1. Introducción
La irrupción en novelas literarias de sujetos referenciados como de clase media, principalmente empleados y empleadas estatales, emergen en Colombia durante la denominada República Liberal (1930-1946). Durante este periodo histórico el partido liberal colombiano asume el poder luego de casi medio siglo de hegemonía conservadora, pujando por realizar reformas sociales, económicas y culturales con el propósito de modernizar1 al país (Kalmanovitz, 1998 Henderson, 2006). En este ambiente reformista y como contención a un escenario económico y social convulsionado por la crisis del 29 y movimientos izquierdistas relativamente fuertes, la reforma social de estos gobiernos tuvo la intención de estratificar socialmente a la población desde un punto de vista moderno, es decir, a partir de una sociedad dividida en tres clases sociales pero en coexistencia pacífica (Arciniegas, 1989). Este proyecto estuvo potenciado desde el aparato estatal, pero también algunos sectores intelectuales y ciertas organizaciones de obreros y, sobre todo, de empleados, entre otros, se articularon para este fin que, a pesar de los cuestionamientos sobre las consecuencias de su lugar social, coadyuvaron a una estratificación más clara de la sociedad colombiana. En este escenario político es en donde algunos escritores intentan novelar a los sujetos de clase media, justamente en su proceso de estructuración en el propuesto panorama social que intentaría evitar otros desenlaces políticos más radicalizados.
Más concretamente respecto a este trabajo, algunos escritores como Augusto Morales Pino, José Antonio Osorio Lizarazo y luego otros literatos, crearon un sujeto novelado asociado a la naciente clase media, los cuales pretendieron narrar algunos de los sucesos de funcionarios públicos en su trasegar por una mejor vida y con una fuerte disposición por reflexionar sobre lo que se estaba considerando y materializando como clase media. Como se expondrá en este texto, en base a obras como Los de en medio de Morales Pino o Hombres sin presente: novela de empleados públicos y La escala invisible (aunque este manuscrito no publicado aparece para la década del cincuenta, recrea el mismo proceso de su otra obra surgida en los años treinta) de Osorio Lizarazo, entre otras secundarias según este planteamiento, la denominada novela social o realista para este periodo se asentó en personajes sombríos, relativamente frustrados y sufrientes que, en general, dibujaron a una clase media urbana colombiana con pocas aristas de las imágenes o idealizaciones con que se había construido idealmente para las sociedades modernas y, particularmente, para la clase media de los países centrales como Francia o Inglaterra. Ahora bien, ¿por qué precisamente germinó este sujeto Accionado en este periodo histórico? ¿en qué panorama socio-político este sujeto afligido de clase media fue el que se normalizó desde las obras literarias en cuestión? Asimismo, ¿qué función social se le atribuía a esta clase media en sus primeros años de vida según los documentos propuestos?
Estos objetivos serán abordados en este artículo desde obras como las nombradas, las cuales ayudaron a potenciar un tipo de literatura que se fijaba en grupos sociales antes excluidos y en situaciones urbanas en indudable transformación social y política. Para esto, la revisión documental de estas obras será respaldada por la contextualización de la germinación de la clase media y de cómo el empleado y empleada pública se situaron en el corazón mismo de esta clase social. De igual forma, recursos de diarios como El Tiempo y el semanario Nosotros de la Federación de Empleados de Bogotá se usarán para reforzar la recreación histórica de este proceso social. En suma, desde esta novela social -en función de la naciente clase media colombiana- se podrá aportar a la relación poco analizada en Colombia entre surgimiento de clase media y nacimiento ficcional de esta clase social desde una literatura clásicamente más comprometida con la clase proletaria u obrera.
2. Marco teórico
Este texto se enmarca en la compleja relación entre literatura y ciencias sociales, correlación que no ha estado exenta de críticas en base a sus relaciones "perjudiciales", "porosas" o "estrechas" según el punto de vista tomado en función a estudios sociales y culturales. En otras palabras, algunas perspectivas han visto en esta articulación aspectos ' 'contaminantes" en el camino científico de las ciencias sociales, expresando que los rasgos literarios pervierten o van en detrimento de lo considerado como "ciencia"2. Desde la otra orilla, existen otros autores que exaltan esta hermandad, argumentando que la indagación literaria en algunos casos se adelanta o anuncia ciertas características o hechos sociales3 (Subero, 1974), así como también puede -o debe- ser utilizada para redondear o profundizar algunas afirmaciones y descripciones de los enfoques sociológicos o antropológicos (Nisbet 1979; Coser, 1963 citado por Maltz, 2023). A la par de estas polarizaciones a veces irreconciliables, existen otras vertientes que promueven a las ciencias sociales y a lo literario, pero con vasos comunicantes limitados o restringidos entre sí, advirtiendo terrenos no homogéneos ni necesariamente lógicas y códigos transparentes entre ellos, pero defendiendo ciertas fronteras porosas que son benéficas entre sí (Calvo, 2009).
Dentro de este extenso y espinoso panorama que al día de hoy continúa resultando por lo menos polémico o con atributos desde la literatura hacia las ciencias sociales puestos en duda, este texto entiende a la literatura, particularmente a la novela, como un objeto histórico que, por un lado, narra ficcionalmente ciertos sucesos históricos posibilitando analizarlos y, en la medida de lo posible, contrastarlos con otro tipo de fuentes para situar los hechos históricamente (Maltz, 2020). Por otro lado, se la entiende como fruto de un contexto en el cual se desenvuelve con particularidades propias en aras de un proceso más amplio, concretamente en este caso la consolidación de una clase social. En este sentido, se comprende a la clase media como una clase social sujeta a condiciones concretas y, en esta medida, se pretende presentarla con aspectos situados histórica y contextualmente y no determinarla desde factores pecuniarios o laborales para no perder de vista el telón de fondo político y social que la posibilitó en su establecimiento social (Giddens, 1986; Garguin y Visacovsky, 2009).
Por otro lado, cabe destacar que este trabajo se enmarca en el análisis de las condiciones de posibilidad y en los aportes descriptivos y argumentativos de las obras literarias nombradas, distanciándose de otras corrientes que han optado por analizar las recepciones subjetivas de las obras en los sujetos (de Certeau, 2000) o como espacio de representatividad (Yilian-Castro, 2012), en la indagación de las legitimidades y valoraciones en el campo artístico (Bourdieu, 1998; Sapiro, 2016) o en las articulaciones industriales de la literatura (Yilian-Castro, 2012). Así como otras apuestas hacia sus características de gestión y circulación tanto social como académica (Carbó-Catalán y Kvirikashvili, 2022), entre otros enfoques ligados más a las interpretaciones individuales o, en otros casos, a las razones estructurales del surgimiento de determinados textos. Sin embargo, cabe destacar que la base de estas interpretaciones no deja de ser la del reconocimiento y puesta en valor de cierta relación científica entre las artes y las ciencias (Hurtado, 2021).
En síntesis, este texto dará cuenta de que el nacimiento de sujetos identificados con la clase media colombiana -empleado y empleada pública principalmente- se condice con el establecimiento de esta clase social en el país, en un contexto de reformas en función de la modernización nacional. De igual forma, se problematizará la expresión de un empleado de clase media expuesto como precarizado y, a su vez, de una clase social con claroscuros y puestas en dudas constantemente que serán indagadas desde el contexto social y político en que nacieron estas obras literarias de la mano de sus escritores.
2. Metodología
Estos objetivos están basados metodológicamente en un análisis cualitativo e interpretativo de algunas obras literarias de las décadas del treinta y cuarenta del siglo pasado en Colombia. Este tipo de análisis, en donde lo textual de cierta manera oficia como testimonio de una época (Goldmann, 1975), es contrastado con otras fuentes que permiten no caer en la homología acrítica entre lo narrado en la ficción y el hecho social. Entonces, en este texto se acude a otras fuentes como el periódico El Tiempo y el semanario Nosotros analizados no solamente como objetos de información, sino también como expresiones mismas de las subjetividades históricas que construyeron a estos sujetos -empleados y empleadas estatales sobre todo- en relación a una clase social determinada (Muzzopappa y Villalta, 2022). Asimismo, otras fuentes como artículos, tesis y libros que han analizado tanto estas obras literarias como el periodo histórico en cuestión permitieron dar un panorama más amplio y complejo que, como sugiereValles (1997) habilitan enmarcar a los casos frente a otro tipo de discursos o análisis para englobarlos según ciertos matices y condicionamientos históricos.
De igual forma, este enfoque interpretativo sobre la ficcionalización del sujeto clase media para la época indicada, está basado en ciertos casos literarios como lo son las obras de Morales Pino y Osorio Lizarazo, pero en buena medida, y gracias al relacionamiento con otras fuentes, superan los límites de un caso determinado para ser elevados como aportantes a un fenómeno más amplio (Stake, 1999). Por tal motivo, este enfoque dará cuenta no sólo informativamente de cierta omisión investigativa acerca de la ficcionalización del sujeto clase media precisamente enlazado con una historia social y política que fue la que lo permitió y promovió, sino también la interpretación crítica respecto al tipo de sujeto que fue plasmado en dichas obras literarias y, en cierta medida, los fines ideológicos a los que hacía lugar.
4. La irrupción de la novela "realista/social" en Colombia y sus connotaciones de clase social
Antes de ahondar las obras que serán analizadas en código de clase media, resulta importante intentar recrear el marco histórico-literario en que estas se debaten, tanto para aproximarse a sus cercanías con ciertas corrientes literarias como para restituir a estos textos respecto a otros similares en las primeras décadas del siglo XX colombiano. Así pues, el primer paso en este acercamiento será incorporar ciertas características de la considerada novela social o realista y, luego, cómo esta tuvo sus resonancias desde el punto de vista de la clase social en cuestión para estos años.
La considerada novela social4 se corresponde y desprende -al menos en términos genéricos y no totalmente consumados-de la denominada novela naturalista5 por criticar a esta última como poco interesada por transformar cuestiones sociales de las clases bajas y medias de la sociedad, así como rasgos adjuntos a las desigualdades sociales como las cuestiones raciales, étnicas, de género, entre otras que dibujan a un mundo poco idílico y no necesariamente con un devenir único e inevitable (Gutiérrez, 1991). Asimismo, lo social en esta literatura no sólo significaba su descripción real y ceñida de las miserias sociales de determinados sistemas económicos y políticos, sino también el salto del escritor/a hacia el ruedo político para intentar cambiar esas condiciones (Hurtado, 2021); el objeto libro llamado novela, entonces, no sólo sería una cuestión estática ni estética, sino también un objeto activo que debía circular para influir los denunciados cambios sociales6, por tanto la novela pasa a "convertirse en protesta, en rechazo, en proclama, en himno de resistencia, en campaña de alarma". (Vanderhuck, 2012, p. 35). En esta disposición dirigida hacia las grandes mayorías, la escritura debía ser lo más accesible y clara posible para alcanzar a un público más amplio, a diferencia de una literatura más elitista o cerrada sobre sí desde un lenguaje preferencial (Jaramillo, Osorio y Robledo, 2000).
Este tipo de literatura "comprometida" o con "función social" es visible en famosas novelas de la primera parte del siglo XX como La madre de Gorki, Nuestro pan de Enrique Gil Gilbert o Las uvas de la ira de Steinbeck, por citar algunas obras de esta escritura realista y comprometida. Para Colombia, que es lo que atañe a este texto, pueden indicarse que novelas como La Vorágine (1924) de José Eustaquio Rivera o Cuatro años a bordo de mí mismo (1934) de Eduardo Zalamea Borda se consideran como las iniciáticas en esta categoría literaria (Hurtado, 2021), la primera por su exposición sobre las relaciones laborales y de poder en la fiebre del caucho en la periferia colombiana, mientras que la segunda por su indagación territorial desde la capital colombiana hacia la alta guajira dibujando una cruda desigualdad y complejidad social entre la capital y la periferia del país; aunque también puede tenerse como antecedente a La Marquesa de Yolombó (1928) de Tomás de Carrasquilla, por su revisión de la época colonial desde un pueblo antioqueño con fuertes tensiones de género. En este itinerario, se pueden agregar a escritores como José Restrepo Jaramillo con su novela Los tres (1926), en la que se indaga la problemática del acto de escribir pero desde una perspectiva descarnada, atravesada por la época contextual, Bernardo Arias Trujillo con su Risaralda (1935), en esta, a través de un matrimonio se pone en tensión el mundo colonial frente al moderno, también problematizado desde el mundo afrodescendiente respecto al mundo de los blancos. De la misma manera aparece César Uribe Piedrahita quien escribió Toa (1933) y Mancha de aceite (1935), en las que describe las relaciones laborales y problemáticas socio-políticas en sectores como la agricultura (caucherías) o minería (explotación petrolera en Zulia, Venezuela) respectivamente, así como la revolucionaria socialista María Cano6 con algunos cuentos con alto compromiso social. También se puede destacar a Guillermo Edmundo Chávez con Chamú (1946) por sus representaciones de la ciudad de Pasto en la época colonial respecto a las miserias de desposeídos y personas postergadas de la riqueza y a Hernando Téllez con Bagatelas (1944) por sus meditaciones sobre temáticas como la vejez, la muerte o el amor desde una perspectiva relativamente estoica.
Así las cosas, Osorio Lizarazo y Morales Pino se desenvolvieron en un clima de época en que la novela estaba dando un giro hacia una función social más comprometida y, de cierta forma, con tendencias revolucionarias. Aunque, como se verá más adelante, en un autor es más fuerte esta disposición que en el otro, lo interesante es remarcar en este momento que los y las novelistas citados anteriormente en general no basaron sus análisis en sujetos de clase media7, por el contrario, sus preocupaciones iban de la mano de los proletarios o clase obrera, los indígenas precarizados o esclavizados y la sociedad castiza colonial. Además de los autores que se analizan en este trabajo, se pueden destacar, como resalta López (2001) el escritor Rafael Gómez con 45 relatos de un burócrata, con cuatro paréntesis (1941), Ernesto Camargo con su De la vida de Iván el mayor y Tomás Osorio con su novela Vidas Menores (1937), quienes describen algunas de las vivencias de empleados pero, como expresa el mismo López (2001), Osorio y Morales fueron quienes más y mejor analizaron e intervinieron en el sujeto de clase media en tanto ficcionalizado. Por tal razón, reconstituir lo expresado en y por los personajes oficiará tanto para enlazarlo con el trasfondo político de las descripciones y producciones sociales ficcionadas, como para indagar en las concepciones mismas que reproducen estos textos sobre la emergencia histórica de esta clase social. Así entonces, a continuación se desplegarán las obras señaladas para aproximarlas a sus connotaciones de clase social historizando sus representaciones literarias con el trasfondo de la República Liberal.
5. El empleado de clase media, ese sujeto con pocos atributos idóneos
Entre José Antonio Osorio Lizarazo y Augusto Morales Pino hay similitudes amplias, sus personajes -casi siempre burócratas estatales con salarios bajos- están teñidos de una inestabilidad laboral que les persigue cual sombra y que anuncia un futuro incierto; también los describen con psicologías medianamente frustradas respecto a lo que deberían ser, con añoranzas mayores a sus vidas precarias que los llevan a endeudarse para exteriorizar una vida lo más adecuada posible a la imagen de su estatus social. Es así que, y principalmente en Osorio Lizarazo, el empleado, en tanto enlazado con la clase media, es arrojado al mundo literario de la novela social colombiana como un sujeto casi sin atributos reales o propios, deviniendo un personaje "falso" o "aparente" en virtud a una clase social que se percibe y exhibe de una manera semejante.
En primer lugar, entre estas aproximaciones surge una reiteración, focalizan al empleado como sinónimo o distintivo representante de la clase media colombiana, lo cual para esta época es un proceso constitutivo de esta clase social en el país8. De ahí que estos autores tomen a los y las empleadas como una noción obvia o natural para indagar a esta clase social; también se puede destacar que de algún modo la pertenencia de estos mismos escritores a los sectores medios pudo influir en sus dudas y naturalizaciones al respecto9. Por lo cual, esta posición laboral rápidamente es asumida en sus obras como la predilecta para describir y cuestionar a una clase social poco Accionada y, también, relegada relativamente de los gobiernos nacionales hasta la entrada la República Liberal10. Así y todo, los y las empleadas son quienes recrean las vicisitudes narradas en estas obras, en general de una manera trágica y precarizada como se detallará.
Así entonces, en segundo lugar, es interesante destacar que estos autores presentan a estos sujetos de clase media con una labor poco formalizada y bastante variable según los vientos políticos. En este sentido, es importante añadir que el o la empleada pública, a diferencia del empleado del sector privado11, no tenían una ley integral que los cobijara durante buena parte de los años treinta, sólo hasta final de este periodo fue posible la denominada carrera administrativa12. Por tal razón, como demuestran ficcionalmente Osorio y Morales, estos trabajadores públicos giraban entre ministerios con la más absoluta inseguridad laboral, así como eran despedidos o amenazados con este suceso ante algún inconveniente laboral, político o personal. Morales (1936), a través de su personaje de Los de en medio, lo resume así: "los empleados vivían continuamente preocupados de posibles cambios y destituciones, hasta allí en la portería, de la cual nadie debía preocuparse mucho." (p. 121). Por ende, buena parte del mantenimiento de su contrato laboral dependió de las aceptaciones acríticas de empleados y empleadas frente a los deseos y promesas de los directivos ministeriales.
En este voluble mundo laboral, el empleado o burócrata -según estos intelectuales- devenía en poco relevante, parte de una maquinaria que lo alejaba de sí mismo, tornándolo desvanecido en su psicología y sentido social. En esta perspectiva, Osorio afirmaba (citado por Matallana, 2019) que "el burócrata adquiere así una psicología desteñida y triste, limitado a ser un simple componente de una diloquia anónima que ni siquiera tiene el instinto de clase, y que es clara expresión del más anodino e impersonal de los individualismos" (p. 189). Respecto a esta denuncia sobre un individualismo que increpaba negativamente a esta clase social, se puede añadir que una de las campañas más trascendentes de estos años al interior de la clase media para ratificarse en el espacio social fue la lucha contra el egoísmo político, contra el individualismo de clase social que había impedido un movimiento de clase media en Colombia, dado que, según la Federación de Empleados de Bogotá (Nosotros, 1935), se debía apelar "el interés gremial, colectivo y absolutamente incorpóreo de nuestra clase" (p. 5) en contraposición a las individualidades personales o gremiales.
Según este impersonalismo y la " 'psicología desteñida" que según estos autores describían a estos desagraciados trabajadores, entre otros factores, resultan como bases morales para que estos sujetos soporten vidas precarias e insuficientes respecto a su alabada clase social. En este sentido, otro aspecto importante que sobresalen en las obras investigadas es el recurrente abismo trazado por estos autores entre estilo o nivel de vida sugerido y el experienciado. En otras palabras, los y las empleadas de estas obras literarias más que vivir una clase media considerada estable o con ciertos beneficios diferenciales a la clase obrera, sobrevivían ante las adversidades económicas que les imponían unos sueldos relativamente bajos, en donde, según los propios empleados de la Federación mencionada (El Tiempo, 1944) la carestía de la vida no permitía tener una vida acorde a sus necesidades, cuestión que también constató la Contraloría General de la Nación en su informe de 1946. Debido a las consecuencias de la Gran Depresión y luego a la Segunda Guerra Mundial, los altibajos inflacionarios y los problemas políticos hicieron que la vida de empleados y obreros no variara significativamente para mejor en estos dieciséis años (Kalmanovitz, 1998; Archila, 2002). En este marco, entonces, se comprende que César Albarrán expresara, lastimeramente, sobre sus gastos familiares que
la aritmética era inexorable, y en vano la imaginación trataba de estrangularla: treinta pesos de arrendamiento, por la casita sin luz y sin higiene, donde se agotaban seis vidas humildes; uno cincuenta del alumbrado eléctrico; cuatro para Jenara (empleada de servicio) porque la señora no podía ir a comprar el carbón y el recado; dos para el acueducto y por lo menos cinco para otros pequeños gastos imprescindibles. Quedaban treinta y siete pesos con cincuenta centavos para comer, vestir, comprar remedios y atender todas las necesidades de cinco o seis personas durante un mes: esto es, uno veinticinco diarios" (Osorio, 1936, p. 30).
Por su parte, en la novela de Morales Pino se asevera que "la pequeña miseria y el horizonte desesperadamente restringido de la clase media urbana aparecen con toda su trágica intensidad" (Englekirk y Gerald, 1950 citado por Díaz, 2020, p. 26). Esta tragicidad es notable en el endeudamiento constante que fue denunciado una y otra vez por gremios de la clase media (FEB, 1944) y que, no era para menos, los escritores referenciados abordaron como parte constitutiva de estos seres precarizados. Entonces, el acudir a un prestamista (principalmente privado e informal dado que los bancos formales exigían muchos requisitos) era usual y desencadenaba una atadura de tapar un préstamo con otro. El trasegar de César frente al usurero Moisés lo demuestra en la siguiente cita:
La mano de don Moisés gravitaba desde la sombra sobre el Ministerio. Negociaba una década {diez días} y el empleado hacia un compromiso diabólico. Le entregaba el alma y le agregaba el diez por ciento de su sueldo. Porque el día del pago era don Moisés quien recibía de Hipólito {contador ministerial} el cheque, y el inerme que había trabajado se quedaba con las manos vacías y le era necesario implorar al día siguiente la misericordia del usurero, quien accedía nuevamente a recibir la participación que se le ofrecía en el salario que otros ganaban tan trabajosa y monótonamente. Y de esta suerte, el usurero, sentado ante el escritorio donde esperaba a las víctimas implorantes, disfrutaba de una cuantiosa renta, sin esfuerzo ni dificultad, consistente en la suma de los intereses que cobraba sobre los sueldos, y que a veces el mismo Hipólito, por evitarle trabajo y servirle con eficacia, le liquidaba y le entregaba en un solo cheque (Osorio, 1936, p. 218).
De tal forma que, las argucias para llegar a fin de mes son narradas como una constante en estos personajes. Al respecto, es importante agregar que uno de los factores más acuciantes de estos años fue el pago de alquiler de habitaciones o casas en el mejor de los casos, debido a la poca proporción de empleados con casa propia y la baja oferta de alquileres, estos ocupaban en promedio dos terceras partes de su salario (Obrego, 1936; Ruíz, 1936).Además, en lo tocante de lo que podría considerarse como lujo dadas sus condiciones, las dificultades para acceder a vestimenta apropiada se presentaron como aprietos a vencer. Por ejemplo, Lucía Vergara, protagonista de La escala invisible, expresaba que uno de los rasgos "que más llamaba la atención" en los directivos y algunos empleados eran "su indumentaria"12 (p. 41). Lo cual análogamente podría notarse en Betty como pareja de un empleado público exigiéndole a este la compra de vestuario adecuado para su posición social, por más que fuera a base de deuda (Osorio, 1936). En suma, ya sea en Carlos Albarrán, Enrique o Lucía, las situaciones de permanente desasosiego construyeron una vida carente de una clase media acomodada o liberada de los mínimos vitales por lo menos, de ahí se comprende por qué estos autores, principalmente Osorio Lizarazo, consideraran a estos sujetos y su clase social como falsa, flotando constantemente en apariencias para sostener una posición social "espuria".
En cuanto a lo anterior, por ejemplo, en la obra de Morales Pino al describir las tragedias de la independencia y la vida familiar para Enrique y Leonor con sus hijos, Maillard (1969) comenta que "es una visión sin esperanzas y la realidad de la misma esperanza elude al individuo porque, como nos ejemplifica la historia de Enrique, el individuo ve la realidad como una continuación más de la misma monótona existencia sin ninguna promesa de una vida mejor." (p. 90). Es así que, la vida de la clase media es monótona por sus inseguridades constantes, la promesa de vida mejor es falsa. Mientras que en Osorio la cuestión es más específica y cruel, puesto que "la clase media a la que se refiere esporádicamente el novelista, la señala como la representante de la "farsa de la holgura", de la "prosperidad a debe" y se distinguía, por "ganar menos que los de abajo" pero "gastar más que los de arriba" y hacer "milagros para cubrir las apariencias; tomando "pola" (cerveza) y eructando champaña" (Osorio, 1997 citado por Jaramillo, 2016, p. 87). De hecho,Vanderhuck (2012) también resalta la urgencia de Osorio al exteriorizar a esta clase social como imitativa de la clase alta: "«tanto más llena de presunciones y de celos cuanto más artificial era su posición, altiva y desconfiada con los humildes y sumisa ante los altos: los que dan empleos y tienen casas para arrenda»" (p. 33).
En esta perspectiva, una de las tesis más fuertes desarrolladas por estas obras literarias es la de concebir, en primera medida, una clase media que germina en los y las empleadas13 estatales, para luego pasar a indagar sus experiencias de clase social en tanto inconsistentes. Esto es, construyendo unos sujetos alrededor de lo que Osorio y Morales consideran como clase media para luego derrumbar sus pilares en base a una aureola de impropiedad de clase social, cimentada en cercanías con la clase obrera y distorsiones con una identidad en función de la clase alta, así como sufriente de inseguridades laborales, económicas y culturales que no le permitirían -según esta versión que se puede notar en la vida de César Albarrán o Lucía- conformar una verdadera clase media. Estas circunstancias, son notables, por ejemplo, cuando el colega y amigo Hipólito de César Albarrán es ascendido, puesto que apenas se siente "más arriba" de este le corta toda relación por considerándose de un estatus mayor (Osorio, 1936), resaltando Osorio el arribismo -que consideraba como pilar inequívoco- en la clase media.
Así las cosas, es interesante destacar que, si bien estos escritores ponen de manifiesto una literatura social en la que el sujeto protagónico es el de la clase media, resulta llamativo que en buena medida desmoronan los pilares de esta clase social para considerarla aparente y refuerzan, en cierta medida, una sugerida sociedad bipolar. Inclusive, Osorio promovió que la clase media se reconociera como más cercana a la clase obrera y no ligada -según él- imitativamente a la clase alta, en buena medida puesto que tuvo "inclinaciones políticas liberales, radicales en el sentido de que era un intelectual de izquierda, decididamente comprometido con el pueblo" (Matallana, 2019, p. 4). Mientras que Pino Morales no fue activo políticamente como Osorio, así como su pertenencia a una familia más acomodada pudo intervenir en que sus desesperanzas sobre los de en medio no devinieran en su negación final, sino en una búsqueda de refugios ideales como el amor, la pasión intelectual o la creación artística como una vida más plena (Maillard, 1969). Asimismo, esta ambivalencia y cierta invitación a reconsiderar a los sujetos de clase media su posición social no fue novedosa ni única, continúo su marcha décadas después con autores como Álvaro Salom Becerra14.
Con todo, la ficcionalización de estos sujetos identificados con la clase media permitió, entre otras cosas, potenciar un sujeto social relegado por personajes obreros u minorías como indígenas o afrodescendientes, así como poner en tela de juicio -aunque de forma bastante ambivalente y dirigida al lector- lo que se debía concebir como clase media en sus inicios en la geografía social colombiana. Inclusive, el escritor y poeta Darío Samper ratificaba esta afirmación expresando que -analizando la obra de Morales Pino- "escribió relatos sobre el hombre de la ciudad, sobre la gente gris de la clase media en una época que se caracteriza precisamente por la aparición de esta clase entre las estratificaciones sociales en nuestra América" (Samper citado por Díaz, 2020, p. 34).
6. Comentarios finales
Para mediados de la década del treinta del siglo XX colombiano la clase media se había hecho ficción en libros en los que a ciertos personajes -sobre todo empleados públicos- se los identificaba con esta clase social. Con obras como las presentadas, la reproducción de una clase media sufriente, con una trayectoria trágica y un futuro irresoluto se volvió una constante literaria. En esta perspectiva, en diálogo con lo expresado por Altamirano (1997) para el caso argentino sobre la literatura y las clases medias para la segunda mitad del siglo XX, a esta clase social se la ubicó en una especie de purgatorio en el que debía reajustarse respecto a otros valores para poder entrar a un terreno más propio o real y, de esta forma, reconsiderar su posición social, en gran medida debido a las consecuencias políticas que esta tenía en plena efervescencia de movimientos izquierdistas. Esto es notable en Osorio más con una conciencia obrera y en Morales con una focalización en valores superiores como el amor familiar, el trabajo o el arte.
Así pues, lo que para algunas teorías15 era/es usual, como la duda de si la clase media tiene existencia o valores propios o más bien resulta en un sector social imitativo de la clase alta y deviene en una negación dañina de su "verdadera pertenencia", el proletariado, estas obras literarias lo reproducen en sus formas ficcionales; cuestión que continuará su marcha para los siguientes años como puede notarse en la obra de Salom Becerra. Por consiguiente, si bien hay un sustento sólido respecto a que los y las empleadas pertenecen y se han estructurado en base a la clase media colombiana, un movimiento paralelo repercute en interrogar su estilo o nivel de vida a tal punto que se lo redirige hacia la "falsedad social" en común con una especie de "cultura espuria". Esta clase media ficcionada, entonces, retomando a Osorio16 "toma cerveza y eructa champaña".17
En esta perspectiva, es interesante acotar que no solamente es significativo que estos autores incorporen a la clase media en la denominada novela social, sino que es crucial relacionarlo con el contexto histórico en que precisamente por esos años organizaciones identificadas con esa clase social estaban forjando diferentes luchas por constituirse y ser reconocidos en el panorama social con atributos18, necesidades y satisfactores diferenciados a la clase obrera y alta. Igualmente, no puede desprenderse de esto las implicaciones de que Osorio y Morales hayan reproducido una vida lóbrega de la naciente clase media con el tufo cuestionador del destino de esa clase social o, más fuertemente aun, con su existencia real. Paradójicamente, como también ha sucedido desde otras ópticas del conocimiento como las sugeridas anteriormente, los estudios sobre la clase media para Colombia en cierta medida han tenido un lugar en el amplio tema de las clases sociales, pero sin desprenderse de un censor cuestionador que de forma paralela verifica que esa clase media no parece ser una verdadera clase media o, inclusive, tal vez no tiene razón de existir.