INTRODUCCIÓN
El consumo excesivo de alcohol es un importante problema de salud pública que contribuye al daño social y económico, y que continúa en aumento a nivel global, tan solo en 2018 la carga de morbilidad mundial relacionada con el consumo de alcohol era casi del 6 % 1. En México, el 71 % de la población adulta ha consumido alcohol alguna vez en la vida, el 49,1 % en el último año, 35,9 % en el último mes y aproximadamente el 4 % ya presenta dependencia 2. En este sentido, el consumo continuado repercute no solo en la salud física, sino en la salud mental de las personas, ya que si bien el consumo inicial es voluntario, las reacciones neurofisiológicas que producen las sustancias en el organismo hacen que con el tiempo la persona pierda la capacidad de controlarse, llegando de esta forma a la dependencia crónica 3.
Además, el acceso al tratamiento es complicado, ya que muy pocas personas lo solicitan. De hecho, de las personas dependientes al alcohol en México, solo el 13,9 % ha solicitado tratamiento 2. En particular, el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol 4,5) generalmente se asocia con mejores resultados en comparación al tratamiento de otras drogas y al de aquellos que no llegan a iniciarlo, pero la recaída posterior continúa considerándose un problema importante 6,7. En este sentido, se menciona que más del 50 % de las personas que se encuentran o terminan el proceso de tratamiento recaen en el consumo 8.
Un factor potencial que podría relacionarse con el riesgo de recaída es el craving por el consumo, que se caracteriza por el ansia o deseo agudo de consumo de alcohol 9,10. Este se manifiesta mediante pensamientos y comportamientos obsesivos-compulsivos que aumentan las ganas irrefrenables por ingerir la sustancia, siendo considerado como la principal característica de la dependencia 11. Además, recientes estudios clínicos indican que el craving, en adultos en tratamiento por adicción al alcohol, se asocia con aspectos como la impulsividad 12, la búsqueda de situaciones novedosas 13, o la ansiedad social 14, considerados como factores predisponentes de la recaída.
Aunado a lo anterior, la capacidad de identificar y controlar emociones como la ansiedad y los impulsos generados por el craving por el consumo podría resultar fundamental a la hora de evitar recaídas o reducir el riesgo de abandono del tratamiento. En este sentido, la evidencia científica señala el papel fundamental de la Inteligencia Emocional Percibida (IEP), constructo que se define como la habilidad para afrontar distintas circunstancias emocionales; dichas habilidades integran la identificación, comprensión y gestión de las propias emociones y las emociones de los demás 15; de acuerdo con la literatura, contar o desarrollar este habilidad personal apoya a enfrentar las altas demandas emocionales asociadas a periodos considerados como estresantes 16,17, tal y como puede suceder durante la abstinencia, reduciendo así las posibilidades de recaída y aumentando la adhesión al tratamiento 18,19. Pese a ello, el papel de la IEP como variable mediadora entre el craving y el riesgo de recaída continua como una variable poco explorada.
Por lo anteriormente expuesto, el objetivo de este estudio fue analizar el efecto de craving sobre el riesgo de recaída en adultos en tratamiento por alcohol, considerando el papel mediador de la IEP. El modelo propuesto se representa en la figura 1.
MÉTODO
El diseño del estudio fue descriptivo, transversal, predictivo y de comprobación de modelo 20,21, con análisis de mediación. De acuerdo con el diseño muestral probabilístico, la muestra fue de 274 adultos (18 - 64 años) internos en diferentes Centros de Rehabilitación contra las Adicciones (CRCA) del área metropolitana de Monterrey, Nuevo León e incluyeron los adultos que otorgaron su consentimiento informado para participar en el estudio y que tuviesen más de 30 días de internamiento. La muestra se compuso por 238 (87 %) hombres y 36 (13 %) mujeres con una media de edad de 26,97 (DE = 8,408). Respecto al estado civil, 52,7 % solteros, 11,3% casados, 22,1 % en unión libre y 13,9 % separados. Los participantes tenían en promedio una recaída (X = 1,43 DE = 2,03) y al menos un internamiento en un CRCA (X = 1.94 DE =1.78).
Instrumentos
Para este estudio se utilizó una Cédula de Datos Sociodemográficos que recopiló datos como edad, estado civil, número de recaídas y número de internamientos, además del tipo de sustancias consumidas.
Para medir el craving se utilizó el Cuestionario de Craving por alcohol (Alcohol Craving Questionnaire [ACQ-Now]), que mide el ansia o deseo agudo que presenta el individuo al momento en el que se coloca el instrumento; cuenta con 47 reactivos, con escala tipo Likert de siete puntos que va de "Totalmente en desacuerdo" a "Totalmente de acuerdo" 22.
La Inteligencia Emocional Percibida se midió con el Inventario de Cociente Emocional (EQ-I) en su versión corta, el cual identifica el grado en el que se presentan los componentes emocionales y sociales en la conducta, mediante el autoinforme. Se compone de 51 reactivos, con escala tipo Likert de cinco puntos que va de "Rara vez o nunca es mi caso" a "Con mucha frecuencia o siempre es mi caso" 23.
El riesgo de recaída se obtuvo al aplicar el Cuestionario de Variables Predictoras de Abandono y Adhesión al Tratamiento (VPA-30), que evalúa el nivel de riesgo de abandono del tratamiento. El instrumento consta de 30 reactivos, con escala tipo Likert de cinco puntos que va de "Muy de acuerdo" a "Muy en desacuerdo" 24.
Proceso de recolección de datos
Una vez obtenida la aprobación de los comités de Investigación y de Ética en Investigación de la Facultad de Enfermería (FAEN) de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), se acudió a cada uno de los CRCA del área metropolitana con la finalidad de exponer a los directivos el propósito de la investigación y aclarar cualquier duda acerca de la investigación; así mismo, se solicitó la autorización por escrito de los directores de los CRCA para el desarrollo del estudio, además del consentimiento informado de los participantes.
Análisis de datos
Se utilizó estadística descriptiva e inferencial, a través de frecuencias, proporciones, medidas de tendencia central y de variabilidad. Se determinó la consistencia interna de los instrumentos mediante el Coeficiente Alpha de Cronbach y se evaluó si existe normalidad por medio de la prueba de Kolmogorov-Smirnov con corrección de Lilliefors; los datos no presentaron normalidad, por lo cual se utilizó estadística no paramétrica. Para conocer la relación entre variables se empleó la prueba de Correlación de Spearman y se aplicaron modelos de regresión múltiple para conocer el efecto de las variables sobre el riesgo de recaída. Todo el proceso estadístico se llevó a cabo utilizando el paquete estadístico SPSS® versión 24.0 para Mac.
RESULTADOS
Análisis descriptivos
A continuación, se describen las correlaciones, medias, desviaciones estándar y fiabilidad de las variables de estudio (tabla 1).
Tabla 1 Estadísticos descriptivos y correlaciones de las variables de estudio

Nota: n = 274, * = p < ,001, DE = desviación estándar; α = Alpha de Cronbach.
Fuente: elaboración propia.
Como se observa en la tabla 1, los resultados señalan la existencia de una relación negativa entre la IEP y el riesgo de recaída (r = -,381, p <,001), así como entre la IEP y el craving por consumo de alcohol (r = -,354, p <,001). El craving y el riesgo de recaída se relacionaron positiva y significativamente (r = ,218, p <,001). Los análisis de fiabilidad indican la existencia de valores adecuados.
Análisis de mediación
Se realizó el análisis de mediación con el fin de conocer el rol mediador de la IEP (M) en la relación entre el craving (X) como variable independiente y el riesgo de recaída (Y) como variable dependiente, en adultos en tratamiento por consumo de alcohol.
Respecto al efecto directo del craving (X) sobre el riesgo de recaída (Y), puede observarse que si bien existe un efecto (B = ,0479; t = ,9132; p = ,361), este no es significativo. En cuanto al efecto del craving (X) sobre la IEP (M), los resultados muestran un efecto negativo y significativo (B= -,2563; t = - 5,897; p < ,001), que explica el 11,34 % de la varianza. Además, el efecto de la IEP sobre el riesgo de recaída (B= -,3549; t = -5,151; p <,001) también mostró ser negativo y significativo, lo cual explica el 11,28 % de la varianza.
En la figura 2 se muestra el efecto total del craving (X) sobre el riesgo de recaída (Y) cuando es mediado por la IEP (M), el cual resultó ser significativo, que explica el 16,09 % de la varianza (B= ,1389; t = 5,688; p <,001). Aunado a los resultados anteriores se realizó el test de Sobel (z = 3,848, p < ,001), que refleja que el efecto de mediación descrito en el modelo ha sido estadísticamente significativo.
DISCUSIÓN
Diferentes factores influyen para que una persona busque tratamiento; entre ellos destaca el fracaso de múltiples intentos por mantener la abstinencia; después de varias semanas o meses sin consumir ocurre la recaída en el consumo y la persona regresa al consumo habitual o aumenta los niveles del consumo anterior tras varios intentos por evitarlo 25. En este sentido, este estudio otorga evidencia científica de que estímulos o factores personales como el craving y la IEP guardan relación con el riesgo de recaer en el consumo de alcohol; aunado a esto existe un efecto importante entre el craving y el riesgo de recaída, cuando es mediado por la IEP. Lo anterior concuerda con diversos autores que destacan que la falta de habilidad para regular emociones, además de no identificar el deseo o ansiedad por la sustancia, conducen al adulto al riesgo de recaer en el consumo recurrente 9,26, en otras palabras, lo lleva al bucle consumo-abstinencia-estímulo-consumo.
De acuerdo con lo anterior, el adulto está en constante interacción con el medio ambiente, así como con diversos estímulos que pueden influenciarlo; cuando el adulto procesa estos estímulos se produce una respuesta 27; es en este momento cuando la IEP cobra importancia, ya que si el adulto posee habilidades para identificar que emociones surgen al recibir el estímulo o craving puede ser capaz de procesarlas y tomar mejores decisiones, las cuales a su vez le permitirán controlar el deseo, y así crear estrategias para afrontar los distintos estados de ánimo negativos generados al no conseguir la sustancia, además de optar por el desarrollo de hábitos saludables que lo alejen del consumo.
En este sentido, en este estudio la IEP proporciona evidencia de que la gestión emocional tiene un efecto directo en el riesgo de recaída; esto aporta conocimiento al ya generado 28-32, en el que se afirma que la IEP puede fungir como proceso para afrontar estímulos como el craving que pueden llevar a una persona al riesgo de recaer en el consumo de alcohol 9,10.
Es precisamente en el mecanismo de afrontamiento en el que radica la importancia de que el adulto adquiera habilidades que le permitan identificar, comprender y gestionar no solo el craving, sino otros factores o estímulos que pudieran disminuir su necesidad de consumo. Por lo tanto, la inclusión de la IEP y del craving en los diferentes tipos de tratamientos o abordajes contra las adicciones pueden ayudar no solo a que el adulto identifique y maneje de forma acertada estos factores, sino que desarrolle estrategias que eviten la recaída en antiguos patrones de comportamiento adictivo.
A pesar de los interesantes hallazgos expuestos, este estudio pone de manifiesto diversos aspectos que se deben considerar en futuras investigaciones. Por un lado, es importante señalar el diseño transversal, lo que dificulta conocer la dirección de las asociaciones entre las variables. Replicar el trabajo con métodos longitudinales podría proporcionar una mayor comprensión del papel mediador de la IEP con relación al craving y el riesgo de recaer en el consumo de alcohol. Sin embargo, los resultados de la investigación siguen la línea de una amplia evidencia científica en relación con el papel de los recursos personales en el afrontamiento de sucesos emocionalmente demandantes 16. Por otro lado, la IEP se evaluó mediante un cuestionario de autoinforme, el cual puede estar asociado a sesgos potenciales como el de deseabilidad social 33. De hecho, algunos autores subrayan que las pruebas de habilidad tendrían una mayor validez 34,35. Por lo tanto, los estudios futuros deben considerar la posibilidad de utilizar pruebas de habilidad de inteligencia emocional o combinar los enfoques de habilidad y de autoinforme.
CONCLUSIÓN
Los resultados de este estudio indican que IEP se asocia inversamente con el craving y el riesgo de recaída, además de que la IEP desempeña un papel significativo como mediador en esta relación. De tal forma, parece que aquellas personas con altos niveles de IEP disponen de más recursos para gestionar sus emociones, lo que podría ayudar a reducir las conductas de craving y, consecuentemente, sufrir un menor riesgo de recaída en el consumo de alcohol. Estos hallazgos sugieren la necesidad de considerar la formación en habilidades emocionales para las personas en tratamiento. Sin embargo, es necesario desarrollar más investigaciones para examinar los componentes específicos de la IEP y las variables mediadoras que subyacen a la relación entre la IEP y la adicción al alcohol, así como desarrollar y evaluar programas formativos de IEP para su uso en el tratamiento de personas en procesos de tratamiento por alcohol y otras sustancias.