos con otras editoriales porteñas mediante la venta de manuscritos, como la editorial “Samora” (que publicaba la revista Clarté)83 y la revista Actualidad.84 Esta última podía publicar noticias para la “popularización de la Unión Soviética”, mientras que la primera podía editar literatura comunista dado que ya había publicado el “abc del comunismo” con una buena traducción. Además, “Samora” disponía de un aparato de distribución importante que incluía países del Cono Sur. A modo de síntesis, el proyecto planteaba que la producción editorial se sostendría sobre tres herramientas: en los documentos partidarios y sus prensas, que se producirían y distribuirían de manera ilegal; en la casa editorial que se asentaría en Rosario, que produciría “los clásicos”; y en la venta de manuscritos a otras editoriales como “Clarté” o Actualidad85. También se anunció que “casas de ediciones burguesas” podrían colaborar con la distribución y venta de la literatura comunista. Tanto Uruguay como Chile manifestaron que aquella colaboración era posible en sus países. Los estrechamientos de ligazones con editoriales no comunistas podrían representar los primeros pasos en el viraje hacia el Frente Popular en el plano editorial. Asimismo, esa propuesta correspondía con el contexto editorial latinoamericano en el que, ante el incremento de literatura marxista desde comienzos de la década de 1930, se habían comenzado a generar “dinámicas de apropiación, de oferta y demanda, capaces de impulsar una industria editorial un poco más amplia”86.
Uruguay se posicionó a favor de la casa editorial en Rosario porque el material era “más fácil de hacerlo llegar y es también más barato”. Por su parte, Krebs anunció que colaborarían para crear “instructores” y traductores mediante el envío de emisarios destinados a esa tarea87, ya que el objetivo era lograr que en Sudamérica se cubrieran todas las actividades, sin necesidad de establecer conexiones con Europa.
Así, a fines de 1934 se definió crear una nueva casa editorial de la Comintern en Rosario. Si bien la propuesta no difería demasiado de los modos de producción, propósitos y alcances de Sudam, en la reunión no se realizó ninguna mención sobre ella, por lo que podríamos sostener que el cierre definitivo de Sudam se selló en aquella reunión y para entonces ninguna editorial dependía del bsa. Esta situación se relacionaba con la crisis del propio organismo, que se encontraba en proceso de disolución. Si bien en 1935 aparecieron dos folletos bajo el sello de Sudam, por sus títulos es evidente que fueron editados en España: Los soviets en España (la lucha por el poder, por la República obrero y campesina en España); y Del vi al vii Congreso de la Internacional Comunista. Probablemente aquella desconexión tuvo que ver con el traslado de la sede de Ediciones Europa-América nuevamente a París, debido a la persecución que sufría el pc español88.
Conclusiones
Mediante la reconstrucción y el análisis de la práctica editorial del bsa, esta investigación aportó a los estudios del mundo editorial comunista de la primera mitad de la década de 1930, un periodo relativamente poco estudiado en comparación con los años siguientes. Si bien esto se condice con el propio desarrollo editorial de los partidos comunistas, entendemos que el contexto represivo del periodo dificultó no solo el sostenimiento de las firmas, sino también el resguardo del material.
Lejos de identificar a Sudam (y al quehacer editorial del bsa en general) como una gran empresa editorial constatamos que, por el contrario, su nivel de producción y difusión encontró limitaciones materiales y políticas. El bsa no logró ser el único centro distribuidor de la literatura comunista en la región, ya que los vínculos entre los partidos y Ediciones Europa-América se sostuvieron en todo el periodo. Asimismo, creemos que su principal aporte fue poner en práctica un proyecto editorial que, por sus intereses trasnacionales, fue posible solo a partir del establecimiento de acuerdos y redes entre los partidos y sus militantes. Para la producción y la difusión, el bsa se apoyó en los recursos materiales y las prácticas editoriales preexistentes de los partidos. Así, podemos afirmar que la bolchevización promovió la organización de un proyecto editorial con objetivos y proyección regional, que colaboró en la articulación del comunismo en el Cono Sur. Ese esquema de relaciones le permitió al bsa sostener una producción independiente ante la desconexión con Europa, y fue desde donde surgieron las propuestas editoriales con cobertura regional posteriores, como lo demuestra el proyecto definido en la reunión de 1934.
También el derrotero de Sudam demuestra ciertas limitaciones que encontró la Comintern para sostener un proyecto editorial centralizado. Entendemos que en la delegación de esas tareas al territorio sudamericano influyó, además del contexto represivo, la acción político-editorial del bsa, que tuvo un papel activo en el desarrollo de Sudam desde los inicios y mantuvo el carácter doctrinario de la literatura producida localmente. Al reparar en las funciones políticas de las publicaciones concluimos que los títulos introducidos tuvieron un fuerte contenido de adoctrinamiento ideológico y político. Mediante los mismos se difundieron determinados autores, entre los que tomó mayor presencia Stalin, se propagaron los lineamientos oficiales de la Comintern y del bsa, se difundió la ideología “marxista-leninista”, y los materiales divulgados fueron utilizados como sustento teórico para los cursos y las escuelas de cuadros. Así, el quehacer editorial del bsa colaboró en la bolchevización y estalinización a los partidos sudamericanos.
Sin embargo, al haberse analizado a Sudam como parte del proyecto político del bsa, y debido a que existen pocos antecedentes sobre el tema, son muchas las líneas de indagación que quedan por explorar. En este sentido, sería interesante analizar la recepción de las obras en los distintos partidos sudamericanos y espacios nacionales, atender a cómo y por quiénes fueron leídos sus textos, e incluso preguntarse sobre el devenir de los títulos en las décadas posteriores. También resta estudiar la inserción de Sudam en el espacio editorial latinoamericano, incluyendo sus vínculos con editores y librerías, entre otros.