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Antipoda. Revista de Antropología y Arqueología

Print version ISSN 1900-5407

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol.  no.56 Bogotá July/Sep. 2024  Epub July 05, 2024

https://doi.org/10.7440/antipoda56.2024.05 

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Reflexiones sobre metodologías colaborativas: proyecto de investigación para el retorno de los ancestros a territorio atacameño lickanantay (2021-2024)*

Reflections on Collaborative Methodologies: A Research Project for the Return of the Ancestors to the Atacameño Lickanantay Territory (2021-2024)

Reflexões sobre metodologias colaborativas: projeto de pesquisa para o retorno dos ancestrais ao território atacamenho lickanantay (2021-2024)

Patricia Ayala** 

Carlos Aguilar*** 

Claudia Ogalde**** 

Benjamín Candia***** 

**Doctora en Antropología de la Universidad Católica del Norte, Chile ‒ Universidad de Tarapacá, Chilé. Actualmente es docente e investigadora de la Universidad de Chile. https://orcid.org/0000-0002-9620-925X , ruth.ayala@uchile.cl .

***Comunero de la comunidad atacameña de San Pedro de Atacama, Chile. caguilarcruz@gmail.com

****Doctoranda en Antropología de la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Tarapacá en Chile. Miembro doctorante del Núcleo Milenio en Turberas Andinas (AndesPeat), Chile. https://orcid.org/0000-0002-4851-7696 c.ogaldeherrera@gmail.com

*****Maestrando en Historia y Arqueología de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Antropólogo de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile. Miembro del equipo docente de la Cátedra de Origen y Evolución Humana en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. https://orcid.org/0009-0005-7230-0963, benjamincandiac@gmail.com .


Resumen:

Desde el siglo XIX hasta el presente, en el territorio atacameño lickanantay, región de Antofagasta, norte de Chile, se han llevado a cabo prácticas arqueológicas de carácter extractivista, sin contar o negando la voz y/o participación de miembros de la comunidad indígena local. Sin embargo, desde inicios del siglo XXI se ha producido un cambio en este sentido y en la actualidad se cuenta con diferentes experiencias de colaboración entre atacameños y arqueólogos. El objetivo del artículo es reflexionar sobre las definiciones y aplicaciones de metodologías colaborativas en proyectos arqueológicos. Para ello, la metodología que utilizamos es una discusión que parte de lo global, pasa por lo nacional y llega a lo local, desde donde abordamos un proyecto colaborativo en particular. Se trata de una investigación realizada entre principios de 2021 y mediados de 2024, que se centra en estudiar la historia del coleccionismo y la patrimonialización de cuerpos indígenas en el territorio atacameño lickanantay, así como en socializar esta información entre las comunidades locales. A partir de este trabajo se concluye que toda investigación en el territorio debe hacerse con el involucramiento y autorización de las comunidades atacameñas. Asimismo, se considera que los atacameños deben dejar de ser los investigados y pasar a ser investigadores que lideren o colaboren en los estudios con sus comunidades y en su territorio. Consideramos que la originalidad de este escrito radica precisamente en aterrizar a un caso concreto una discusión global de la arqueología contemporánea.

Palabras clave: arqueologías colaborativas; arqueologías indígenas; Chile; descolonización; pueblo atacameño; repatriación.

Abstract:

Extractivist archaeological practices have been carried out in the Atacama Lickanantay territory, Antofagasta region, northern Chile, ever since the 19th century, excluding or denying the voice and/or participation of members of the local indigenous community. However, the beginning of the 21st century saw a change in this sense bringing new experiences of collaboration between Atacameños and archaeologists. Our goal is to reflect on the definitions and applications of collaborative methodologies in archaeological projects, through discussion focusing on the global, through the national and finally the local, from where we approach a particular collaborative project. The research, conducted between early 2021 and mid 2024, studies the history of the collection and patrimonialization of indigenous bodies in the Atacameño Lickanantay territory, and socializes this information among the local communities. Based on this work, we conclude that all research in the territory must involve and be authorized by the Atacameño communities. Also, we consider that the Atacameños should stop being the object of research and instead become researchers who lead or collaborate in the studies within their communities and in their territory. The originality of this paper lies precisely in the fact that it brings a global discussion of contemporary archaeology to a concrete case.

Keywords: Atacameño people; Chile; collaborative archaeologies; decolonization; indigenous archaeologies; repatriation.

Resumo:

Desde o século 19 até o presente, práticas arqueológicas de natureza extrativista têm sido realizadas no território atacameño lickanantay, região de Antofagasta, norte do Chile, sem ou negando a voz e/ou a participação de membros da comunidade indígena local. Entretanto, desde o início do século 21, houve uma mudança nessa direção e agora há diferentes experiências de colaboração entre atacamenhos e arqueólogos. O objetivo deste artigo é refletir sobre as definições e aplicações de metodologias colaborativas em projetos arqueológicos. Para isso, a metodologia que utilizamos é uma discussão que parte do global, passa pelo nacional e chega ao local, de onde abordamos um projeto colaborativo específico. Trata-se de uma pesquisa realizada entre o início de 2021 e meados de 2024, que se concentra no estudo da história da coleta e da patrimonialização de corpos indígenas no território atacamenho lickanantay, bem como na socialização dessas informações entre as comunidades locais. A partir deste trabalho, conclui-se que toda pesquisa no território deve ser feita com o envolvimento e a autorização das comunidades atacamenhas. Também se considera que os atacamenhos devem deixar de ser os pesquisados e se tornar pesquisadores que lideram ou colaboram nos estudos com suas comunidades e em seu território. Consideramos que a originalidade deste artigo reside precisamente no fato de que ele traz uma discussão global da arqueologia contemporânea para um caso específico.

Palavras-chave: arqueologias colaborativas; arqueologias indígenas; Chile; descolonização; povo atacamenho; repatriação.

Desde el siglo XIX, en el territorio atacameño lickanantay1, localizado en el desierto de Atacama, norte de Chile, se han realizado prácticas arqueológicas de carácter extractivista, prescindiendo o incluso negando la voz y/o participación de miembros de la comunidad indígena local. Esto referido principalmente a excavaciones con fines coleccionistas y/o científicos, sin considerar las perspectivas locales. Un ejemplo de esto es la arqueología de rescate, la cual tempranamente ha sido asociada con una orientación instrumentalista y acrítica (Rivera 1980). En la actualidad, se vincula a la arqueología de contrato, que ha neutralizado la postura crítica de esta disciplina al relegar su práctica a políticas de desarrollo propias de la expansión capitalista (Gnecco y Schmidt 2017).

Sin embargo, desde comienzos del siglo XXI se ha producido un cambio con diversas experiencias que dan cuenta de la colaboración entre atacameños y arqueólogos. Esta transformación está estrechamente relacionada con enfoques contemporáneos, así como con las arqueologías colaborativas e indígenas, por ejemplo, caracterizadas por su posicionamiento crítico frente al avance de la disciplina históricamente marcada por una orientación positivista, su defensa de la neutralidad científica, su carácter extractivista y la exclusión de los pueblos indígenas. En la búsqueda de caminos alternativos, desde la teoría y la praxis arqueológica se han llevado a la acción instancias y metodologías colaborativas, lo que ha generado un proceso de reflexividad disciplinaria que apunta hacia la integración de comunidades y miembros locales involucrados en diferentes etapas de investigación, además de la ejecución de proyectos de interés local y de beneficio para todas las partes involucradas.

En este contexto, el artículo revisa las definiciones, perspectivas y aplicaciones de metodologías colaborativas en proyectos arqueológicos. Para ello, se presenta un panorama general de las metodologías colaborativas e indígenas en las ciencias sociales y su contribución a la arqueología, descansando sus postulados principales y formas de trabajo con las comunidades, hasta llegar a las experiencias desarrolladas en el ámbito nacional chileno. Más adelante, la reflexión se centra en la zona atacameña, al considerar desde el coleccionismo inicial del siglo XIX y el coleccionismo científico del siglo XX, hasta las investigaciones arqueológicas más recientes, al analizar las relaciones de negación, colaboración, participación e intermediación con la comunidad indígena local. Enseguida, desde la perspectiva de la colaboración construida a lo largo de casi cuatro años de investigación (2021 a mediados de 2024), se aborda el proyecto “Coleccionismo y patrimonialización de cuerpos indígenas en territorio atacameño”, para finalizar con la evaluación de los desafíos y dilemas que enfrenta esta iniciativa. Este proyecto se sitúa en el Salar de Atacama y la cuenca del río Loa, reconocido como el territorio de la etnia atacameña (Ley Indígena de 1993). Se trata de una iniciativa integrada por investigadores pertenecientes al pueblo atacameño lickanantay y profesionales externos2, cuyo interés compartido es trabajar en favor del respeto y la visibilización de las perspectivas indígenas sobre el tratamiento respetuoso de los abuelos o ancestros, razón por la cual la colaboración propuesta en este artículo se produce desde el trabajo interno de esta iniciativa. En cuanto a la escritura de publicaciones, nuestro accionar ha sido variado. En algunas se han sumado quienes pueden o se interesan en llevar a cabo esta tarea, y en otras ha participado todo el equipo, revisando y opinando sobre el escrito de distintas maneras (véase Ayala et al. 2022; Ayala et al. 2023). En el caso de este artículo, los coautores estuvieron a cargo de la escritura, las correcciones y las revisiones del texto, aunque esta tarea se compartió también con otros miembros del equipo.

De lo global a lo nacional

En las ciencias sociales, las metodologías colaborativas comenzaron a desarrollarse a mediados del siglo XX, cuando el conocimiento situado se consideró más eficaz para resolver problemas locales, en contraste a las propuestas universalistas basadas en experiencias externas y de colonialismo científico. Esto en un contexto de cambios sociales, culturales y políticos, caracterizados por movimientos populares como la revolución cubana, la revolución nicaragüense y los movimientos campesinos, con sus procesos de reformas agrarias, paralelos a las dictaduras y sus graves consecuencias. Los fundamentos teóricos de estas metodologías en la antropología son variados, emergen del giro lingüístico y reflexivo, del posmodernismo, el posestructuralismo, el feminismo, el neomarxismo y el poscolonialismo, así como también se nutren de la teología de la liberación, el americanismo y la educación popular, a la vez que de una diversidad de experiencias locales y situadas.

En el caso del cono sur, por los contextos y territorios en los que surgen los enfoques colaborativos y participativos, destacan las teorías de la educación popular y la teología de la liberación, muy ligadas en este proceso. La primera cuenta con el innegable aporte de Paulo Freire y ha logrado ser el sustento teórico y de acción para un gran número de colectivos sociales e indígenas y movimientos populares, los cuales han utilizado estrategias colaborativas para obtener conocimiento de manera colectiva, con el fin de generar cambios sociales y transformar sus realidades (Korol 2015). Por otro lado, la teología de la liberación ha buscado cambiar a la sociedad de modo estructural, poniendo énfasis en el uso de metodologías colaborativas y participativas en su acción con colectivos sociales (Tahar 2007). Específicamente, en el ámbito de la antropología destaca la etnografía en colaboración adelantada por Rappaport (2007), en la cual el trabajo de campo se constituye como un espacio de diálogo y coteorización, en el que se realiza una producción colectiva de conocimientos con un potencial capaz de crear nuevas teorías.

Por su parte, las metodologías colaborativas en la arqueología han sido impulsadas por análisis tanto externos como internos de la disciplina, en los que sobresalen los planteamientos de profesionales indígenas y no indígenas (Atalay 2006; Atalay y McCleary 2022; Ayala 2020; Colwell-Chanthaphonh y Ferguson (2008)). Los cuestionamientos a la práctica y el discurso arqueológico de los movimientos y las organizaciones de pueblos originarios de diversos lugares del mundo, así como las críticas de sus intelectuales, han influido en sus transformaciones teóricas, metodológicas y éticas (p. ej. Biolsi y Zimmerman 1997; Deloria 1970; Mamani 1989; Rivera 1980). En cuanto a las transformaciones internas, las metodologías colaborativas en arqueología se nutren de al menos dos corrientes principales. La investigación participativa de base comunitaria, que se alinea con las críticas provenientes de los estudios poscoloniales y decoloniales, problematiza los orígenes, fines y efectos coloniales de la investigación tradicional (Atalay y McCleary 2022). En este contexto, es contemplada como un camino a la descolonización disciplinaria, que busca mejorar tanto sus prácticas como sus discursos, además de ahondar en la discusión ética con el objetivo de producir un beneficio mutuo para todos los involucrados, en una relación que se desarrolla a lo largo del proceso investigativo. De otro modo, la investigación acción participativa surge entre los investigadores inspirados en el activismo como una manera de trabajar en beneficio de las comunidades excluidas sistemáticamente de la producción de conocimiento científico. Si bien esta metodología ha sido utilizada principalmente entre comunidades del sur global y urbanas de Estados Unidos, con énfasis en la educación y concientización de sus miembros, deja en evidencia profundos vínculos con la teoría marxista y la educación popular (Atalay y McCleary 2022; Kalazich 2015).

A lo anterior, se suma el aporte de las metodologías indígenas propuestas por la intelectual maorí Linda Tuhiwai Smith (2016), caracterizadas por su crítica al mundo académico debido a su negación del conocimiento indígena, al distanciamiento de las investigaciones y, por ende, de sus beneficios para estas poblaciones. Su propuesta kaupapa maorí desafía la dicotomía investigador/investigado, en un contexto en el cual las comunidades se apropian de la investigación con un objetivo de lucha y emancipación, que genera un conocimiento que va más allá de lo crítico y produce teorías locales al considerar conceptos centrales de su filosofía de vida y organización social. Entre otros, cabe mencionar que esta metodología ha repercutido en proyectos que vinculan demandas de repatriación y arqueología (Arthur 2015; Ayala et al. 2023).

Los resultados de este proceso a nivel global posibilitaron el surgimiento, dentro de la arqueología, de metodologías colaborativas e indígenas que tienen en cuenta una praxis emancipadora, el respeto por las creencias y valores propios de estos pueblos, además de la sensibilidad ante sus demandas y la inclusión de estos temas en las agendas de investigación, como una manera de aportar en este sentido (McGuire 2008). Según el autor, el método principal es el vínculo de colaboración a largo plazo, de forma activa y en el cual participan diferentes actores en pro de un esfuerzo conjunto que genere en beneficios mutuos.

En Sudamérica, los ejemplos de proyectos comprometidos con la arqueología colaborativa van en aumento y se caracterizan por aproximaciones teórico metodológicas diversas, que reflexionan desde la integración de la etnografía con fines variados hasta la aplicación de la investigación acción participativa (p. ej. Cabral 2016; Endere y Curtoni 2006; Eremites 2001; Green et al. 2003; Heckenberger 1996; Hernández et al. 2009; Kalazich 2015; Machado 2017; Moi y Morales 2010; Silva y Gomes 2015; Wüst 1998). Al considerar proyectos que se pueden situar dentro de las arqueologías indígenas, contamos con estudios desarrollados por investigadores indígenas y no indígenas de distintos países (p. ej. Benavides 2010; Jácome y Wai Wai 2020; Jofré 2019; Londoño 2010; Machado 2017; Tantaleán 2017). Desde la temprana definición de arqueología indígena entregada por Mamani (1989), en línea con las críticas a la arqueología realizadas por Rivera (1980), hasta las discusiones sobre lo que actualmente se puede definir como arqueología indígena (Gnecco y Ayala 2010; Haber 2010), esta perspectiva teórico metodológica tiene peculiaridades locales y distintas estrategias de relacionamiento en el cono sur, desde donde también se critica el carácter hegemónico, paradigmático y normativo de las arqueologías indígenas norteamericanas y se pregunta por la necesidad de que los indígenas se involucren en la arqueología (Ayala 2020).

En Chile existen experiencias pioneras desde la década de 1970, como las investigaciones arqueológicas ejecutadas por Victoria Castro, Carlos Aldunate y José Berenguer en territorio atacameño (Aldunate y Castro 1981) y por Tom Dillehay (2007) en territorio mapuche, pero no se cuenta con un cuerpo unificado de proyectos colaborativos, sino iniciativas que, desde el siglo XXI, se conectan con la arqueología pública, social, colaborativa, indígena o decolonial (Ayala 2017). De acuerdo con esta última autora, existen dos grandes tendencias para abordar los vínculos con los pueblos indígenas en la arqueología chilena. La más generalizada refiere a proyectos que optan por una participación indígena en actividades de educación, difusión y gestión patrimonial, con un involucramiento limitado a su presencia en charlas informativas y cursos de capacitación, así como a su rol de obreros, informantes u observadores en terreno, sin hacer parte de la toma de decisiones e interpretación del patrimonio arqueológico estudiado (Adán et al. 2001; Álvarez y Godoy 2001; Ayala 2008; Carrasco et al. 2003; Godoy y Adán 2003; Marcos 2010; Seelenfreund 2008).

Por otro lado, se identifica un giro etnográfico (ethnographic turn) en arqueología, en el sentido propuesto por Castañeda (2008), materializado en iniciativas que recurren a herramientas etnográficas para mejorar sus relaciones con la población indígena y local, contemplando sus críticas y demandas, además de mitigar los efectos de sus estudios y enriquecer sus reconstrucciones históricas. Esto promueve un mayor nivel de involucramiento de las comunidades en diferentes etapas del proceso investigativo, así como su injerencia en la selección del problema, metodología e interpretaciones. La lista de trabajos que aplican esta perspectiva es larga: Adán et al. (2001), Ayala et al. (2003), Carrasco et al. (2003), Jofré (2012,2003) , Kalazich (2015), Ogalde (2019), Salazar (2010) y Vilches et al. (2015). A esto se suman las investigaciones que han utilizado la etnografía para estudiar la historia de los vínculos entre los arqueólogos y los indígenas (Arthur 2015; Ayala 2014, 2008; Cárdenas 2001; Paredes 2015). También se han desarrollado proyectos arqueológicos solicitados por los propios pueblos indígenas, como el caso de las experiencias descritas por Uribe, Urrutia y Kalazich (2017) para los aymara de las localidades de Camiña y Nama, y por García et al. (2012) para el pueblo aymara de Quillagua. Asimismo, en el sur de Chile, varias comunidades indígenas han solicitado la colaboración de arqueólogos en demandas territoriales (Hermosilla 2015). En Rapa Nui, miembros de la población indígena rapanui pidieron apoyo profesional para su proyecto de repatriación, cuidado y reentierro de restos humanos (Arthur 2015).

De la negación y participación a la colaboración en territorio atacameño lickanantay

Replicando lo observado a nivel nacional, en el plano local también se identifican dos líneas de trabajo principales entre los arqueólogos y las comunidades atacameñas. La primera se refiere a experiencias de educación, difusión y gestión del patrimonio arqueológico, dentro de las cuales destaca la primera versión del programa de educación patrimonial Escuela Andina del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, así como las capacitaciones otorgadas por diferentes organismos e instituciones y proyectos de puesta en valor y protección de los sitios arqueológicos insertos en circuitos turísticos (Ayala 2014, 2008; Marcos 2010).

La segunda línea de acción corresponde a la inserción de la etnografía en proyectos de investigación arqueológica (Ayala 2017; Ayala y Kalazich 2019). Así, cabe señalar la labor pionera del grupo Toconce desde la década de 1970, integrado por Victoria Castro, Carlos Aldunate y José Berenguer, ya que son los primeros antecedentes de estudios de carácter arqueológico, etnográfico y etnohistórico que, entrelazados y al destacar la etnografía como eje articulador, conformaron un tipo de etnoarqueología en la cuenca del Loa Superior (Castro 2016). Desde una mirada actual, estas prácticas podrían pensarse como los primeros acercamientos para el desarrollo de futuros enfoques colaborativos desde la arqueología en esta área, tanto por la participación de miembros de la comunidad en los proyectos realizados en Toconce, Caspana, Ayquina y San Pedro de Atacama, como por la utilización de los relatos orales locales para aplicar y fortalecer sus investigaciones (p. ej. Carrasco et al. 2003; Uribe y Adán 2003; Vilches et al. 2015). En esta línea, se cuenta con una arqueología etnográfica que caracteriza y analiza los distintos tipos de lazos construidos a lo largo de la historia entre atacameños, arqueólogos y funcionarios del Estado (Ayala 2008, 2007). Asimismo, se identifican vínculos de negación, participación, colaboración e intermediación, que encuentran su correlato en la propuesta del continuum collaborative de Colwell-Chanthaphonh y Ferguson (2008). Si bien este estudio se focaliza principalmente en un sector del territorio atacameño lickanantay, en particular, San Pedro de Atacama, sus alcances pueden dar luces sobre las modalidades de relacionamiento y metodologías utilizadas en otras partes del Salar de Atacama, la cuenca del Loa y Calama, tal como veremos a continuación.

Desde el siglo XIX, en territorio atacameño lickanantay se identifica una importante práctica coleccionista liderada inicialmente por exploradores, viajeros, naturalistas y/o ingenieros como Rudolph Phillipi, Aquinas Reid y Gunard Neygard (Ballester 2021). Posteriormente, se realizó un coleccionismo científico (Turnbull 2020) de la mano de arqueólogos como Max Uhle, Francisco Cornely, Jorge Iribarren, Grete Mostny, Stig Ryden y Gustavo Le Paige, entre otros (Ayala et al. 2022). Esta etapa inicial del coleccionismo y la arqueología se caracterizó por un fuerte énfasis en la excavación de cementerios y la exhibición de cuerpos “momificados”, que reproducían el paradigma de la desaparición y negaban las creencias que las comunidades atacameñas tenían sobre los cuerpos de sus ancestros y objetos asociados.

En especial, existen diversos registros de la extensa tarea coleccionista y arqueológica de Gustavo Le Paige en su permanencia en el territorio (1954-1980), tanto a partir de sus propios documentos como a través de investigaciones de otros profesionales que destacan las entrevistas realizadas a miembros de las comunidades indígenas (Ayala 2008; Ayala et al. 2022; Candia 2022; Cárdenas 2001; Cruz et al. 2020; Pavez 2012). El análisis del tipo de vínculos entre atacameños y Le Paige permite identificar una relación colonial de negación que se traduce en la inexistencia de relacionamiento y/o la exclusión de los indígenas de la práctica arqueológica, además de su negación como sujetos sociales, desconociendo sus significados culturales, valoraciones e intereses vinculados al registro arqueológico. También implica la negación del otro indígena como sujeto con derecho a conocer y opinar sobre las prácticas arqueológicas (Ayala 2008).

Las críticas de los atacameños a la labor arqueológica de Le Paige se asocian, en su gran mayoría, con su excavación desmedida de tumbas, un hecho que estaba en contra de sus valoraciones y creencias sobre los abuelos o gentiles, entidades que habitan el territorio y que inciden en las comunidades vivas. Desde la mirada local, los sitios arqueológicos son lugares y obras de los abuelos, de los gentiles, espacios y cosas que hay que respetar y temer, en los cuales puede “pescarte la tierra” o pueden “agarrarte los abuelos” y producir enfermedades, por lo que es mejor no molestarlos, no visitarlos ni tomar nada de allí (Candia 2022; Castro 2016, 2009; Martínez 2010; Villanueva, González y Ayala 2018). En este contexto, Le Paige trabajó con niños y jóvenes atacameños, a quienes catalogó como sus ayudantes (Finola 2016), mediante una relación basada en la entrega de comida o ropa a cambio de la ubicación de cementerios arqueológicos (Sepúlveda, Ayala y Aguilar 2007). Esta colaboración ha sido cuestionada por miembros de las comunidades, al señalar el rol determinante de los ayudantes atacameños de Le Paige en el desarrollo de la arqueología y museología en el territorio (Cruz et al. 2020), así también se ha analizado desde la perspectiva de las asimetrías de poder (Pavez 2012).

Después de la muerte de Le Paige, en la década de 1980 continuó la excavación de cementerios, desde una arqueología profesional y sin la envergadura alcanzada previamente. De este modo, se siguieron negando los valores y las creencias atacameñas sobre los cuerpos y lugares de los abuelos o gentiles. Además, se insistió en la exposición de cuerpos humanos en el Museo de San Pedro de Atacama y el incremento de las colecciones de esta institución. A pesar de esto y en circunstancias en que no se manifestaba públicamente el desacuerdo local con la arqueología, también es posible identificar relaciones de colaboración entre arqueólogos y atacameños.

Una vez promulgada la Ley Indígena de 1993, los atacameños plantearon fuertes cuestionamientos y demandas de carácter público a la arqueología en documentos y publicaciones, así como en reuniones y actos políticos y reivindicativos. Después de un largo período de indiferencia y/o resistencia por parte de los arqueólogos del Museo de San Pedro de Atacama, en 2001 se comenzó a gestar una política de participación indígena en esta institución para dar respuesta a estos reclamos (Ayala 2014, 2008; Ayala y Kalazich 2019). Las repercusiones de dicho proceso de diálogo y negociación se exponen en la selección de los problemas y metodologías de trabajo en arqueología, así como en la realización de programas de difusión o participación indígena en proyectos de investigación (Ayala 2003 ; Ayala, Avendaño y Cárdenas 2003; Carrasco et al. 2003; Uribe y Adán 2003). Sin embargo, si bien ya no se practican investigaciones basadas en la excavación de cementerios arqueológicos en la actualidad, los proyectos de inversión continúan excavando este tipo de sitios y generando colecciones funerarias en territorio atacameño lickanantay.

Otra modalidad de interacción propia de la era multicultural es la intermediación con un tercero, que se encarga de vincular a una institución o equipo de arqueólogos con la población indígena y local. Tal es el caso de la Unidad de Relaciones con la Comunidad Atacameña del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, creada en 2004. Si bien esta forma de relacionamiento sufrió ciertos cambios a lo largo del tiempo, actualmente corresponde a la Unidad de Vinculación con el Medio de esta misma institución. En 2007, tras casi un año de reuniones y mesas de trabajo, se retiraron los cuerpos y restos humanos de la exhibición permanente y se depositaron en el área de conservación de este museo, decisión que fue bien recibida por las comunidades y que visibilizó el debate sobre la devolución o reentierro de los cuerpos de los abuelos a sus lugares de origen (Sepúlveda, Ayala y Aguilar 2007).

En paralelo, se desarrolló otro hito de la historia atacameña en su búsqueda de un nuevo trato con arqueólogos y museos, correspondiente a la primera repatriación internacional desde el Museo Nacional del Indígena Americano a la comunidad atacameña de Chiu Chiu. Este proceso duró cerca de dos años, junto con reuniones, negociaciones y acuerdos, en los cuales el Consejo de Monumentos Nacionales trató permanentemente de hacer cumplir la legislación nacional y así afirmar la propiedad estatal del patrimonio indígena. Por esta razón, para asegurar el retorno de los abuelos a sus comunidades de origen y reenterrarlos, fue necesario firmar convenios específicos entre las instituciones y las organizaciones indígenas involucradas.

En cuanto a los proyectos de investigación de carácter colaborativo, en los años posteriores se realizó un estudio de arqueología histórica, pensado y propuesto enteramente desde la academia, en el cual la participación indígena se concretó en el equipo de profesionales, el trabajo de campo, el laboratorio, la recopilación, el análisis y/o la integración de la información, así como en reuniones informativas y de solicitud de permiso comunitario (Vilches et al. 2015). A esto se suma la investigación acción participativa realizada por Kalazich (2015) en la localidad atacameña de Peine, al sur del Salar de Atacama. Desde este enfoque, el problema y los objetivos de estudio fueron definidos en conjunto con miembros de la población indígena local y aprobados en asamblea comunitaria, así como los resultados y el manuscrito de esta tesis. Otro ejemplo de investigación arqueológica en colaboración con los atacameños se refiere a un estudio sobre la movilidad y la ocupación histórica en su territorio (Chiappe y Espíndola 2022).

Cabe señalar las iniciativas lideradas por arqueólogos atacameños, las cuales consideran el apoyo de herramientas etnográficas para conocer las percepciones de las comunidades locales sobre las prácticas arqueológicas (Cárdenas 2001), además del avance de los enfoques colaborativos para el estudio de problemáticas socioambientales que afectan el territorio (Ogalde 2019). El área del museo de la Universidad Católica del Norte en San Pedro de Atacama también cuenta con profesionales atacameños que operan directamente con las colecciones arqueológicas, siguiendo protocolos culturales creados por ellos, con apoyo del responsable de esta unidad (Cruz et al. 2020). Asimismo, el Programa de Posgrado en Antropología de esta universidad, en conjunto con la Universidad de Tarapacá, cuenta con estudiantes atacameños de diferentes áreas y profesiones desde su primera generación en 2002. Diversos aportes de estos intelectuales pueden evaluarse a la luz del desarrollo de una arqueología indígena, la cual, sin duda, es heredera de procesos previos que han contribuido a la formación y consolidación de esta disciplina.

En conclusión, la larga historia de relaciones entre los atacameños y los arqueólogos deja en evidencia que no todos los tipos de colaboración tienen el potencial de cambiar la práctica arqueológica, así como no todo tipo de participación indígena conlleva una transformación de las lógicas coloniales aún persistentes en esta disciplina. El tipo de participación y representatividad, así como el modo en que se establecen los nexos, su grado de profundidad y permanencia en el tiempo sí son relevantes a la hora de cuestionar las relaciones de poder. La difusión y apoyo, sin un objetivo de descolonización, reproducen dispositivos colonizadores que legitiman una arqueología tradicional acomodada a los mandatos multiculturales. En este sentido, difundir el discurso arqueológico de manera vertical y unidireccional, sin cuestionar su lugar de enunciación ni el poder con que se entrega, así como incorporar de modo restringido y controlado a los miembros de las comunidades locales, contribuyen a neutralizar los conflictos y las relaciones de poder, además de reforzar una arqueología multicultural funcional para el sistema. Por ello, los vínculos que no cuestionen las dicotomías coloniales de investigador/investigado, observador/exhibido, no indígena / indígena, no implican una descolonización real de la arqueología.

Investigación colaborativa, decolonial y antiextractivista: coleccionismo y patrimonialización de cuerpos indígenas en territorio atacameño

Al conocer los antecedentes expuestos sobre el territorio atacameño lickanantay, se considera imperativo llevar a cabo una arqueología colaborativa y crítica, que se posicione frente a las dinámicas sociales, económicas y políticas que afectan a quienes viven en este espacio y a quienes trabajan con sus comunidades. Creemos que es necesario desarrollar estudios críticos, para así alcanzar un conocimiento transformador que tenga como objetivo contribuir a las demandas sociopolíticas de las comunidades involucradas. Para ello, inspirados en lo propuesto por las antropologías y arqueologías colaborativas y críticas (Ayala 2017; Atalay 2006; Atalay y McCleary 2022 Cabral 2016; Colwell-Chanthaphonh y Ferguson (2008); Green et al. 2003; Kalazich 2015; Machado 2017; McGuire 2008; Moi y Morales 2010; Rappaport 2007; Silva y Gomes 2015), y reflexionando sobre las maneras como se han relacionado atacameños y arqueólogos a lo largo de la historia (p. ej. Ayala 2008; Cárdenas 2001; Cruz et al. 2020; Kalazich 2015), como grupo de trabajo se busca aportar no solo al desarrollo de metodologías de colaboración, sino, sobre todo, a las demandas de repatriación de colecciones de los abuelos o ancestros que salieron de la Lickana o territorio atacameño. Así, queremos tensionar las nociones tradicionales sobre el papel “científico e imparcial” de la arqueología y el afán “protector” de los museos.

Como se vio en el recuento histórico, una parte importante del coleccionismo y de la arqueología en este territorio se ha desarrollado con base en la explotación del estudio y/o consumo, tanto de la materialidad como del carácter etnográfico de ese pueblo, bajo un ímpetu científico tradicional. En efecto, históricamente se ha presenciado un fuerte coleccionismo y extractivismo científico, por lo que han surgido cuestionamientos internos sobre la ubicación de las colecciones sustraídas del Salar de Atacama, la cuenca del Loa y Calama. De acuerdo con estas inquietudes, en 2021 se inició un proyecto colaborativo entre investigadores no indígenas e investigadores atacameños para localizar colecciones de los abuelos y sus objetos asociados, con el fin de trabajar en favor de la discusión acerca de su pronto retorno a sus enterramientos originales y ayudar a restablecer sus roles tradicionales en el territorio o la Lickana (Ayala et al. 2022; Ayala et al. 2023).

La integración de miembros de las comunidades atacameñas ha sido paulatina y ha ido en aumento. En su fase de elaboración, el proyecto fue escrito, discutido y revisado entre una arqueóloga externa y un arqueólogo atacameño, además de ser expuesto ante el Consejo de Pueblos Atacameños del Salar de Atacama, proceso en el cual se integraron dos dirigentes atacameños y se inició el trabajo del primer año con cuatro integrantes. Desde el segundo año se sumaron otros miembros y/o profesionales de las comunidades atacameñas, así como profesionales externos, ya sea por motivación propia o por invitación de parte del proyecto. Actualmente, el equipo está compuesto por doce integrantes, en su mayoría atacameños. Durante el tercer año, nuestros esfuerzos también se centraron en constituir una corporación para continuar operando y acceder a otras fuentes de financiamiento. La conformación del equipo ha relativizado la noción de trabajo de campo, ya que actualmente la mayoría de sus miembros vive en territorio atacameño, a excepción de tres integrantes. En este contexto, el relacionamiento con personas de las comunidades es permanente, aunque para determinadas instancias comunitarias de socialización se han sumado quienes viven fuera del territorio. Cabe mencionar que el proyecto ha adquirido un lugar en la política indígena local vinculada con el patrimonio cultural y es motivo de conversación en distintas instancias.

Con una visión más centrada en la academia, al principio el trabajo fue titulado “Proyecto de patrimonialización y coleccionismo de cuerpos indígenas en territorio atacameño” (2021). Esta iniciativa adoptó los postulados de las arqueologías colaborativas e indígenas, ya que surgió de la inquietud de miembros de las comunidades atacameñas y se enfocó en una de sus demandas más sentidas: el tratamiento respetuoso de los abuelos o ancestros. De esta manera, al trabajar desde la arqueología y la antropología, en conjunto con investigadores atacameños, se espera colaborar y beneficiar a los procesos locales, tanto en términos identitarios como políticos. Se trata de un camino conjunto, en el cual cada uno aporta desde su conocimiento y experticia, además de privilegiar la conversación permanente y honesta sobre temas y experiencias que van surgiendo a medida que se desarrolla el proyecto, en el cual, si bien el grupo de personas tiene distintos orígenes, comparte las ganas de dignificar al pueblo atacameño lickanantay. Se parte de la premisa de que toda investigación en el territorio debe realizarse con el involucramiento y autorización de las comunidades atacameñas. Asimismo, se considera de vital importancia revertir las dicotomías coloniales de investigador/investigado y observador/exhibido. Se contempla que los atacameños deben dejar de ser los investigados y pasar a ser investigadores que lideren o colaboren en los estudios aplicados en sus comunidades y en su territorio, inspirados en una labor culturalmente sensible, que genere espacios seguros y de confianza mutua (Smith 2016).

Desde el comienzo de este proyecto se fueron ajustando las preguntas de investigación y se evaluaron los objetivos, las actividades, los roles e incluso el título original, en concordancia con los análisis surgidos no solamente en el equipo de trabajo, sino también entre otros actores con los que se ha interactuado y dialogado en reuniones, talleres y charlas a nivel local y nacional. Esto ha incidido en una práctica reflexiva permanente y en la evaluación y/o incorporación de estrategias, metodologías y conceptos locales más apropiados conforme avanza la investigación. Si bien inicialmente la pregunta era: ¿qué museos y universidades, nacionales y extranjeras, tienen colecciones de cuerpos humanos y materiales arqueológicos provenientes de los oasis de San Pedro de Atacama?, se cambió a otras que reflejan mejor las inquietudes locales: ¿dónde están nuestros abuelos o ancestros?, ¿cuándo y por qué salieron de la tierra y del territorio?, ¿quién los sacó?, ¿cómo están ahora? El proyecto busca responder a estas preguntas con la finalidad de entregar esta información al pueblo atacameño y promover una discusión respecto al retorno, repatriación y/o reentierro de las colecciones de abuelos y sus objetos. Para ello, se partió de un estudio de coleccionistas y colecciones atacameñas distribuidas en Chile, Estados Unidos, Europa, Argentina y diferentes lugares del mundo. Hasta la fecha se han identificado colecciones atacameñas en doce museos nacionales y catorce museos extranjeros.

Por el momento, el objetivo general de este proyecto es estudiar y comprender el desarrollo de la patrimonialización y el coleccionismo de cuerpos humanos y objetos arqueológicos en territorio atacameño y alrededores. Los objetivos específicos también se han mantenido sin mayores cambios: (1) analizar información documental, bibliográfica y etnográfica sobre el coleccionismo en los oasis de San Pedro de Atacama y alrededores; (2) localizar la presencia de colecciones de cuerpos humanos y/o materiales asociados provenientes del territorio atacameño en museos y universidades nacionales e internacionales; (3) generar un inventario de las colecciones atacameñas localizadas en instituciones chilenas y extranjeras. El estudio se basa en información documental, bibliográfica y etnográfica, así como en datos entregados por los museos y universidades (catálogos, inventarios, cuadernos de notas, publicaciones, etc.) que albergan colecciones de cuerpos indígenas y materiales asociados, tanto en el territorio nacional como en el extranjero.

Metodológicamente, son dos los pilares de esta investigación, por un lado, la búsqueda, el registro, el análisis y la sistematización de los datos sobre las colecciones identificadas en museos nacionales y extranjeros, para lo cual se sigue la metodología de estudios de procedencia empleada en indagaciones de repatriación y estudiada en extenso por Fforde, McKeown y Keeler (2020) 3. Si bien esta labor ha sido realizada por diferentes miembros del equipo, dada la cantidad de trabajo, desde el segundo año del proyecto (2022) se cuenta con el aporte de estudiantes de arqueología de la Universidad de Chile, que desarrollan sus prácticas profesionales en el marco de esta iniciativa. Por otro lado, el segundo pilar de esta investigación se refiere a la labor de socialización con el propósito de integrar a la mayor parte de la comunidad indígena local, además de promover una mayor sensibilización frente a esta temática. Para ello, se consideran estrategias y actividades, sobre todo las vinculadas a conversaciones y entrevistas con miembros de las comunidades involucradas, así como a la organización de reuniones convocadas por el equipo o su participación en instancias planificadas por las propias agrupaciones indígenas o la institucionalidad asociada a esta temática4. En dicho contexto, este proyecto y sus resultados han sido presentados y discutidos en varias ocasiones ante el Consejo de Pueblos Atacameños, entidad que reúne algunas de las comunidades que se encuentran en la cuenca del Salar de Atacama; así también se expuso ante el Consejo de Pueblos del Oasis de Calama, que agrupa a comunidades del área de Calama. Conjuntamente, se ha dialogado con comunidades de Alto Loa y con otras organizaciones presentes en el amplio territorio atacameño, con miras a definir lineamientos y una propuesta común. Además, se difundió en programas radiales locales y se tiene en cuenta la continua participación en seminarios, charlas y encuentros nacionales e internacionales.

Mientras que el primer año este proyecto (2021) funcionó con el aporte del Centro de Estudios Interculturales Indígenas (CIIR), el segundo período (2022) contó con el apoyo del Consejo de Pueblos Atacameños (CPA). Sin embargo, esta propuesta busca la independencia y autogestión, razón por la cual el tercer año (2023) contempló como una línea de investigación la postulación a diferentes fuentes de financiamiento, y consiguió fondos gracias a un concurso público de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. En esta ocasión, el nombre del proyecto se cambió a “Ckas yockonlessickota laycku ckunna muy’ickota / Abriendo lugares para hablar de nuestros abuelos”. Cabe mencionar que, si bien el proyecto original fue dirigido por una investigadora no atacameña, esta iniciativa más reciente fue liderada por un investigador atacameño. En este caso, el objetivo del proyecto fue visibilizar y reforzar las tradiciones ancestrales atacameñas y sus creencias vinculadas con los abuelos o gentiles. Para esto, se invitó a participar en los talleres y conversatorios realizados en Toconao, San Pedro de Atacama, Caspana y Calama, a miembros de las distintas comunidades, asociaciones de regantes y ayllus5 del Salar de Atacama y de la Cuenca del Loa. Estas instancias fueron de gran utilidad para poder estrechar relaciones con los demás miembros de las comunidades atacameñas y fortalecer los conocimientos y las creencias asociadas a los abuelos o ancestros, tanto por parte de los investigadores del proyecto, como de los miembros de las comunidades que participaron en estos talleres. Asimismo, nos sirvió para comprender con mayor profundidad por qué se cree necesario que los ancestros regresen a sus territorios. De esta manera, las opiniones compartidas en estas instancias permitirán evaluar y discutir futuros casos de repatriación y definir protocolos culturales para ejecutar estos procesos de la mejor forma posible, siguiendo los lineamientos locales. El trabajo quedó reflejado en un borrador de protocolo sobre procedimientos para el tratamiento, exhumación, exhibición, retorno, repatriación y reentierro de los abuelos del pueblo atacameño lickanantay, el cual aún está en fase de revisión, evaluación y validación en próximas instancias con miembros de las comunidades atacameñas lickanantay.

Desde un principio, un aspecto fundamental de la metodología de este proyecto ha sido la creación de redes de apoyo y colaboración con programas y grupos indígenas del territorio atacameño y del extranjero. También, se visitaron diversos museos y colecciones dentro y fuera del país, como los museos y depósitos en San Pedro de Atacama, Calama, el Museo Nacional de Historia Natural y el Museo Precolombino, así como los depósitos de la Universidad de Chile en Santiago. Con esta última institución se opera colaborativamente para registrar y estudiar las colecciones atacameñas que resguardan. En Europa, un investigador atacameño de nuestro equipo pudo visitar la colección del Museo de Arte e Historia de Bélgica.

A partir del segundo año (2022), uno de los ejes de concentración del proyecto ha sido la incidencia en la política pública y la generación de instancias, protocolos y políticas adecuadas al tema del tratamiento respetuoso de los muertos y ancestros, a partir de lo cual se ejecutaron reuniones con instituciones y parlamentarios. En este marco, se inauguró un grupo de trabajo con el Consejo de Monumentos Nacionales6 y otras entidades. Esto constituye, sin duda, un avance en un contexto jurídico chileno en el que no existe una ley de repatriación y cuya normativa patrimonial defiende la propiedad del Estado sobre el patrimonio indígena. Del mismo modo, se llevaron a cabo gestiones con parlamentarios orientadas a visibilizar aún más esta temática a nivel gubernamental. A esto se suman las reflexiones y la participación activa en el proceso constituyente de 2022, con el fin de incluir esta temática en las discusiones, y para la aceptación del artículo 1027 sobre repatriación. No obstante, el rechazo de la propuesta constitucional truncó las gestiones constitucionales sobre esta temática. Uno de los dirigentes atacameños del equipo volvió a presentar el proyecto ante la Asamblea Constituyente de 2023, aunque esta vez no quedó plasmado ningún artículo relacionado con la repatriación, sumado a que la propuesta de Nueva Constitución fue de nuevo rechazada por la ciudadanía. Cabe destacar que, durante 2024, miembros del equipo expusieron las demandas atacameñas, los avances de esta investigación y una propuesta de ley de repatriación ante la Comisión de Derechos Humanos y Pueblos Indígenas de la Cámara de Diputados y Diputadas de Chile.

En cuanto a su posicionamiento, este proyecto se define como una investigación colaborativa, ya que nace de las inquietudes del pueblo atacameño y se nutre del trabajo y la cooperación entre diferentes actores que buscan aportar a la reflexión de estas temáticas y procesos sociopolíticos asociados. También es una investigación decolonial porque busca visibilizar las “duras verdades” (Lonetree 2021) y estragos de la colonización y sus repercusiones en los pueblos indígenas, además de dar cuenta de los orígenes y dispositivos coloniales del coleccionismo, la arqueología y los museos. En este sentido, reconocemos el potencial transformador del conocimiento indígena para la investigación (Smith 2016) y creemos que es importante desarrollar un estudio “científico ancestral”, en el cual los atacameños sean investigadores y no solo ayudantes de terreno o laboratorio.

Este estudio puede definirse como antiextractivista, ya que sitúa al equipo críticamente frente al despojo y la violencia sufridos por el pueblo atacameño, causada por las prácticas coleccionistas y científicas realizadas en su territorio. Asimismo, se propone una arqueología no definida por la excavación, la extracción, el estudio y la exhibición de cuerpos y restos humanos y materiales asociados. Se piensa más bien en una arqueología desde la cual se pueden acompañar diferentes procesos gestados al interior de las comunidades. Se cree que llevamos a cabo un trabajo éticamente sensible al considerar las percepciones, opiniones y creencias atacameñas sobre el estudio científico de los restos humanos indígenas.

Palabras finales: desafíos y dilemas de este proyecto colaborativo

Al reflexionar sobre el proyecto ejecutado a lo largo de casi cuatro años, ciertamente su carácter colaborativo es uno de sus mayores desafíos. Si bien el compromiso e interés sirven como unión para aportar a las problemáticas sociopolíticas e identitarias del pueblo atacameño lickanantay, por un lado, los investigadores no atacameños formados en arqueología y antropología cargan con la historia disciplinaria y no siempre es fácil construir relaciones de cercanía y confianza con nuevos actores de este proceso. A su vez, los investigadores atacameños con estudios universitarios en estos campos se enfrentan a una doble militancia, en la cual deben responder tanto a las exigencias de la academia como a las demandas de sus comunidades u organizaciones de pertenencia. Por otra parte, para los investigadores atacameños que no están familiarizados con el mundo académico ha sido complejo ajustarse a algunas de las normas y tiempos que demandan los congresos, las presentaciones públicas, las publicaciones o las postulaciones a proyectos. Paralelamente, para quienes no viven en el territorio ha sido difícil funcionar con los tiempos y ritmos de las organizaciones locales a la hora de coordinar las reuniones, la labor comunitaria o rendir informes.

A esto se suma que el equipo está abierto al ingreso de otras personas interesadas, provenientes tanto de comunidades atacameñas como de instituciones universitarias cerca o lejos del territorio, quienes se van sumando poco a poco a las dinámicas producidas dentro del proyecto, en circunstancias en que su dedicación y trabajo son voluntarios, pues hasta el momento no se cuenta con fondos para honorarios de los investigadores (atacameños y no atacameños). Entonces, el financiamiento ha sido sin duda un reto para esta iniciativa, ya que se ha contado con recursos limitados y varias de las acciones y actividades han sido autogestionadas, razón por la cual la búsqueda de apoyo financiero es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta la diversidad de tareas dentro y fuera del territorio y del país.

Por otro lado, existen otras comunidades atacameñas lickanantay que habitan en el Salar de Atacama, la cuenca del Loa y Calama, a las cuales aún no se ha podido llegar. A pesar de la importancia de hacerlo, limitaciones vinculadas con la distancia, el tiempo, dificultades de transportes y/o económicas han obstaculizado el proceso de socialización y sensibilización de este proyecto. Paralelamente, los tiempos y ritmos de la política indígena local, así como las múltiples ocupaciones de sus líderes y autoridades, han complejizado el relacionamiento comunitario. No obstante, como equipo se reflexiona constantemente sobre cómo subsanar este problema, el cual hasta el momento se ha abordado a través de las redes sociales en espera de que la información sea compartida en plataformas del proyecto creadas en Instagram y Facebook. En todo caso, se busca redoblar los esfuerzos para llegar a las comunidades más lejanas con el objetivo de conversar, informar e invitar a participar en esta iniciativa tan sensible para el pueblo atacameño lickanantay.

Junto con esto, uno de los dilemas a los que se enfrenta la investigación se trata de la cantidad de miradas y procesos políticos y sociales dentro del territorio. Mientras algunos miembros de las comunidades demandan la repatriación y/o reentierro de los cuerpos de los abuelos, otros consideran importante volver a construir el Museo de San Pedro de Atacama, en tanto otras facciones evalúan la construcción de museos en sus propias comunidades. En este contexto, el equipo del proyecto se ha visto demandado por sectores con agendas distintas, por lo que desenvolverse en un contexto de alta complejidad sociopolítica se ha convertido en un desafío, además de estar atravesado por las disputas en torno al extractivismo minero y turístico y sus repercusiones ambientales, políticas y económicas en el territorio.

Para finalizar, cabe reiterar que en Chile no existe legislación para la repatriación, restitución y/o reentierro. La principal institución encargada de estos procesos es el Consejo de Monumentos Nacionales en coordinación con la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena y otros organismos del Estado, los cuales han hecho parte de los procesos de repatriación o restitución liderados tanto por comunidades indígenas como por instituciones museales o universitarias (Ayala 2020). En este contexto, uno de los mayores desafíos es lograr que estas instituciones conozcan las demandas atacameñas por el respeto, la repatriación y el reentierro de sus ancestros. Por ello, en 2022 se realizó una reunión con el Consejo de Monumentos Nacionales y representantes de diversos organismos estatales involucrados en esta problemática, con el fin de exponer el trabajo y explicitar la demanda atacameña de repatriación, para lo cual, además de miembros del equipo, se contó con la asistencia del presidente del Consejo de Pueblos Atacameños. Así, se conformó una mesa con miras a desarrollar acciones conjuntas al respecto. Sin embargo, las agendas políticas propias de tales entidades gubernamentales, así como sus ritmos institucionales, han dificultado continuar con la labor iniciada en dicha reunión, por lo que es imperativo retomar esta propuesta, avanzar en las tareas y cumplir con los compromisos adquiridos.

Frente a los desafíos y dilemas que aparecen, este proyecto busca dignificar al pueblo atacameño lickanantay, al poner en práctica un trabajo colaborativo, aprendiendo y aportando también desde la experiencia de lo caminado en conjunto con otros pueblos del Abya Yala. Como decimos acá en el pueblo atacameño lickanantay: “Alabalti Alabalti; sea bienvenido, bien recibido”, cuando llegamos a la minga.

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* El artículo es resultado del proyecto de investigación “Coleccionismo y patrimonialización de cuerpos indígenas en territorio atacameño”. Fue financiado en 2021 por el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR); en 2022 y parte de 2023 por el Consejo de Pueblos Atacameños y en 2023 por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. Esta investigación fue revisada en 2021 por el Comité de Ética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, institución patrocinante del CIIR. El Consejo de Pueblos Atacameños no cuenta con un comité de ética. La Corporación Nacional de Desarrollo Indígena sigue los lineamientos de la Ley Indígena 19.253. Los avances y resultados del proyecto se han presentado a comunidades atacameñas, así como ante el Consejo de Pueblos Atacameños del Salar de Atacama y el Consejo de Pueblos del Oasis de Calama. Agradecemos a las entidades que han aportado a la realización de este proyecto, así como al Consejo de Pueblos Atacameños de la cuenca del Salar de Atacama, al Consejo de Pueblos del Oasis de Calama y a los miembros de las comunidades atacameñas. Finalmente, nuestros agradecimientos a la School of Social Science - University of Queensland, Australia, por acoger a una de las autoras durante las etapas de redacción de este artículo. Asimismo, agradecemos al equipo editorial de Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología y a los evaluadores anónimos.

1La Ley Indígena N.º 19.253 promulgada el 28 de septiembre de 1993, reconoce a la etnia atacameña, no obstante, a nivel comunitario y entre las organizaciones indígenas locales se emplea también la adscripción “atacameño lickanantay” e incluso “lickanantay”. https://www.subpesca.cl/portal/615/articles-80133_recurso_1.pdf

2Actualmente, el equipo del proyecto está conformado por Christian Espíndola, Cristian Varela (comunidad atacameña de Toconao), Wilson Segovia (comunidad atacameña de Ayquina-Turi), Ulises Cárdenas (comunidad atacameña de San Pedro de Atacama, Icomos Chile), Romina Yere (comunidad atacameña de Toconce), Suyay Cruz (comunidad atacameña de Socaire, Universidad de Chile), Juan Corante (Fundación Ayni) y Claudia Pérez (Fundación Ayni), además de quienes suscriben: Carlos Aguilar (Comunidad atacameña de San Pedro de Atacama), Patricia Ayala (Universidad de Chile), Claudia Ogalde (Universidad Católica del Norte, Chile ‒ Universidad de Tarapacá) y Benjamín Candia (Universidad Academia de Humanismo Cristiano). Aportaron como practicantes de la Universidad de Chile: Joaquín Soto, Sofía Brito, Javier Araya y Fernanda Suárez.

3En el proyecto, la revisión documental y bibliográfica relacionada con el coleccionismo en territorio atacameño considera la consulta de sitios web institucionales, bibliotecas digitales, repositorios, catálogos digitales, bases de datos de colecciones como SURDOC, publicaciones científicas, artículos e informes en línea, además de archivos, libros, revistas, boletines, anales, documentos en físico de las propias instituciones, fichas técnicas, cuadernos, notas de campo, registros museológicos, informes de conservación e investigación, catálogos, inventarios y registros gráficos y audiovisuales. Destacan los cuadernos de notas de Gustavo Le Paige facilitados por el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo R. P. Gustavo Le Paige S. J. (IIAM), aunque no se pudo acceder a su archivo epistolar (Ayala et al. 2023).

4Es importante señalar que las reuniones y talleres de socialización del proyecto, durante el primer y segundo año, no fueron grabadas, solamente se registraron actas a partir de notas escritas. En el tercer año, en cambio, debido a que los talleres organizados se enfocaron en las creencias atacameñas vinculadas con los abuelos o gentiles, además de entregar avances del proyecto, sí se grabaron las reuniones con el consentimiento informado de los participantes.

5A nivel local, allyu se entiende como una comunidad basada en relaciones familiares.

6El Consejo de Monumentos Nacionales es un organismo técnico del Estado que forma parte del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. El consejo fue creado en 1925 y se encarga de la protección y tuición del patrimonio monumental. Es una entidad colegiada, integrada por veintidós consejeros, ninguno de los cuales representa a organizaciones indígenas. Sin embargo, dentro del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural se cuenta con la Subdirección Nacional de Pueblos Originarios.

7“Los pueblos y naciones indígenas tienen derecho a obtener la repatriación de sus objetos de cultura y restos humanos. El Estado adoptará mecanismos eficaces para su restitución y repatriación” (artículo 102, numeral 3, propuesta Constitución Política de la República de Chile, 2022). https://labconstitucional.udp.cl/cms/wp-content/uploads/2022/12/Propuesta-Nueva-Constituci%C3%B3n-Texto-Definitivo.pdf

Cómo citar este artículo: Ayala, Patricia, Carlos Aguilar, Claudia Ogalde y Benjamín Candia. 2024. “Reflexiones sobre metodologías colaborativas: proyecto de investigación para el retorno de los ancestros a territorio atacameño lickanantay (2021-2024)”. Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología 56: 105-130. https://doi.org/10.7440/antipoda56.2024.05

Recibido: 31 de Julio de 2023; Aprobado: 31 de Enero de 2024

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