Considerando, entonces, el lugar clave que revisten les agentes de control en la forma en la que se constituée y se desenvuelve el comercio callejero, al momento de analizar la manera en la que se establece la actividad en el espacio urbano, se vuelve relevante indagar en las prácticas localizadas de aquelles agentes.
Introducción
Llegué al barrio por la tarde y comencé mi recorrido por las avenidas principales. No habia ningune vendedore ofreciendo mercaderias y no era algo que en verdad me sorprendiera, asi venia siendo hacia varios años. Abandoné las avenidas y caminé por las calles laterales, el panorama alli se tornó diferente. Gran cantidad de vendedores exponian sus mercaderias sobre mantas plásticas extendidas sobre las veredas, une al lado de le otre. Ropa, zapatillas, ojotas, relojes, gorras, juguetes e incluso perfumes, es decir, una amplia variedad de mercaderia, mucha de ella notoriamente pesada, además de costosa. Era evidente que nadie estaba preparade para 'salir corriendo'. La posibilidad de que se desencadenara un operativo policial parecia no estar vigente.
En una de las esquinas encontré a un hombre sentado sobre un banco, detrás de su manta de gorros. Crei reconocerlo, aunque el barbijo que llevaba puesto me hizo demorar unos segundos más en asegurarme que fuera él. Se trataba de Ibrahim, a quien conoci siete años atrás en esa misma calle donde solia vender y a quien visité en muchas ocasiones hasta que decidió irse a vivir a 'provincia', justo cuando se recrudecian los conflictos cotidiaños con la policia y les inspectores que provocarian que nadie más se instalara a vender de una manera más o menos 'fija' en un mismo lugar. Conversaciones distendidas entre vendedores mientras esperaban 'clientes', comerciantes mayoristas que pasaban por los 'puestos' a ofrecerles mercaderias, personas que les ofrecian comida para el almuerzo, nines acompanando a sus madres o padres mientras vendian, fueron parte de las escenas cotidianas que presencié mientras acompané a Ibrahim en ese dia en pandemia y que me rememoraban, por su similitud, aquellos tiempos en los que lo habia conocido. (Notas de campo, diciembre 2020)
Estas observaciones surgieron durante el regreso al trabajo de campo 'presencial', es decir, en la primera visita que se hizo a un barrio de la Ciudad de Buenos Aires con histórica concentración de venta callejera, luego de que la pandemia por COVID-19 se extendiera en este pais. El escenario encontrado en aquel espacio urbano daba cuenta de un comercio callejero establecido, al menos en determinadas calles del barrio, que en principio contrastaba con lo que venia sucediendo hacia ya algunos años. Les vendedores venian disputando su presencia en el espacio público en un estado de persecución permanente, atravesados por violencias cotidianas -de distinto tipo y con variados niveles de intensidad represiva- ejercidas por les agentes que controlan su actividad en las calles de la ciudad.
Las modalidades de intervención represivas y persecutorias (violentas y/o abusivas) forman parte del repertorio de prácticas policiales que suelen recaer sobre quienes se dedican a la venta callejera. Sin embargo, como han senalado otras investigaciones (Pires, 2010; Pita, 2012; Pita y Pacecca, 2017), existen, además, otras formas de relacionarse entre agentes de control y vendedores callejeres que consisten en el establecimiento de negociaciones, intercambios, favores y acuerdos, no exentas, sino más bien construidas con base en distintas arbitrariedades y violencias.
Abordar analiticamente esas dinámicas de relacionamiento requiere alejarse de miradas dicotómicas entre lo legal y lo ilegal, para asi comprender el modo en que ciertas actividades y prácticas operan entre fronteras inciertas y porosas entre lo formal e informal, lo legal e ilegal, y también, lo (i)licito (Telles, 2015; Telles y Hirata, 2007). Adoptar esta mirada permitirá dar cuenta de la puesta en juego de una serie de regulaciones en las que los procedimientos formales y legales son solo una parte (Pita y Pacecca, 2017, p. 47). En esta linea, resulta revelador el concepto de 'mercadorias politicas' de Misse (2007, 2017), en tanto remite a la existencia de un mercado politico basado en intercambios, donde la policia (y otres agentes públicos) se apropia de la autoridad estatal que le confiere su rol para establecer y forjar diversas transacciones en pos de su propio beneficio. De esta manera, senala Telles (2015), ciertos mercados "informales e ilicitos" se articulan con otro,
um mercado politico, também ilegal, que passa por dentro dos aparatos legais/oficiais e nos quais são transacionadas as mercadorias politicas (acordos, suborno, compra de proteção, corrupção) das quais dependem o funcionamento desses mercados e que são constitutivos de seus modos de regulação. (p. 58)
Considerando, entonces, el lugar clave que revisten les agentes de control en la forma en la que se constituye y se desenvuelve el comercio callejero, al momento de analizar la manera en la que se establece la actividad en el espacio urbano, se vuelve relevante indagar en las prácticas localizadas de aquelles agentes. Diversas investigaciones han profundizado en esta linea, preguntándose por las formas que asume el poder policial y sus modalidades de intervención sobre los grupos de vendedores callejeres (Pita, 2012; Pita y Pacecca, 2017), por la incidencia que tienen las intervenciones de las agencias gubernamentales en la conformación de los 'mercados informales' (Freire, 2012; Hirata, 2014), o por las distintas modalidades de administración, regulación y resolución de conflictos ligados al comercio callejero en el espacio público (Mello, 2011; Pires, 2010, 2011).
También cobran relevancia las experiencias de les vendedores en relación con las prácticas de les agentes de control y las variadas formas de respuesta que despliegan ante aquellas. Asuntos todos ellos que configuran el modo en el que se establece el comercio callejero en el espacio urbano y que, por ende, deben ser analizados para su comprensión. En ese sentido, interesa atender a las evaluaciones que les vendedores realizan sobra las formas de tratamiento estatal que reciben, asi como a los sentidos que le atribuyen a su actividad, en tanto aportan comprensión sobre las formas en las que responden ante las prácticas de intervención estatal[2].
Este articulo propone, entonces, analizar las formas especificas y concretas que asumen las relaciones entre agentes de control[3] y vendedores callejeres en el espacio urbano. Al enfocarse en las prácticas concretas y localizadas, se abordan dinámicas de relacionamiento que, como se verá, alternan entre la represión y la tolerancia, las negociaciones y los acuerdos. Estas dinámicas conllevan, en ciertas ocasiones, sumisión, pero también confrontación y/o resistencia por parte de quienes son objeto de las intervenciones policiales. Como se mostrará, estas relaciones suponen condiciones asimétricas de poder entre los actores y son constituidas y estructuradas con base en distintos tipos de violencias (cfr. Pita y Pacecca, 2017; Perelman, 2020).
Las indagaciones que se presentan en el articulo remiten a una temporalidad en particular, en tanto se pregunta por aquello que sucedió en el contexto de la pandemia. En este sentido, se busca aportar a los estudios que han indagado sobre los efectos que tuvieron las decisiones gubernamentales asociadas a la pandemia, en distintos lugares de la región, para quienes se dedican a la venta en la calle (Vazquez Estrada y Tapia, 2021; Valverde Rodriguez, 2021; Perelman y Pires, 2022). Sin embargo, analizar lo relevado durante este contexto requiere necesariamente abordar una temporalidad más amplia, que permita dar cuenta de las transformaciones, continuidades y vigencias en las dinámicas de relacionamiento entre vendedores y agentes de control en relación a escenarios anteriores. Para ello, se recuperarán las indagaciones previas realizadas durante la investigación doctoral que da marco a este trabajo, asi como los aportes de aquellas investigaciones que ya han pesquisado sobre estas dinámicas en la ciudad (Pita, 2012; Pita y Pacecca, 2017; Pires, 2010).
Retomando ahora la escena que dio inicio a este escrito, ¿qué habia detrás de esas formas de realizar la actividad de venta en la calle observables en plena pandemia? Si les vendedores ya no estaban preparades para 'salir corriendo' ante posibles intervenciones policiales, ¿de qué manera se habian modificado las dinámicas de relacionamiento entre vendedores, policias e inspectores en ese espacio urbano evidentemente reconfigurado? Estas fueron algunas de las preguntas que orientaron la pesquisa y que ordenan este escrito.
Aspectos Metodológicos
Para responder esas preguntas, no solo es necesario considerar el trabajo de campo realizado con vendedores durante la pandemia, sino también recuperar aquel llevado a cabo desde hace varios años. Sin este último, no solo el análisis perderia profundidad sino que el trabajo de campo en si no podria haberse realizado durante el periodo de pandemia o, por lo menos, no de la manera en la que se hizo. La necesidad de incorporar nuevas herramientas de indagación que requirió la interrupción de la presencialidad por el COVID-19, se vio facilitada justamente por aquel trabajo previo, es decir, por las relaciones de confianza construidas a lo largo de años de trabajo compartido junto a les vendedores. Asi, el trabajo de campo en pandemia se sostuvo en audios y llamadas telefónicas, y también en instancias presenciales de observaciones, entrevistas y conversaciones con vendedores, en los momentos de disminución de la propagación de la enfermedad y de apertura a la circulación.
Este escrito recupera, entonces, experiencias y relatos de vendedores callejeres que realizan su actividad en las calles de un barrio de ciudad. Parte de los relatos corresponde a personas que integran organizaciones que nuclean vendedores callejeres. Otros corresponden a vendedores que, si bien pueden o no tener algún grado de participación en organizaciones, estructuran más bien sus relaciones con otres vendedores de acuerdo con su pais de origen. Las personas que se dedican a la actividad de venta callejera en la ciudad provienen tanto de Argentina como de otros paises, como Perú, Senegal, Bolivia, Paraguay, Ecuador, entre otros. De ahi que el pais de origen resulte en alguna medida estructurante de las relaciones entre les vendedores de la calle. Es decir, estas personas sostienen vinculos de cooperación, colaboración y organización entre quienes ejercen la actividad en un mismo barrio, pero que, además, provienen de un mismo pais.
"Aguantar" hasta Regresar a la Calle
El 19 de marzo de 2020 se decretó el ASPO[4] y asi comenzó la 'cuarentena'. Los comercios cerraron, las personas se confinaron en sus domicílios y, salvo determinadas excepciones, la circulación en el espacio público pasó a considerarse prohibida. Les vendedores callejeres debieron interrumpir su actividad, lo cual conllevó inmediatas y drásticas consecuencias en su vida cotidiana.
Sin posibilidad de generar ingresos mediante el trabajo en la calle, la cuarentena se tradujo desde un comienzo en 'aguantar', eso si, desplegando todas las acciones posibles para minimizar los gastos económicos y, sobre todo, extendiendo activamente las prácticas de cooperación y colaboración entre amigues, familiares, vecines, 'paisaños' y 'companeros' nucleados en organizaciones de vendedores. Hubo también quienes accedieron a subsidios estatales creados especialmente para paliar las consecuencias económicas que traeria la cuarentena[5].
Si bien las ayudas en dinero y mercaderia contribuian a mejorar la situación, no alcanzaban a compensar la interrupción del trabajo. Todo dinero disponible solventaba la necesidad más básica, el alimento, mientras las deudas por alquileres e impuestos se acumulaban. La situación fue tornándose cada vez más 'insostenible' al punto que, en cuanto comenzaron las primeras aperturas de la circulación en la ciudad, y con ellas la presencia en aumento de transeúntes (potenciales 'clientes'), les vendedores retornaron a la calles para 'volver a trabajar'.
Persecución y Represión Cotidiana
Les vendedores regresaron vendiendo 'de mano', lo cual no resultaba una innovación para elles, ya que era la técnica más extendida hasta antes de que comenzara la cuarentena, por su efectividad para sortear las intervenciones policiales. Es que las mismas prácticas que policias e inspectores venian desplegando hasta entonces, continuarian vigentes durante los meses inmediatamente posteriores al 'regreso' de les vendedores.
Les vendedores realizaban su actividad en las calles sin poder 'quedarse quietos', es decir, debian trasladarse continuamente para evitar las permanentes intervenciones cotidianas que realizaban les agentes de la Policia de la Ciudad[6] junto a les inspectores de la ciudad[7]. Hacia años que primaba un escenario de persecución permanente y de intensa represión hacia la actividad[8], que habia escalado en sus niveles de violencia durante los años subsiguientes a los desalojos masivos de la venta callejera sucedidos durante los años 2016, 2017 y 2018, en distintos puntos de la ciudad[9].
Tras los desalojos, la modalidad de realizar la actividad en las calles de la ciudad se vio totalmente modificada. Vendedores que, hacia años, incluso décadas, realizaban su actividad de manera 'fija' en un mismo lugar, tuvieron que abandonar sus 'puestos'. Una parte muy reducida de elles accedió a predios creados por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, para que, más tarde o más temprano, muches regresaran a las calles por las dificultades que representaba permanecer en aquellos espacios cerrados (Belcic, 2020). Hubo también quienes, luego de los desalojos, abandonaron totalmente la actividad. Pero la gran mayoria de les vendedores continuaron en la calles, aunque tuvieron que modificar sus estrategias de venta. Ya no fue posible vender lo que vendian ni de la manera en que lo habian hecho hasta entonces. Tuvieron que conseguir mercaderias más livianas, abandonar sus 'mantas' o 'caballetes' para reemplazarlos por dispositivos que les permitieran 'levantar' a gran velocidad los productos (bolsas de consorcio, cajas de cartón, heladeras de telgopor).
Estar en movimiento por las calles era fundamental para evitar, en el mejor de los casos, que su mercaderia fuera incautada (generalmente sin labrarles un acta de lo incautado) y, probablemente, que les llevaran detenides. Durante estos procedimientos era frecuente que atravesaran situaciones de violencia fisica (como forcejeos, golpes, uso de gas pimienta), además de recibir insultos (muchas veces de indole racista), amenazas y maltrato verbal. En aquel contexto de persecución y de violencias cotidianas les vendedores desenvolvian su lucha por el espacio público[10].
Del Conflicto al 'Acuerdo'
Pero, si los conflictos continuaron cuando les vendedores regresaron a la calle, ¿cómo devino un escenario como el descripto al inicio de este escrito? El establecimiento de la venta observable en determinadas calles del barrio daba cuenta de un espacio urbano evidentemente reconfigurado en plena pandemia. Lejos de ser interpretado como resultado de una desregulación o ausencia estatal, debia estar necesariamente vinculado con modificaciones en las prácticas policiales y en las dinámicas locales de interacción entre vendedores y agentes de control. Fue en ese sentido que se buscó reconstruir las interacciones entre vendedores, agentes policiales e inspectores, a partir del momento en el que les primeres regresaron a la calle.
Si las intervenciones policiales persecutorias seguian produciéndose constantemente, les vendedores (como contraparte) desplegaban las mismas estrategias de respuesta que solian accionar hasta antes de que interrumpieran momentáneamente su actividad. Se trataba de un in crescendo de acciones colectivas que incluian manifestaciones espontáneas en las comisarias, cortes de calle, denuncias en redes sociales, entre otras, que forman parte del repertorio de prácticas de resistencia que les vendedores despliegan cuando suceden las intervenciones policiales.
Si bien mediante esas acciones les vendedores traccionaban la posibilidad de lograr algún tipo de habilitación de su actividad, otras instancias contribuyeron a que esta (aunque sea de carácter informal) se efectivizara. Reuniones con autoridades estatales y mesas de diálogo, de las que participaron referentes de vendedores, habrian instado a que las autoridades estatales tomaran finalmente una decisión: delimitar calles y horarios especificos en los que garantizarian la ausencia de venta callejera; fuera de ellas les vendedores no serian perseguides.
Estas decisiones generaron las condiciones para el 'acuerdo' que se estableceria entonces en las interacciones cotidianas entre vendedores, policias e inspectores en las calles. Mientras les agentes no persiguieran a les vendedores en determinadas calles del barrio, estos se limitarian a trabajar en ellas y 'ni tocarian' las que estaban por fuera de esas delimitaciones. Los horarios también eran un término importante del 'acuerdo', habiendo momentos 'permitidos' para establecerse en cada lugar.
Una vez instalado el 'acuerdo', sus parámetros fueron renegociándose en el transcurso del tiempo. Asi, ante el reiterado pedido de les vendedores y en la medida en que les agentes lo fueron disponiendo, nuevas calles se fueron 'habilitando'. Con la progresiva 'liberación' de las calles también comenzaron los 'arreglos', que implicaban para les vendedores la obligación, extorsión mediante, de darles dinero a les agentes policiales. Los horarios 'permitidos' fueron variando, sobre todo en función de las cambiantes restricciones y habilitaciones de horarios de circulación que disponia el Gobierno de la Ciudad como medidas para controlar la propagación del COVID-19.
Más allá de las variaciones, el 'acuerdo' se mantenia en el tiempo, lo cual era tomado con asombro por parte de les vendedores. Desde la época de los desalojos masivos, pocas habian sido las oportunidades en las que les vendedores dialogaran con policias e inspectores y, menos aún, para lograr un 'acuerdo' más o menos establecido. En algún caso, podian producirse puntuales y circunstanciales negociaciones interpersonales entre une vendedore y une 'policia de calle'11 en las que, con suerte, aquel lograra conseguir que le agente le permitiera retirarse sin incautarle su mercaderia y/o detenerle (Belcic, 2020). Pero lo que estas negociaciones no habilitaban era que le vendedore continuara realizando su actividad. Es por esto que el establecimiento de un 'acuerdo' a gran escala, relativamente estable[12], y la posibilidad extendida de establecer negociaciones entre vendedores y agentes de control, resultaba 'novedoso' para les vendedores.
Pero si 'acuerdos' y 'arreglos' posibilitaron el establecimiento de la venta en el espacio público, evidente para quien desplegara una mirada atenta sobre la forma en la que se desenvolvia la actividad en la calle, al mismo tiempo determinadas intervenciones policiales no cesaron. Sin embargo, a diferencia de aquellas intervenciones masivas, intensamente represivas y cotidianas, estas consistian en intervenciones puntuales, con poca participación de efectivos policiales y contades vendedores como objeto de la intervención. Provenian, por un lado, de las mismas caracteristicas de los 'acuerdos', ya que estos implicaban ciertos parámetros dentro de los cuales cada parte debia ajustar sus acciones. Les vendedores tenian claro que si no cumplian con sus 'obligaciones' habia consecuencias. ¿Qué pasaba si no se cenian a los horarios y lugares establecidos? "Lo mismo de siempre", esto es, que no podian vender, que se les incautaria la mercaderia, que quizás se les llevaria detenides y, probablemente, que atravesarian situaciones de violencias. Pero, por otro lado, las intervenciones se produdan por el accionar de agentes policiales que directamente se encontraban por fuera de los 'acuerdos' establecidos. Si con los 'policias de calle' les vendedores podian 'negociar', con quienes no podian hacerlo era con 'la brigada'[13] quienes continuaban realizando intervenciones violentas y abusivas porque no se cenian a lo acordado.
'Negociar' con la Policia
La posibilidad de establecer negociaciones entre vendedores y agentes policiales que derivasen en 'acuerdos' e, incluso, 'arreglos', resultaba 'novedosa', en contraste con las experiencias de les vendedores transitadas en tiempos recientes. Sin embargo, es posible ampliar la mirada sobre este tipo de relaciones hacia escenarios más alejados en el tiempo, puntualmente hacia el momento en el que la venta callejera en la ciudad estaba fundamentalmente controlada y administrada por la Policia Federal. Coincidiendo con lo senalado en otras investigaciones (Pita, 2012; Pita y Pacecca, 2017; Pires, 2010), en los inicios del trabajo de campo de esta pesquisa (hacia principios del ano 2014), se relevaba que, por medio de distintas negociaciones con les agentes policiales, les vendedores lograban 'trabajar' sin ser 'molestados'. Esas negociaciones podian exigir pedidos de dinero o de mercaderia por parte de les policias, o bien consistian en establecer acuerdos de los más variados, como definir horarios y lugares en los que podia ejercerse la actividad.
Como se desarrolló en este escrito, en el contexto de la pandemia vendedores y agentes policiales comenzaron a establecer nuevamente negociaciones, de una manera que no se habia configurado desde la intervención de la Policia de la Ciudad. Sin embargo, si bien estas formas de interacción resultan comparables con aquellas que sucedian tiempo atrás con les agentes de la Policia Federal, cobran relevancia aqui ciertas particularidades que caracterizaban a las recientes modalidades de negociación entre vendedores y agentes policiales. Esto porque la experiencia de persecución violenta y de intensa represión atravesada por les vendedores en los últimos años, afectaba y otorgaba particulares sentidos a las 'novedosas' relaciones de negociación que se constituyeron en plena pandemia.
Si bien les vendedores remarcaban la 'buena relación' que tenian con les agentes policiales, en tanto podian negociar con elles, senalaban, también, la 'desconfianza' que les generaban: "Nos hemos ganado ese respeto que no habia. A veces es peligroso en el juego, en el camino... es peligroso", "Hoy estamos asi pero la policia manana puede ser tu enemiga". Esa 'desconfianza' reforzaba, a su vez, la sensación de incertidumbre de les vendedores sobre la permanencia en el tiempo y la solidez de los 'acuerdos'. Nadie sabia hasta cuándo podrian sostenerse las negociaciones establecidas.
Si la inestabilidad de los 'acuerdos' es intrinseca a las relaciones entre policias y vendedores, justamente por la asimetria de poder que existe entre las partes, que hace que puedan romperse cuando les agentes asi lo dispongan, los 'arreglos' entre vendedores y agentes de la Policia Federal en el pasado parecian significar para les primeres cierta garantia de estabilidad de su actividad, ya que, aunque con variaciones en sus parámetros, se mantenian en el tiempo, incluso durante años. Sin embargo, la experiencia posterior de desalojos masivos e intensa represión mostraria que aun aquellos 'acuerdos' establecidos hacia largo tiempo podian romperse. Asi, lo vivido en los últimos años parece haber fijado un aprendizaje para les vendedores: "la policia manana puede ser tu enemiga". Nadie olvida y todes cargan en sus cuerpos (y, muches de elles, también en sus antecedentes penales) aquella conflictividad altamente violenta, que aparece como un relato del pasado (reciente). Refiriéndose a vendedores ambulantes, Perelman (2020) senala: "Existe una memoria y una experiencia construida - al igual que en el caso de los cartoneros- a partir de una violencia fisica y moral contra los vendedores" (p. 51). También senala que "Los efectos de la violencia son parte del circuito. Ellos son constitutivos de las relaciones y de las obligaciones morales que se entablan" (p. 52). Les vendedores callejeres saben que, para establecerse en el espacio público, las negociaciones con la policia son necesarias, pero la experiencia altamente persecutoria y violenta de los últimos años ha hecho énfasis en la 'desconfianza' y la incertidumbre que implican esas relaciones: "con la policia siempre hay problemas".
A su vez, aquella experiencia conflictiva reconfiguré el lugar de la violencia en las negociaciones recientes entre vendedores y policias. Según observaba Pires (2010), el uso de la fuerza no era el elemento principal de persuasión que disponian les agentes de la Policia Federal para el establecimiento de 'arreglos' con les vendedores. Antes bien, "a questão é, sobretudo, a aplicação da lei ou, alternativamente, a compra de sua não aplicação" (p. 344). Si bien las negociaciones se establedan "bajo amenaza de violencia fisica y/o moral, poniendo en juego como objeto de la negociación la aplicación de la ley" (Pita, 2012, p. 111), el uso de la fuerza no era alli la práctica más extendida. Sin embargo, en las recientes negociaciones entre vendedores y agentes de la Policia de la Ciudad, el uso de la fuerza aparecia como una posibilidad concreta y, consecuentemente, como el elemento central para el forjamiento de los 'arreglos'. El haber atravesado aquellas experiencias de extrema persecución y de violencias cotidianas -que les vendedores recordaban como una caza por la sana de les agentes- otorgó nuevos sentidos a las negociaciones, dado que ya no solo (ni principalmente) se buscaba evitar la aplicación de la ley, sino también la posibilidad concreta de ser objeto de violencia fisica y/o moral. Incluso los términos con base en los cuales se negociaba la aplicación o no de la ley habian adquirido otras implicaciones. Si los 'arreglos' con les agentes de la Policia Federal evitaban lo que generalmente era la aplicación de contravenciones[14] (en donde el mayor costo era la pérdida de la mercaderia), en el trascurso de los años siguientes las prácticas policiales fueron suponiendo, además de la posibilidad de resultar imputade por una contravención, ser detenide en base a la misma, o bien, por delitos penales[15].
Ahora bien, las relaciones que se establecen con les agentes policiales implican siempre una asimetria de poder cuando se trata de grupos sociales que históricamente han sido objeto especifico de control y administración policial[16]. En este sentido, refiriéndose a las mercandas politicas, Misse (2017) las define como el "conjunto de prácticas de intercambio que sólo puede llevarse a cabo ancladas en una relación asimétrica de poder" (p. 39). Sin embargo, aun desde un lugar de subordinación, no todas las personas ocupan las mismas posiciones de poder. Las formas y términos en los que se establecen los intercambios y/o negociaciones se configuran y se ven condicionados por las diversas posiciones de poder que ocupan los sujetos implicados en la relación (Cozzi, 2019, p. 4).
Las negociaciones que anteriormente se establedan entre vendedores y agentes de la Policia Federal, si bien implicaban cuotas diferenciales de poder y suponian extorsiones y/o variadas formas de violencia moral o intimidaciones por parte de los agentes, sucedian bajo parámetros relativamente combinados entre las partes (Pita, 2012). Según Pires (2010), si los 'arreglos' implicaban una desigualdad de poder, "essas desigualdades parecem ser compensadas minimamente com a representação de que as partes são moralmente iguais" (p. 379). Esta representación les autorizaba a participar del 'arreglo', "negociando vantagens, beneficios e obrigações de cada parte, proporcionalmente a quantidade de bens e poder, mas, a principio, incluindo todos os interessados que são iguais em dignidade" (p. 379).
En las negociaciones establecidas entre vendedores y agentes policiales en el contexto de la pandemia, las posiciones de poder parecian haberse trastocado. Les vendedores disponian de acotados márgenes de decisión para definir los términos de las negociaciones (qué calles, qué horarios, e incluso la incorporación de dinero en el intercambio). En ese sentido, un vendedor senalaba: "Hicimos lo que quisieron", "nos fuimos poniendo donde nos decian". Esta profundización de las ya desiguales posiciones de poder entre vendedores, agentes policiales e inspectores, también se encontraba asociada a la experiencia de conflictividad atravesada en los últimos años. Es decir, la constante persecución, las variadas formas de violencias, la ampliación de las figuras legales para la persecución de les vendedores, privilegiaron aún más el lugar de poder de les agentes de control en la determinación de las condiciones de las negociaciones. Habiéndose extendido las posibilidades de lo que les agentes podian hacer, eran estes quienes establedan las condiciones para que se desarrollara la actividad de venta.
Pero, al mismo tiempo que fue posible reconocer un lugar de mayor desigualdad de les vendedores, no todo (o más bien poco) fue sumisión y/o aceptación. En la experiencia reciente de conflictividad, asi como prevaleció la persecución y violencia policial como forma de tratamiento, también primaron las estrategias de resistencia y de organización por parte de les vendedores. La experiencia de "defender la calle" implicó permanecer en ella aún en los momentos más difídles, resistir muchas veces con el cuerpo los embates policiales, realizar distintas acciones de protesta e, incluso, el surgimiento de nuevas organizaciones de vendedores. Al igual que aquellos relatos sobre las violencias vividas, las recientes prácticas de resistencia también estaban en la memoria de les vendedores. De ahi que estes apelaran a la organización como forma de disputar aquella desigualdad de poder, cuya expresión más extrema eran las formas de tratamiento violentas que continuaban recibiendo -aunque de manera modificada- por parte de les agentes. A partir de sus acciones de respuesta, les vendedores buscaban establecer limites a la violencia y al abuso policial de los cuales seguian siendo objeto pese (y en el marco de) los 'acuerdos' y 'arreglos'.
Reflexiones finales
Analizar las dinámicas de relacionamiento entre vendedores callejeres, policias e inspectores en tiempos de pandemia, permitió dar cuenta de toda una serie de "agenciamientos práticos da vida cotidiana" (Telles y Hirata, 2007) que configuran la forma en la que se regula el espacio urbano y las disputas que alli se desenvuelven. Como se mostró, las prácticas de les agentes de control tienen un lugar central en la constitución y estructuración de la actividad de venta en la calle. Asi, el establecimiento del comercio callejero que se observaba en tiempos de pandemia, lejos de poder ser interpretado como una ausencia y/o desregulación estatal, se encontraba más bien vinculado a acuerdos y negociaciones informales, ocasionalmente convertidas en 'arreglos' entre policias, inspectores y quienes venden en las calles.
El carácter que adquieren estas relaciones está moldeado, en parte, por las coyunturas politicas y por decisiones gubernamentales que definen, en cierta medida, el juego entre la tolerancia y la represión de la actividad en la ciudad. Pero, también y, sobre todo, por aquello que se entreteje cotidianamente entre agentes de control y vendedores en el espacio urbano. En ese terreno entran las negociaciones y los acuerdos inestables, pues su informalidad (e ilegalidad) y las cuotas diferenciales de poder que revisten los actores involucrados los vuelven precarios. Además, son establecidos bajo amenaza de violencia fisica y/o moral y en ellos es utilizada de manera extorsiva la posibilidad de aplicación de la ley. Como se mostró en el escrito, estos elementos que caracterizan a los intercambios, van modificando su peso y su significado según las coyunturas y la acumulación de experiencias de los actores involucrados. También lo hacen las posiciones de poder de los actores dentro de estas relaciones, porque no solo es posible encontrar gradientes al interior de los espacios sociales, sino también modulaciones a lo largo del tiempo, vinculadas a las experiencias transitadas.
Ahora bien, comprender las continuidades y transformaciones en las relaciones entre vendedores y agentes de control, en el contexto de la pandemia, requirió atender a la temporalidad en dos escalas diferentes. Implicó, primero, no tomar la pandemia como un periodo homogéneo, sino cambiante y en transformación, y, segundo, abordar una temporalidad más amplia que diera cuenta de procesos que se han ido desenvolviendo desde antes y que afectaron y otorgaron particulares sentidos a las formas de disputar el espacio público configuradas en la pandemia.