Introducción
En la última década, las plataformas digitales fueron ganando un paulatino protagonismo en el mundo del trabajo (ILO 2021), fenómeno que adquirió aún más visibilidad a partir de la pandemia por Covid-19. Si bien la tecnología digital ya había permeado la vida cotidiana a través del uso masivo de los teléfonos celulares y la multiplicación de aplicaciones, la pandemia generó un contexto propicio para el crecimiento de actividades que podían incorporarla. Debido a las restricciones relativas a la circulación, el reparto a domicilio fue considerado como un trabajo esencial. La limitación del transporte público acrecentó el uso de las aplicaciones de traslado de pasajeros. El teletrabajo se generalizó, acelerando el desarrollo de ciertos servicios que, gracias a la tecnología digital, podían venderse y comprarse a distancia, incluso más allá de las fronteras nacionales. Paralelamente, aunque de manera menos evidente, las plataformas digitales que proveen servicios a los hogares fueron ganando terreno, en especial las que ofrecen servicios de limpieza y cuidados.
Contrariamente a las plataformas digitales de reparto o transporte que parecen reproducir el mismo modelo de negocio y la misma lógica de organización del trabajo en todas las regiones del mundo, las que proveen trabajo doméstico y de cuidados intervienen de maneras distintas, aun en el mismo país. Hay algunas que, utilizando tecnologías digitales, adaptan o replican formas de intermediación preexistentes, y otras que introducen nuevos modos de inserción en el sector. Entre las primeras se encuentran, siguiendo la tipología propuesta por Fudge y Hobden (2018), las agencias privadas de empleo y las cooperativas de trabajo, y entre las segundas, las plataformas que ofrecen servicios bajo demanda.
Las agencias de empleo digitalizadas pueden incluir entre sus servicios: la selección y el reclutamiento de una trabajadora a fin de que sea contratada por el hogar (Digital Future Society 2021); la provisión de servicios de limpieza o cuidado por parte de trabajadoras1 contratadas por una agencia de empleo temporal (Blanchard 2023); y la gestión administrativa y contable de la relación laboral (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). Por su parte, las plataformas que ofrecen servicios a los hogares “bajo demanda” (servicios puntuales o de corta duración) introducen nuevas maneras de inserción laboral que se asemejan a las que habilitan las plataformas digitales “bajo demanda” en otros sectores de actividad (Rodríguez-Modroño, Angenjo-Calderón y López-Igual 2022). Por esta razón, este tipo de intermediación ha sido caracterizado como “uberización” del trabajo doméstico y de cuidados (Trojansky 2020).
Recientemente, algunas cooperativas de trabajo han comenzado a utilizar las tecnologías digitales para organizar y facilitar el acceso a puestos de trabajo (Kasparian et al. 2023). Este proceso de plataformización cooperativa resulta de la implicación de los sindicatos de trabajadoras del hogar, frecuentemente en colaboración con ONG.
La creciente presencia de los intermediarios digitales en este sector ha abierto varios interrogantes. Entre ellos se destaca la necesidad de conocer la manera en la que las plataformas digitales, en sus distintas versiones, transforman el modo en el que se organiza y realiza el trabajo doméstico remunerado. Resulta relevante analizar los efectos de la trazabilidad digital en este tipo de inserción laboral, teniendo en cuenta que puede funcionar como un mecanismo de disciplinamiento o como un mecanismo de protección frente a la violencia y el acoso laboral tan comunes en el sector. Asimismo, interesa explorar hasta qué punto la intermediación digital modifica las negociaciones cotidianas entre las trabajadoras y sus empleadores, especialmente las relativas a la delimitación de las tareas, la extensión de la jornada laboral y la intensidad del trabajo. Otro interrogante tiene que ver con la posibilidad de que estos intermediarios digitales puedan proveer herramientas técnicas y organizacionales para mejorar las condiciones de trabajo en el sector. ¿En qué medida la intermediación digital acentúa o multiplica la precariedad de las relaciones laborales? ¿Las plataformas digitales contribuyen a la formalización del trabajo del hogar o, por el contrario, facilitan la persistencia de la informalidad? Es preciso indagar también si se trata de cambios marginales relativos a una coyuntura específica o si estamos en presencia de una tendencia capaz de reconfigurar el sector a largo plazo. Los artículos reunidos en este número buscan responder a estas preguntas, proporcionando un análisis minucioso de la intervención de diferentes plataformas digitales en América Latina, particularmente en Argentina, Brasil, Colombia y México, donde la intermediación digital empieza a ser significativa2. Las investigaciones que han inventariado a las plataformas de trabajo doméstico en la región muestran que existe una gran variedad de intermediarios digitales y un gran dinamismo. Mientras algunas plataformas aparecen y desaparecen rápidamente, otras se instalan y ganan mercados, e incluso intervienen en distintos países de la región (Blanchard 2023; Pereyra, Poblete y Tizziani 2023; Micha, en este dosier).
Al mismo tiempo, las investigaciones incluidas en este número contribuyen al desarrollo de un campo de estudios todavía poco explorado en América Latina (Andrade Matias y Araujo 2020; Cebollada Gay 2021; Santiago Páramo y Piñeyro Nelson 2021; Ferreira Vale y Nciolini Rebechi 2021; Tizziani y Poblete 2022; Pereyra et al. 2022; Pereyra, Poblete y Tizziani 2023; Blanchard 2023; Moreira Cardoso y Tavares Pereira 2023; Andrada et al. 2023; Poblete, Tizziani y Pereyra 2024). Aunque en los últimos cuatro años se ha observado un creciente interés en este tipo de plataformas3, la mayor parte de la literatura se concentra en los países del norte (Ticona 2015 y 2022; Ticona y Mateescu 2018), especialmente en Europa (Van Doorn 2017; Gruszka et al. 2022; Sedacca 2022; Koutsimpogiorgos, Frenken y Herrmann 2023; Pulignano et al. 2023). No obstante, algunos países del sur, donde este fenómeno resulta relevante, también han producido investigaciones; tal es el caso de Sudáfrica (Hunt y Machingura 2016; Hunt y Samman 2020; Nhleko 2023; Sibiya y Du Toit 2022), India (Tandon y Rathi 2021; Dattani 2021; Muralidhara Hiriyur 2022) y otros países asiáticos (Garcia et al. 2020; Ghosh 2021).
Frente a este conjunto de investigaciones cabe preguntarse si es posible diferenciar la manera en que las plataformas digitales de trabajo doméstico intervienen en América Latina del modo en que se desarrollan en los países del norte y en otros países del sur. Ello implica indagar si los rasgos comunes que se observan en todas las regiones geográficas permiten pensar la intermediación digital en el trabajo del hogar como un fenómeno global. Es decir, si estamos en presencia de un proceso de isomorfismo institucional (DiMaggio y Powell 1983) o si, por el contrario, hay una especificidad latinoamericana relacionada con la manera en que históricamente se ejerció esa ocupación en la región. Otro punto importante para tener en cuenta es el proceso de reconocimiento y ampliación de derechos de las trabajadoras domésticas desde la adopción del Convenio 189 de la OIT en 2011, especialmente a partir de su ratificación en catorce países de la región (Poblete, en prensa). Cabe preguntarse si las numerosas reformas de los marcos normativos condicionan, habilitan o dan forma a la intervención de las plataformas digitales de trabajo doméstico. También resulta pertinente explorar si la presencia de la informalidad en este sector -particularmente aguda en Latinoamérica- resulta una oportunidad para la irrupción y el crecimiento de intermediarios digitales. Dentro de este incipiente campo de estudios, el dosier abre un espacio de discusión, proponiendo pistas de análisis para entender la intermediación digital en el trabajo doméstico remunerado en América Latina. Las investigaciones reunidas en este número dan cuenta simultáneamente de características globales y regionales, y de especificidades locales ligadas al modo en el que se estructura el sector en cada uno de los países estudiados.
A fin de presentar los hallazgos principales de estos estudios, intentaremos responder a tres preguntas que de una u otra manera atraviesan todos los trabajos. ¿Cómo abordar el estudio de las plataformas digitales de trabajo remunerado del hogar? ¿Cómo pensar la plataformización del trabajo doméstico remunerado en América Latina? ¿Hasta qué punto la intervención de las plataformas digitales en este sector contribuye a disminuir o exacerbar las condiciones de trabajo precarias y las desigualdades sociales que han caracterizado históricamente a esta ocupación?
¿Cómo abordar el estudio de las plataformas digitales de trabajo doméstico?
Una pregunta a la que se enfrentan las y los investigadores reunidos en este dosier es a través de qué metodología abordar las plataformas digitales de trabajo doméstico. Al tratarse de un fenómeno poco investigado todavía en la región, estos estudios son principalmente exploratorios y buscan primero identificar y caracterizar las plataformas digitales, para luego comprender cómo funcionan y qué efectos producen en el sector.
Tres dificultades mayores se presentan en relación con el diseño metodológico de las investigaciones. La primera tiene que ver con la inexistencia de datos estadísticos de quienes trabajan a través de ellas; la segunda, con el limitado acceso a datos relativos a las plataformas digitales; y la tercera, con las limitaciones para realizar entrevistas o encuestas4 a trabajadoras, empleadores y dueños o personal directivo de las plataformas. El hecho de que las estadísticas públicas no hayan incorporado al relevamiento la categoría trabajadores de plataformas digitales hace imposible estimar su peso relativo en distintos sectores de actividad y caracterizar a quienes las utilizan para insertarse en el mercado de trabajo. Por consiguiente, la mayoría de las investigaciones se inclinan por utilizar metodologías cualitativas. No obstante, las técnicas de recolección de datos clásicas (observación participante, entrevistas en profundidad o semidirigidas) también presentan inconvenientes, particularmente en lo que respecta a la constitución de la muestra. En el caso de las plataformas digitales, quienes podrían proveer información sobre su funcionamiento, uso y efectos pertenecen a grupos denominados difícilmente alcanzables (Spreen 1992). Por un lado, las y los dueños y directivos de las plataformas digitales, al igual que otras élites del mundo de los negocios, son al mismo tiempo visibles e inalcanzables (Thomas 1995). Por otro, tanto las trabajadoras domésticas como sus empleadores forman parte de las denominadas poblaciones ocultas (Elgabry y Camilleri 2021).
Esta última dificultad no es nueva en el campo de estudios sobre el trabajo remunerado del hogar que ha tenido un gran desarrollo en América Latina en los últimos diez años5. Las trabajadoras domésticas son una “población oculta”, debido a que el lugar de trabajo es el domicilio del empleador y las tareas se desempeñan de manera solitaria en la casi totalidad de los hogares. En consecuencia, la mayoría de las investigaciones utiliza tres técnicas principales en el reclutamiento de trabajadoras para la realización de entrevistas. La primera es conocida como bola de nieve y consiste en que a un grupo de trabajadoras se les pide el contacto de otras trabajadoras o que las inviten directamente a participar en la investigación (Ellard-Gray et al. 2015). Esta técnica también ha sido utilizada para entrevistar empleadores (Pereyra 2013). La segunda es la publicación de avisos en grupos de Facebook, Instagram u otras redes sociales. Generalmente, se ofrece un incentivo económico para participar en la investigación. La tercera consiste en recurrir a los espacios institucionales donde se agrupan las trabajadoras, principalmente los sindicatos, organizaciones de trabajadoras domésticas u ONG que realizan tareas dirigidas a este sector (Pérez 2021; Rojas Scheffer 2021; Casanova 2022). En la técnica bola de nieve, el sesgo se produce en la delimitación del grupo inicial de entrevistadas. La muestra resulta generalmente muy homogénea, ya sea porque las entrevistadas viven en los mismos barrios o porque pertenecen a la misma familia. A los avisos en redes sociales suele responder el mismo perfil de trabajadoras, esto es, aquellas interesadas en contar su historia, por lo que se produce una cierta homogeneización en la muestra (Elgabry y Camilleri 2021). Finalmente, en el tercer caso, se incluye casi exclusivamente un perfil de trabajadoras políticamente implicadas en la defensa de sus derechos. Si bien todas estas técnicas producen sesgos en la construcción de la muestra, representan los principales mecanismos a través de los cuales se puede acceder a testimonios de trabajadoras del hogar, y por esa razón han sido utilizadas casi de manera sistemática por las y los investigadores especializados en este sector.
Ahora bien, en los estudios sobre los intermediarios digitales del trabajo remunerado del hogar, las barreras se multiplican dada la dificultad para acceder tanto a dueños o personal directivo de plataformas como a trabajadoras y empleadores. Excepcionalmente, las plataformas digitales proveen los contactos de quienes utilizan estos dispositivos, facilitando la posibilidad de realizar entrevistas o incluso encuestas (Blanchard 2023; Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). Es por ello que, como ocurre en otros campos de estudios focalizados en poblaciones “inalcanzables”, la mayoría de las investigaciones se basa en fuentes secundarias (Thomas 1995). Las páginas web de las plataformas o las aplicaciones resultan una fuente ineludible de datos. En algunos países, la legislación establece que cualquier organización comercial prestadora de servicios debe hacer público el modo en el que se organiza y los servicios que provee, principalmente en la sección “Términos y condiciones”. En estos casos, los sitios web contienen la mayoría de la información necesaria para caracterizar a las plataformas digitales. En países donde ese tipo de reglamentación no existe, las plataformas publican solo la información que resulta indispensable para lograr una mayor clientela o para reclutar trabajadoras. Entonces, la creación de perfiles (tanto los de trabajadoras como los de empleadores) se presenta como una estrategia necesaria para conocer los servicios que ofrece y las condiciones que establece la plataforma para su utilización, aun si esto supone una discusión sobre los principios deontológicos que guían una investigación.
Otra fuente secundaria bastante utilizada en este campo de estudios es la prensa, principalmente la especializada en negocios. Muchas veces los testimonios de los dueños o gerentes de las plataformas se encuentran en diarios, revistas o incluso videos accesibles en internet. Si bien en este tipo de documentos se presentan testimonios muy curados, cuyo objetivo es vender el modelo de negocio o destacar los beneficios de una plataforma particular respecto de su competencia, siguen proveyendo información importante. Finalmente, otra fuente de testimonios de trabajadoras y empleadores son los fórums digitales o bases de opiniones de acceso abierto en internet.
En el caso de las investigaciones incluidas en este dosier, encontramos un abanico de técnicas. La mayoría de los estudios utiliza fuentes secundarias como los sitios web y la exploración de las aplicaciones de las plataformas digitales. A través de estas fuentes, Fernanda Teixeira estudia las plataformas Zolvers y Aliada en México; Laura Clemencia Mantilla-León y Óscar Javier Maldonado Castañeda, así como Jeanny Lucero Posso Quiceno, Suelen Emilia Castiblanco Moreno y Javier Armando Pineda Duque, analizan varias plataformas colombianas; Ania Tizziani, Lorena Poblete y Francisca Pereyra estudian el funcionamiento de Zolvers en Argentina; Ariela Micha explora los sitios web de 54 empresas, a fin de proponer una tipología de plataformas digitales que operan en la región; y Roberto Fragale Filho y Marina dos Santos Lima indagan cuatro plataformas digitales brasileñas (GetNinja, Parafuzo, Helpty y Grafty).
Los estudios sobre México, Colombia y Argentina emplean como técnicas de recolección de datos la entrevista en profundidad y la entrevista grupal -generalmente con trabajadoras, aunque también con empleadores- (ver Teixeira, Mantilla y Maldonado; Tizziani, Poblete y Pereyra, en este dosier). Las estrategias de reclutamiento son muchas veces similares a las utilizadas para realizar entrevistas en los estudios sobre el trabajo doméstico en su versión tradicional. Entre ellas se destaca la publicación de avisos en redes sociales de trabajadoras del sector (Facebook, Instagram y Twitter) y, a partir de los contactos inicialmente obtenidos, se utiliza la metodología bola de nieve. El ofrecimiento de una compensación económica por participar en la investigación, en los casos en que fue posible, también probó ser una herramienta de utilidad. En México en particular, se recurrió también a la identificación de trabajadoras en algunas plataformas que las alberga, que fueron posteriormente contactadas a través de Facebook (Teixeira, en este dosier). La provisión de contactos por parte de las y los dueños de las plataformas o del personal gerencial también fue un recurso al que se logró acceder en el caso de los artículos sobre Colombia y Argentina (véanse en este dosier Mantilla y Maldonado; Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque; Tizziani, Poblete y Pereyra). La posibilidad de persuadir a socias y socios fundadores de la importancia de este tipo de estudios resultó de particular relevancia en el caso argentino, puesto que permitió obtener un listado extenso de trabajadoras (cerca de 1.000 casos) a partir del cual se realizó una selección al azar de una muestra de 300 casos para la encuesta (Tizziani, Poblete y Pereyra, en este dosier). Igualmente, resultó importante esta clase de contactos para desarrollar un estudio exploratorio-comparativo sobre siete plataformas en distintos países de América Latina (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, El Salvador, México y Uruguay) a cargo de Olivia Blanchard.
La disponibilidad de las plataformas digitales para proveer información sobre las trabajadoras y los hogares que las utilizan depende de varios factores. Entre ellos se destacan la política de datos personales en cada país, la voluntad de contribuir al estudio del fenómeno poniendo el caso de sus plataformas como ejemplo y el interés de colaborar con investigaciones globales promovidas por organismos internacionales u ONG (Banco Interamericano de Desarrollo [BID], Organización Internacional del Trabajo [OIT], Agencia Francesa de Desarrollo, Fairwork, etcétera). Al igual que los otros mecanismos de construcción de la muestra presentados, este último no está exento de sesgos. Por un lado, las plataformas pueden proveer datos de las personas que consideran que hacen un uso ejemplar del dispositivo, tanto trabajadoras como empleadores. En este caso, la muestra estaría compuesta por un grupo homogéneo o con percepciones homogéneas sobre la plataforma digital. Por otro lado, las personas pueden manifestar desconfianza o rechazo al ser entrevistadas por suponer que la información va a volver de alguna manera a la plataforma. En este sentido, si bien resulta la entrada al campo más directa, demanda un trabajo de deconstrucción de esa desconfianza para poder realizar las entrevistas o los grupos focales de modo que los y las entrevistadas se sientan con la libertad de expresar sus opiniones.
En síntesis, la dificultad de acceso a los datos, particularmente en el momento inicial del desarrollo de este campo de estudios, demanda sin lugar a duda la combinación de fuentes de información y la colaboración entre investigadores de la región a fin de avanzar en un mapeo informado de las plataformas digitales de trabajo del hogar que operan en América Latina, con el objeto de comprender los efectos que producen a nivel nacional y regional.
¿Cómo pensar la plataformización del trabajo doméstico remunerado en América Latina?
A diferencia de lo que ocurre con las plataformas de reparto o de traslado de pasajeros que se estructuran siguiendo el mismo modelo (un modelo impuesto por las grandes corporaciones que invierten en ellas) (Rosenblat 2018), dentro de las plataformas digitales que se presentan como intermediarios entre las trabajadoras domésticas y los hogares existe una gran variedad. Un interrogante que persiste en el estadio inicial de este campo de estudio en la región es el relativo a la definición de criterios de clasificación de las plataformas digitales que permitan un mapeo de cómo intervienen y qué efectos producen.
Se identifican seis criterios de clasificación que hacen posibles categorizaciones macro de las plataformas digitales o categorizaciones más detalladas de su funcionamiento, así como también permiten la exploración de distintas preguntas de investigación (por ejemplo, aquellas focalizadas en los modos de contratación o en el proceso de trabajo) (gráfico 1). Si bien cada uno de estos criterios genera un mapa particular de plataformas digitales de trabajo remunerado del hogar, existen asociaciones claras y estables entre algunos de ellos.

Fuente: elaboración propia a partir de un mapeo de plataformas en América Latina, realizado en el marco de una investigación para la OIT de Argentina (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023).
Gráfico 1. Criterios de clasificación de las plataformas digitales de trabajo doméstico en América Latina
El criterio de clasificación más amplio es el modelo de organización, a partir del cual puede hacerse una primera diferenciación entre las plataformas digitales comerciales y aquellas sin fines de lucro (sindicales o cooperativas). La mayor parte de la literatura se focaliza en las primeras (incluyendo la totalidad de artículos en este número), siendo las segundas todavía poco exploradas6. Dentro del conjunto de plataformas comerciales pueden diferenciarse, en función de quienes pagan por sus servicios: los empleadores, las trabajadoras y ambos.
El segundo criterio de clasificación se refiere al tipo de servicios que prestan. Pueden identificarse tres servicios principales: 1) tercerización (puesta a disposición de trabajadoras contratadas por la plataforma); 2) servicios de selección de personal y vinculación; y 3) servicios de gestión de personal. Algunas plataformas prestan un solo tipo de servicios y otras los combinan (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). Zolvers-Argentina ofrece un servicio que integra selección de personal con gestión denominado Zolvers-Pago (Tizziani, Poblete y Pereyra, en este dosier). Homely en México, por ejemplo, contrata solo al 15 % de trabajadoras que se desempeñan a través de la plataforma de manera directa (Micha, en este dosier). Hogarú contrata a trabajadoras de forma directa al utilizar un “contrato de obra” (Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque en este dosier); asimismo, provee un servicio de gestión para quienes reclutan de manera tradicional, denominado Apporta (Blanchard, en este dosier).
El tercer criterio de clasificación, relacionado con el anterior, son las modalidades contractuales. La literatura sobre plataformas digitales de trabajo en los sectores de reparto y transporte de pasajeros pone el foco en una pregunta que resulta clave para definir las protecciones legales de los trabajadores: ¿quién es el empleador? Esto es, el denominado problema de definición del estatuto laboral que resulta aplicable (misclassification) (Cherry 2016; De Stefano 2016; Pralss 2018). En el caso de las plataformas digitales de trabajo doméstico, por un lado, encontramos aquellas que proponen modalidades de contratación incluidas en algún marco normativo existente (derecho laboral, civil o comercial), por lo que resulta posible establecer una relación de trabajo o prestación de servicios legal; y, por otro, las que proponen servicios por fuera de los marcos normativos y por consiguiente habilitan inserciones informales en el mercado de trabajo. Dentro de las primeras, existen dos tipos: 1) cuando la relación de trabajo o prestación de servicios involucra a las plataformas, y 2) cuando la relación laboral involucra al hogar que contrata los servicios.
En el caso en que la relación se establece entre la trabajadora doméstica y la plataforma digital, las plataformas pueden contratar trabajadoras en calidad de asalariadas, emulando el modelo de las empresas de limpieza comercial, o exigirles que se registren como prestadoras independientes de servicios, evitando así asumir las responsabilidades legales de una organización empleadora. Las primeras son bastante comunes en Colombia y las segundas, en Brasil (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023; Micha, en este dosier). Tal como subrayan Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque (en este dosier) para el caso colombiano, la contratación directa de las plataformas puede hacerse a través de un “contrato de trabajo” o un “contrato de obra” (este segundo no garantiza la seguridad del empleo). Por su parte, la legislación de Brasil habilita el registro de las trabajadoras del hogar no cubiertas por el marco normativo del sector (esto es, las diaristas que trabajan menos de tres días a la semana para el mismo empleador) como microempresarias o trabajadoras independientes (Poblete, en prensa; Fragale Filho y Dos Santos Lima, dosier). Por esta razón, las plataformas digitales pueden situarse en esa zona gris de legalidad.
Cuando se presupone que la relación laboral se establece entre la trabajadora y el hogar que recibe los servicios, algunas plataformas prestan servicios que facilitan la formalización de la relación laboral, mientras que otras se desentienden de las condiciones de contratación, lo que propicia indirectamente contrataciones informales. Las plataformas que intermedian la relación con los hogares son las más comunes en América Latina, debido a que, en términos generales, la regulación del sector se estructura en función de la contratación directa del hogar empleador (Poblete, en prensa). Igualmente, una misma plataforma puede proponer distintas modalidades de contratación. Por ejemplo, Zolvers-Argentina brinda un servicio de gestión que promueve la formalización de la relación laboral, un servicio de selección de personal que se desentiende de la formalidad de la relación laboral y un servicio “por única vez” que está completamente fuera de todo marco normativo (Tizziani, Poblete y Pereyra, en este dosier).
El cuarto criterio de clasificación es el tipo de contratación: regular y esporádico. Algunas plataformas proponen contrataciones regulares; esto es, relaciones laborales a mediano o largo plazo en las modalidades sin retiro, tiempo completo, tiempo parcial o por horas, con una regularidad mensual o semanal. Dentro de este grupo hay plataformas que abarcan todas las modalidades y otras que se especializan en una en particular. Cuando esto ocurre, se trata generalmente de plataformas digitales que ofrecen servicios por horas. Otras plataformas funcionan como intermediarios en contrataciones esporádicas, ya sea por horas, sin ninguna regularidad o con frecuencias que quedan por fuera de los marcos legales; o las denominadas “por única vez” que solo implican una prestación puntual sin continuidad. Entre estas últimas se encuentran aquellas que emulan el modelo Uber. Aunque sea posible clasificar a las plataformas digitales a partir del tipo de contratación, la mayoría propone tanto contrataciones regulares como esporádicas (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). Sin embargo, son las contrataciones esporádicas las que parecen tener mayor dinamismo (Blanchard 2023).
El quinto criterio de clasificación son las tareas realizadas, el cual se encuentra muy ligado al anterior porque ciertas tareas implican (al menos por cuestiones idiosincráticas) un tipo específico de contrataciones. Si bien en América Latina el trabajo doméstico remunerado tradicionalmente incluyó tareas de limpieza y cuidado sin diferenciarlas, la irrupción de las plataformas digitales de trabajo ha comenzado a marcar una delimitación. Hay plataformas que se especializan en servicios de limpieza, que consisten en intervenciones puntuales y esporádicas. Según Micha (en este dosier), estas representan el 45 % de las plataformas en la región. Acá los servicios pueden ser prestados por la misma trabajadora o por trabajadoras rotativas. Hay otras plataformas que proponen exclusivamente servicios de cuidado, destinados a niños, a adultos mayores dependientes o a ambos (11 %)7 (Micha, en este dosier). Asimismo, el 44 % de las plataformas relevadas en la región por Micha (en este dosier) ofrecen tanto servicios de cuidado como de limpieza. Debido a la importancia de generar un lazo de confianza entre la cuidadora y la persona cuidada, este tipo de tareas se asocia con contrataciones regulares, aun si se trata de la modalidad “por horas”.
Finalmente, el último criterio de clasificación propuesto es el modo de prestación de servicios. Aunque la mayoría de las plataformas digitales de trabajo del hogar se estructura en torno a la provisión de servicios de una trabajadora a un hogar, existen plataformas que proponen servicios prestados por grupos de trabajadoras. Generalmente estas plataformas ofrecen exclusivamente servicios de limpieza. Aquí encontramos las plataformas especializadas en tercerización y las sindicales o cooperativas. Mientras que las primeras ponen el acento en los intereses de quienes reciben los servicios, las segundas se focalizan en la protección de quienes los prestan. Las primeras presentan a las cuadrillas de trabajo como un dispositivo que hace el servicio más profesional y eficaz. Las segundas utilizan el trabajo en grupos como un mecanismo para proteger a las trabajadoras del hogar de actitudes abusivas de parte de los empleadores8.
El uso de estos distintos criterios de clasificación, si bien no permite construir una tipología unificada que contemple a todas las plataformas digitales del sector, resulta útil a la hora de analizarlas, ya que visibiliza distintas dimensiones analíticas; por ejemplo, la lógica del negocio, la organización del trabajo, el tipo de relación entre quien presta el servicio y quien lo recibe, las condiciones laborales, las condiciones contractuales, entre otras.
¿Disminución o intensificación de la precarización de las condiciones laborales?
A diferencia de otro tipo de inserciones laborales femeninas, el trabajo doméstico remunerado se estructura con base en distintos criterios de categorización social. Tal como se discutiera en el dosier publicado hace ya diez años en el número 45 de la Revista de Estudios Sociales, la desigualdad social es la condición de posibilidad de esta actividad. El trabajo doméstico remunerado se configura en tensión con distintos tipos de desigualdad social. En sus orígenes se encuentra la desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo y la división sexual del trabajo doméstico en el interior del hogar. El aumento de la participación femenina en el mercado laboral no se acompañó con una distribución más equitativa de las responsabilidades del hogar, sino que propició la contratación de otras mujeres para realizar las actividades de limpieza y cuidado. Asimismo, el reemplazo de una mujer por otra se sustenta en asimetrías sociales (Poblete y Tizziani 2013). Las trabajadoras domésticas generalmente provienen de los sectores de menores ingresos, y su lugar social se encuentra atravesado por procesos de racialización y etnización. Es por ello que enfrentan distintas formas de discriminación: en función de su origen social, étnico o racial; de su lugar de procedencia (zonas rurales, un país extranjero); o en relación con ciertos atributos físicos, como la edad, la vestimenta, la forma de hablar o el idioma, entre otros. La literatura sobre el sector ha mostrado cómo la superposición de todas estas formas de asimetría social configura una posición de inferioridad de poder que dificulta el reclamo por el reconocimiento de sus derechos (Gorbán y Tizziani 2018; Fernández Ossandón 2021).
En consecuencia, las trabajadoras del hogar se emplean generalmente en condiciones muy precarias. Entre las dimensiones de dicha precariedad se destacan: 1) informalidad de la relación laboral; 2) ausencia de jornadas estándares de trabajo; 3) delimitación del tiempo de trabajo; 4) elasticidad/opacidad en la definición de las tareas; 5) dificultad para hacer respetar el salario mínimo legal y las condiciones de pago9. A estas dimensiones de la precariedad, las plataformas digitales agregan otra: la opacidad y los efectos performativos de los sistemas de reputación (gráfico 2).

Fuente: elaboración propia a partir de un análisis de la literatura especializada.
Gráfico 2. Dimensiones de la precariedad laboral en el trabajo del hogar
Condición de formalidad de la relación laboral
La mayoría de las trabajadoras domésticas se desempeña de manera informal, aunque la incidencia de la informalidad no es la misma en todos los países de la región. Se distinguen claramente tres grupos de países: 1) con altos niveles de formalización, donde cerca dela mitad de las trabajadoras tiene una relación formal de trabajo; 2) con altos niveles de informalidad, donde entre el 70 % y el 85 % de las trabajadoras se desempeña de manera informal; y 3) aquellos donde la informalidad es predominante y más del 85 % trabaja de manera informal (Poblete 2024). En el primer grupo se encuentran los países donde las reformas de los marcos normativos comenzaron antes de la ratificación del C189 (Brasil, Chile y Uruguay), por consiguiente, los esfuerzos por formalizar el sector han permitido que cerca de la mitad de las trabajadoras se encuentre registrada. En el segundo grupo, están los países que realizaron reformas legislativas a partir de la ratificación del C189 y que han venido desarrollando dispositivos de formalización específicos para el sector (Ecuador, Argentina, Panamá, Perú, Colombia y Costa Rica). Finalmente, en el tercer grupo, más numeroso, hay un conjunto heterogéneo de países (El Salvador, México, Paraguay, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Guatemala y Bolivia), de los cuales solo algunos ratificaron el C189 y realizaron reformas al marco normativo. Por ello, los efectos de las políticas de formalización no son todavía perceptibles (Poblete, en prensa). En este escenario variopinto, las plataformas digitales de trabajo intervienen de maneras distintas, según centren su modelo de negocios en el núcleo formalizado del sector o, por el contrario, apuesten a desarrollarse en el ámbito informal.
Los casos analizados en este dosier presentan un amplio espectro de situaciones en relación con el impacto de las plataformas sobre la condición de formalidad de las trabajadoras. En primer lugar, se destacan las que se sitúan y desarrollan su modelo de negocio a partir de la multiplicación de puestos informales en el sector. Este es el caso de las plataformas brasileñas que explotan los espacios de exclusión del marco normativo (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier). La ley que regula al sector en este país establece que quienes trabajen menos de tres días a la semana para un mismo empleador quedan excluidas del marco legal (Fragale Filho, en prensa; Poblete, en prensa). Si bien quienes trabajan bajo esta modalidad -comúnmente denominadas diaristas- pueden registrarse como microemprendedoras a fin de acceder a algunos beneficios de la seguridad social (Fraga Barbosa y Monticelli Almeida 2021), en su mayoría se desempeñan de manera informal. Asimismo, en el caso de México, las plataformas digitales estudiadas por Teixeira (en este dosier) se limitan a poner en contacto a clientes con trabajadoras, dejando libradas las condiciones de contratación a los arreglos que definan las partes, en los que predominan las relaciones informales. En segundo lugar, hay plataformas que se desarrollan tanto en el ámbito formal como informal del sector. Es el caso de Argentina, donde la plataforma bajo estudio, a través de su servicio de gestión administrativa y contable, facilita la formalización de las contrataciones, aunque también explota los espacios de informalidad del sector (Tizziani, Poblete y Pereyra, en este dosier). Finalmente, el caso de Colombia tiene la particularidad de que las plataformas digitales tienden a contratar directamente a las trabajadoras como asalariadas, bajo contratos formales con acceso a los beneficios de la seguridad social (Mantilla y Maldonado, en este dosier). Como subrayan Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque (en este dosier), considerando que la mayoría de las trabajadoras del hogar en Colombia se desempeña sin un contrato formal, la estabilidad que brinda este tipo de plataformas implica una mejora significativa de las condiciones laborales.
Ausencia de jornadas estándares de trabajo
El trabajo remunerado del hogar se caracterizó históricamente por la ausencia de jornadas estándares de trabajo. Algunos países presentan jornadas extendidas y otros, jornadas inferiores a la estándar. Según datos de la OIT, en 2010, las trabajadoras domésticas en Colombia, Perú, Paraguay y El Salvador tenían jornadas muy superiores a la estándar. En Colombia, Perú y Paraguay trabajaban en promedio entre 43 y 46 horas semanales; y en El Salvador, 53 (OIT 2012, 64). Mientras que otros países -Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, México y Panamá- presentaban registros por debajo de la jornada estándar. En estos, las trabajadoras domésticas trabajaban entre 32 y 37 horas semanales en promedio en todos los casos, excepto en Argentina, donde el promedio de horas semanales trabajadas era de 24 (OIT 2012, 64). En el caso de las plataformas digitales analizadas en este dosier, la mayoría se focaliza en contrataciones de pocas horas semanales. La fragmentación de la jornada laboral en múltiples puestos de pocas horas permite suponer jornadas laborales semanales menores a la jornada estándar, debido a la necesidad de contar el tiempo de transporte entre los domicilios (Mantilla y Maldonado, en este dosier), así como los tiempos muertos como parte de la jornada laboral. Sin embargo, en ese caso se trata de momentos no remunerados (Teixeira, en este dosier; Pulignano et al. 2023).
Lo que resulta evidente es que las plataformas, particularmente las que utilizan el modelo “bajo demanda”, proponen un modelo de trabajo intensivo. Por ejemplo, Aliada en México impone la realización de dos o tres servicios por día, de tres o cuatro horas cada uno, a los que se suma el tiempo de traslado. De esta manera, se genera una gran intensidad del trabajo en jornadas mucho más largas que las estándares (Teixeira, en este dosier). Entonces, en cuanto a la extensión de las jornadas y la intensificación del trabajo, la intervención de las plataformas digitales no parece contribuir a la disminución de la precariedad, sino todo lo contrario.
Delimitación del tiempo de trabajo
La delimitación del tiempo de trabajo en este sector resulta siempre de una negociación entre las partes, en la que la asimetría de poder entre empleadores y trabajadoras hace que los límites sean determinados por los primeros (Blackett 2019). La necesidad de poner bordes a la jornada laboral aparece principalmente como un problema respecto de las contrataciones sin retiro; es por ello que la mayoría de las regulaciones sobre el sector en América Latina se preocupan por marcarlos en esta modalidad de contratación (Poblete, en prensa).
En el caso del trabajo por horas, modalidad más común entre los casos analizados en este dosier, las plataformas digitales parecen dar visibilidad a los límites del tiempo de trabajo porque las contrataciones se hacen por un periodo de tiempo especificado. Las horas de trabajo pueden ser definidas por quienes solicitan el servicio, por las plataformas que establecen bloques horarios estándares para realizar distintos tipos de tareas (por ejemplo, para limpieza común, limpieza profunda o pesada, mudanza, etc.), o por un algoritmo que determina el tiempo necesario para realizar las tareas solicitadas considerando los rasgos deldomicilio (información suministrada por los clientes). El primer modelo es el adoptado por Zolvers-Argentina, donde los empleadores establecen libremente el número de horas de trabajo que solicitan; el segundo modelo rige las plataformas colombianas -que establecen servicios de cuatro o de ocho horas según el tipo de tarea- y en Zolvers-México; y el tercer modelo es implementado por Parafuzo en Brasil.
Aunque las plataformas digitales establecen el tiempo como medida de trabajo -que incluso puede estar regulado por dispositivos digitales (Teixeira; Mantilla y Maldonado, en este dosier)-, los empleadores consideran que el trabajo se mide por las tareas realizadas. Esto significa que la trabajadora no puede dejar el domicilio del cliente hasta no haber terminado su labor, lo que implica una mayor intensidad en la ejecución de las tareas, sobre todo en las contrataciones por pocas horas. En ese sentido, no hay cambios respecto de los modos tradicionales de ejercer la actividad, en los que los empleadores también condicionan el tiempo de trabajo a la realización de las tareas.
Elasticidad/opacidad en la definición de las tareas
La definición de las tareas en el trabajo doméstico en su versión tradicional se presenta de manera vaga a través de la expresión “las tareas de la casa”; esto es, todo lo que sea necesario según el tipo de domicilio, la conformación del hogar, las costumbres de la familia y las expectativas de los empleadores. Por consiguiente, el tipo de tareas y el modo en el que se realizan van siendo negociadas en el día a día y a lo largo de la relación laboral. Según Teixeira (en este dosier), en el trabajo del hogar realizado de manera tradicional, la multiplicación de las tareas -que se presenta como una sobrecarga laboral- se debe a que los empleadores subestiman el tiempo que demanda cada tarea; además, consideran que la trabajadora tiene que responder a cada una de sus demandas de forma inmediata. En el caso de las plataformas de trabajo, la delimitación de las tareas parecería ser mucho menos flexible y opaca, dado que siempre existe algún descriptivo de lo que la trabajadora debe hacer. En algunos casos, esta descripción es más imprecisa y en otros, más minuciosa. Por ejemplo, en Zolvers-México, según las trabajadoras, hay personas que especifican bien las tareas solicitadas, pero luego demandan limpieza en profundidad adicionando nuevas tareas (Teixeira, en este dosier). En el caso de las plataformas colombianas estudiadas por Mantilla y Maldonado (en este dosier), los clientes describen no solo las tareas, sino el modo en el que quieren que se realicen. Por ejemplo, como comentaba una trabajadora, pueden especificar “que no me gusta que se me metan al cuarto cuando yo esté” (Mantilla y Maldonado, en este dosier). A veces las trabajadoras pueden rechazar tareas que no fueron pactadas. Algunas plataformas, como Helpty en Brasil, establecen listas de labores que no están autorizadas a realizar o que pueden no realizar por considerarse peligrosas, como por ejemplo la limpieza de caniles (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier). También Hogarú especifica qué tareas se pueden rechazar, legitimando la decisión de las trabajadoras de no realizarlas (Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque, en este dosier).
Ahora bien, los casos estudiados en este dosier muestran que, a pesar de que ciertas plataformas intentan hacer más transparente el contrato entre la trabajadora y el hogar empleador/cliente, la lógica tradicional que organiza al sector prevalece. Incluso, se adiciona la presión que ejerce el miedo a que una evaluación negativa de los empleadores las expulse de la plataforma.
Dificultad de hacer respetar el salario mínimo legal y las condiciones de su pago
La baja valoración social del trabajo doméstico remunerado como un trabajo sujeto a derechos existe desde sus orígenes. Gran parte del esfuerzo por regular este sector de actividad se concentra en el acceso a un nivel de salario equivalente al de profesiones semejantes; esto es, incorporar a las trabajadoras domésticas al régimen de salario mínimo (Poblete, en prensa). En la mayoría de los países latinoamericanos, en el momento de reformar los marcos normativos para introducir las provisiones del Convenio 189, gran parte de las discusiones se centraron sobre este punto (Poblete 2018 y 2020). No obstante, más allá de lo que establezcan las regulaciones, la implementación del salario mínimo legal depende de la capacidad de negociación de las trabajadoras (Tizziani y Poblete 2022). En ese sentido, pareciera que algunas plataformas intentan evitar esas negociaciones.
Entre las plataformas digitales se observan distintas estrategias para establecer el valor de la hora de trabajo. En algunos casos corresponde al salario mínimo legal; en otros, lo establece la plataforma, y en otros, lo acuerdan las partes, lo que significa que la mayoría de las veces lo determina el empleador arbitrariamente. Zolvers en Argentina impone el respeto del salario mínimo legal horario (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). En Brasil, las plataformas Helpty y Craftly definen los valores del servicio, así como también lo hace Parafuzo, aunque esta última utiliza un algoritmo que pone en consideración las tareas y el tiempo de desplazamiento. Por el contrario, GetNinja deja que las partes establezcan directamente el precio (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier).
Según los países, el valor horario que proponen los trabajos mediados por plataformas digitales puede estar por debajo o por encima de lo que se ofrece en el mercado. En el caso de México, los valores que proponen las plataformas resultan atractivos para las trabajadoras porque son superiores a los del mercado (Teixeira, en este dosier). Contrariamente, en Zolvers-Argentina, aun si la plataforma establece que el valor horario debe ajustarse al salario mínimo legal, resulta siempre inferior al del mercado (Tizziani y Poblete 2022; Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). En el caso de las trabajadoras de Hogarú en Colombia, sus remuneraciones corresponden al salario mínimo legal, al que se suman incentivos económicos por jornadas partidas, tiempo adicional de traslado o costo de transporte (Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque, en este dosier).
Una de las innovaciones que las plataformas digitales introducen en el sector es el pago a través de medios electrónicos, ya sean transferencias bancarias o billeteras virtuales. En el caso de Zolvers-Argentina, la misma plataforma ayuda a las trabajadoras a gestionar cuentas bancarias para poder recibir sus remuneraciones (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). La intermediación de las plataformas en los pagos tiene ventajas y desventajas para las trabajadoras. Una de las ventajas es no tener que lidiar con el clásico “no tengo efectivo, te pago a la próxima”, tan común en el sector (Tizziani y Poblete 2022). Entre las desventajas se encuentra el pago diferido o la incertidumbre respecto al monto total, ya que hay plataformas que descuentan un porcentaje variable a las trabajadoras que depende del número de horas trabajadas (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier). Sin embargo, no todas las plataformas intermedian el pago, como por ejemplo en Zolvers-México, donde las trabajadoras enfrentan los mismos problemas que en los puestos por hora por fuera de las plataformas, dado que el pago se hace en efectivo al finalizar la jornada (Teixeira, en este dosier).
Los casos estudiados en este dosier muestran una variedad de situaciones, en las que la intervención de plataformas digitales puede operar en sentidos contrarios: incentivando el alza o la baja de las remuneraciones, así como generando mayores o menores niveles de certidumbre respecto al momento de pago.
Opacidad y efectos performativos de los sistemas de reputación
Los sistemas de reputación digital son una de las herramientas que introdujeron las plataformas digitales de trabajo10, a fin de controlar y disciplinar a los trabajadores en todos los sectores de actividad donde se implantaron (Vallas y Schor 2020; Fetterolf 2022). Los mecanismos de disciplinamiento característicos de la producción industrial actualmente se traducen en algoritmos que tienen efectos performativos equivalentes.
Al analizar los sistemas de reputación con las fuentes disponibles, las y los autores reunidos en este dosier coinciden en subrayar que la principal característica es la opacidad de su funcionamiento. Si bien en algunos sitios web o aplicaciones de las plataformas digitales hay una descripción minuciosa del sistema de puntuación o clasificación, para las trabajadoras no siempre resulta claro cuáles son las consecuencias exactas que tienen las clasificaciones. Por consiguiente, su efecto performativo resulta aún mayor. Las trabajadoras se sienten obligadas a responder a las demandas de las y los empleadores y a aceptar las condiciones de trabajo propuestas por miedo a recibir una evaluación desfavorable que pueda impedirles continuar trabajando. La plataforma GetNinja en Brasil, por ejemplo, excluye a las trabajadoras con malas evaluaciones (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier). En el caso de Zolvers en Argentina, las trabajadoras son bloqueadas durante un tiempo, lo que significa que no pueden ver ofertas laborales, aunque sí pueden seguir manteniendo los puestos de trabajo donde ya se desempeñaban (Pereyra, Poblete y Tizziani 2023). En algunas plataformas como Parafuzo en Brasil, aunque las malas calificaciones implican cancelaciones, las buenas evaluaciones permiten a las trabajadoras salir del periodo de prueba establecido por la plataforma (Fragale Filho y Dos Santos Lima, en este dosier). Posso Quiceno, Castiblanco Moreno y Pineda Duque (en este dosier) muestran que los sistemas de reputación también pueden ser utilizados como estímulos. Hogarú, por ejemplo, otorga jornadas libres cuando la trabajadora ha acumulado puntos por la valoración positiva de su desempeño.
Algo que la literatura sobre plataformas digitales en general subraya como un déficit es el hecho de que los sistemas de reputación sean unidireccionales, siendo los clientes quienes evalúan a las y los trabajadores (Vallas y Schor 2020). La literatura sobre plataformas de trabajo del hogar también destaca esta característica que lleva a las trabajadoras a sentir constantemente la presión de la evaluación o a percibirla como una amenaza (Ticona y Mateescu 2018; Van Doorn 2017; Ticona 2020). Si bien la mayoría de las plataformas estudiadas en este dosier establecen sistemas de reputación unidireccionales, hay algunas que permiten evaluaciones en ambas direcciones.
De las cuatro plataformas estudiadas por Fragale Filho y Dos Santos Lima (en este dosier), tres tienen sistemas de evaluación de dos vías (Parafuzo, Helpty y Crafty). Si bien el objetivo es permitir “una toma de decisión informada”, Parafuzo puede llegar a suspender el perfil del empleador. Las plataformas colombianas estudiadas por Mantilla y Maldonado (en este dosier) también cuentan con un sistema de reputación de doble vía. Sin embargo, las calificaciones tienen más impacto en las trabajadoras que en los empleadores. Buenas calificaciones permiten que las trabajadoras puedan continuar con el mismo cliente por largos periodos de tiempo. Según las trabajadoras, esto les evita tener “todos los días una cara distinta, una persona distinta, una amable, un medio amable, una grosera, y así”. Tal como plantean estas autoras, igualmente, el sistema tiene “efectos de disciplinamiento, control y homogeneización sobre las trabajadoras”. Además, persiste la asimetría respecto de la información, porque aquella a la que acceden los clientes es más detallada, lo que puede dar lugar a formas de discriminación basadas en el aspecto físico, el origen étnico, la edad, etc., similares a las ya experimentadas por las trabajadoras del sector que se insertan en trabajos no mediados por plataformas.
Estos sistemas de reputación tienen sin lugar a duda efectos performativos significativos. Aun cuando las trabajadoras no estén seguras respecto de cuáles son las consecuencias reales de tener malas calificaciones, sienten la presión cotidiana de la evaluación por parte de los empleadores y el minucioso monitoreo de la plataforma.
Al considerar todas estas dimensiones de la precariedad laboral, los estudios reunidos en este dosier iluminan ciertas mejoras en algunas de las condiciones de trabajo, pero coinciden en que la intervención de las plataformas digitales en el sector del trabajo del hogar tiende a mantener, e incluso a reforzar, la precariedad histórica del sector.
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Las investigaciones incluidas en este número presentan un primer mapeo colectivo del modo en el que las plataformas digitales se insertan y modelan el sector del trabajo doméstico en América Latina. El dosier busca ser una contribución y un estímulo para nuevas investigaciones que permitan informar los efectos ambivalentes de estos nuevos dispositivos digitales. En un sector de actividad en el que, en los últimos quince años, las organizaciones de trabajadoras y sus aliados vienen trabajando para obtener derechos y hacerlos respetar, es sumamente importante comprender hasta qué punto las plataformas digitales acompañan ese movimiento o lo resisten. Así como también resulta indispensable producir información sobre este tipo de plataformas digitales en momentos en los que la OIT se prepara para producir un estándar laboral internacional cuyo objeto es guiar la regulación de las plataformas digitales de trabajo, que será discutido en la Conferencia Internacional del Trabajo de 2025. Si bien los sectores de actividad que impulsaron el establecimiento de una normativa internacional son el traslado de pasajeros y el reparto a domicilio, es importante dar visibilidad a este tipo de plataformas para evitar que, una vez más, las trabajadoras domésticas sean invisibilizadas.