Introducción
Estudiar los grupos económicos (CE), dada la importancia que en los ámbitos político, económico, social, tecnológico y normativo han alcanzado (Bamiatzi, Cavusgil, Jabbour y Sinkovics, 2013), es una labor esencial (Whittington, 2002). Estas estructuras corporativas, de grandes dimensiones y con negocios que por lo general tienen una alta diversificación, suelen tener presencia tanto en el ámbito continental (Rodríguez-Satizábal, 2014) como en el global (Silva-Colmenares y Padilla, 2015). Este fenómeno no necesariamente tiene distinciones geopolíticas ni se restringe a contextos específicos como, por ejemplo, el oriental o el occidental (Rodríguez-Romero, 2007).
En América Latina, el estudio de los CE adquirió importancia principalmente entre 1950 y 1960 (Misas-Arango, 1998) y, con mayor auge, en la década de 1970 (Vanoni, 2015). Tal interés surgió cuando diversas investigaciones emergieron como producto de una mayor presencia de los CE en los contextos empresariales, sobre todo durante el proteccionismo que se daba con la implementación de las Industrialización Sustitutiva de las Importaciones (ISI) y posterior a ella, como ocurrió en el caso ecuatoriano (Acosta, 2006, Correa, 2009).
Estudios iniciales (entre los que se destacan los desarrollados por Lagos (1965) y Dahse (1979) en Chile; Misas-Arango (1975) y Silva-Colmeneras (1977) en Colombia; Strachan (1976) en Nicaragua, y Navarro (1976) en Ecuador) son solo una muestra de la importancia que los CE fueron adquiriendo y de la hegemonía que, en la región, tienen actualmente (Casanova, 2015; Barbero y Lluch, 2015). Esto ocurre a pesar de que algunos autores, en particular los vinculados con la corriente de la economía desorganizada (cuyo término es usado para describir la fragmentación de los grupos socioeconómicos en la economía, el Estado y la sociedad civil del capitalismo avanzado), vienen preconizando que este tipo de estructuras y sus conformaciones ya no tienen cabida en la actualidad (Beck, Giddens y Lash, 1994; Castells, 1996; Lash y Urry, 1987; Offe y Wiesenthal, 1985).
El conocimiento de cómo operan los CE, qué variables sub-yacen en su desarrollado y qué tipos de estrategias implementadas han permitido su crecimiento sectorial e internacional es aún incipiente (Vanoni, 2015), a pesar de que existen estudios pioneros y de alto valor académico en Ecuador, como la caracterización de Navarro (1976) y el análisis propuesto por Fierro (1991) sobre la conformación y las interrelaciones entre el capital transnacional y el Estado ecuatoriano, junto a su posterior investigación en la que identificó 52 grupos predominantes en la década de 1980 (Fierro, 1991).
Así, las limitaciones que motivan la investigación sobre las estrategias de crecimiento implementadas por los CE ecuatorianos son múltiples, destacándose: 1) la escasa literatura de investigaciones empíricas acerca de las estrategias que los ce han utilizado para competir local e internacional-mente; 2) la limitada disponibilidad de estudios que, en general, al interior de la literatura se centran específicamente en los grupos económicos, y 3) la literatura existente que ha privilegiado la realización de análisis macroeconómicos, periodísticos o, incluso, de contenidos anecdóticos.
Dados estos condicionantes, y para los fines que se persiguen en este trabajo, nos planteamos como objetivo central de este artículo analizar los resultados obtenidos de la investigación sobre las estrategias de crecimiento más recurrentes implementadas actualmente por los CE en Ecuador. Para ello, se realiza, en primera instancia, una aproximación a las nociones de CE y estrategias de crecimiento para, posteriormente, implementar el muestreo aleatorio como metodología y profundizar en la comprensión individual de cada CE estudiado, definiendo así las estrategias de crecimiento que los caracteriza y mantiene vigentes.
Revisión de la literatura
Nociones asociadas al concepto de grupos económicos
Una de las formas de concentración económica que más resalta en el capitalismo moderno, tanto por su presencia como por su proliferación e importancia en las diversas economías globales, corresponde a los CE (Herzog, Munir y Kattuman, 2013), a pesar de que definirlos siempre será tarea complicada por las múltiples aproximaciones que existen: de carácter social, político o económico (Medina, Sepúlveda y Rojas, 2009).
Sin embargo, una diversidad de autores de diferentes disciplinas coinciden en aquellos puntos en los que los ce tienen similitudes:
Presencia de lazos familiares o vínculos de amistad entre quienes lideran (Hsieha, Yehb y Chen, 2010; Ghemawat y Khanna, 1998; Khanna y Yafeh, 2007; Leff, 1978; Rodríguez-Satizábal, 2014). Los trabajos de Kim Kandemir y Cavusgil (2004), que comparan los ce en países emergentes como Colombia, Corea del Sur, México, India y Turquía, demuestran que los lazos familiares son claves para la conformación de estas estructuras empresariales. En este sentido, Lagos (1965) ya había mencionado que entre familiares o amigos se pueden generar parte de los lazos que se dan entre diversas organizaciones, denominando a este tipo de vinculación como directorios entrelazados, en la que una persona, siendo el líder administrativo de una organización, era al mismo tiempo líder de otra.
Centralización de la dirección y administración (Cainelli y Iacobucci, 2011; Khanna y Yafeh, 2007; Rodríguez-Satizábal, 2014; Silva-Colmenares y Padilla, 2015). Al respecto, Maman (2002) señala, en su estudio sobre los CE de Corea del Sur -chaebols- y los de Israel -grupos de negocios-, que estas organizaciones están sujetas a mecanismos formales e informales, pero que cuentan con una coordinación central y de control de las operaciones.
Relaciones de tipo económico entre las empresas que conforman el grupo (Farías, 2014; Khanna y Rivkin, 2001; Silva-Colmenares, 1977, 2004; Tanriverdi y Venkatraman, 2005). Por su parte, Garrido y Peres (1998) mencionan que "incluso algunos CE incluyen instituciones financieras que, en muchas ocasiones, son la entidad predominante que determina los objetivos comunes" (p. 19).
Estos tres parámetros podrán servir más adelante para identificar si las aseveraciones de los diferentes investigadores en el ámbito global son similares a lo que sucede en la conformación de los CE ecuatorianos, o si existen discrepancias y particularidades. En este artículo se considerará un grupo económico como un conjunto de empresas con relativa libertad de acciones y de toma de decisiones, que pueden o bien concentrar sus actividades y productos en un sector específico, o bien diversificarse por medio de una integración vertical, una expansión horizontal o estructurarse como conjunto de empresas que participan en diversos sectores no relacionados, que pueden incluir instituciones financieras. En muchos casos estas instituciones financieras son la empresa matriz reguladora de objetivos organizacionales, en la que sus participantes tienen vínculos en común de propiedad, familiar y de amistad, sustentados por fines comerciales, de poder y personales.
Con el objetivo de ampliar las similitudes y diferencias de los múltiples autores que han analizado desde varias perspectivas los CE, la tabla 1 presenta de manera sintética las investigaciones que se han realizado.
En la tabla 1 hay diez categorías que se replican en mayor o menor medida. De ellas sobresalen, por su mayor presencia, unidad económica y gestión centralizada, que a su vez se pueden considerar, con base en lo anterior, como características generales de los conglomerados. Una tercera categoría es relaciones personales y familiares, que se considera relevante por encontrase presente en un alto porcentaje en dicho análisis, concordando con los tres puntos de convergencia previamente analizados.
Dado que el estudio de los CE y sus estrategias de crecimiento implementadas son analizados en el contexto empresarial ecuatoriano, es necesario revisar dicha noción, que en el artículo 5 del Reglamento para la aplicación de la Ley de Régimen Tributario Interno y para fines tributarios define como grupo económico al
conjunto de partes, conformado por personas naturales y sociedades tanto nacionales como extranjeras, donde una o varias de ellas posean directa o indirectamente 40% o más de participación accionaria en otras sociedades (SRI, 2016a).
Si bien la literatura reconoce en los CE los tres puntos de coincidencia antes mencionados, la Ley Orgánica ecuatoriana no los identifica dentro de su descripción, centrándose en su definición en el control accionario. Esto posiblemente ocurre porque los grupos económicos son vistos por el Estado solo como una fuente de ingreso para las arcas gubernamentales, obviando su importancia en los diversos sectores de producción del Ecuador como generadores de mano de obra, propulsores de la dinámica comercial del entorno en que se desenvuelven e, incluso, por la responsabilidad ante la sociedad al invertir y confiar en el país.
Con referencia a la definición de los CE por parte del ente gubernamental es Servicio de Rentas Internas (SRI), es importante tener presente lo que explica Silva Colmenares (2004) sobre que los conceptos legales de grupo económico o empresarial coinciden con dos figuras, "la de conglomerado que reúne empresas de igual o cercana actividad, sea en extensión horizontal, geográfica o en integración vertical de procesos. Y el otro es el de holding que controla la propiedad accionaria de conjuntos de empresas" (p. 19).
En relación con la aclaración realizada, es necesario hacer una distinción entre el concepto de conglomerado y el de grupo financiero:
Cuando las necesidades de acumulación así lo exigen, se integran varios monopolios alrededor de una empresa matriz, que opera como el centro común de orientación estratégica para un nuevo ente: el conglomerado. Y cuando se profundiza el entrelazamiento de los monopolios bancarios diversificados con la industria y otros sectores de la economía, aparece el grupo financiero que se caracteriza por trascender el ámbito económico e influir en aspectos políticos y culturales donde haga presencia (Silva-Colmenares y Padilla, 2015, p. 13).
En este mismo orden de ideas, es necesario puntualizar qué es un grupo industrial, restringiendo su estructura a un conjunto de empresas autónomas bajo una dirección general común, pero que se encuentran relacionadas (Cerutti, 2014), lo que implicaría que sus actividades de producción, distribución y servicios están vinculadas a su sector eje.
De esta forma, y de acuerdo con todas las conceptualizaciones anteriores, es importante resaltar que el tamaño de cualquiera de las estructuras mencionadas, sea vía activos, cantidad de producción o por número de empleados, es muy relevante para acercarnos a entender el porqué de su conformación como tales y de las estrategias que decidan implementar.
La literatura reconoce la importancia actual de los CE, aunque la presencia de dichas estructuras empresariales puede ser teórica y empíricamente ambigua (Farías, 2014), dado que existen estudios que explican los beneficios que aportan a sus empresas (White, Hoskinsson, Yiu y Bruton 2008), así como aquellos que hablan de efectos negativos (Carney, Gedajlovic, Heugens, Van Essen y Van Oosterhout, 2011; Monc-keberg, 2015) o nulos (Khanna y Palepu, 2000), y a pesar de que otros teóricos sustenten el fin de sus tiempos (Beck, Giddens y Lash, 1994; Castells, 1996; Lash y Urry,1987; Offe y Wiesenthal, 1985). Sin embargo, en el caso ecuatoriano, estas estructuras aún están vigentes (gráfico 1).
En el gráfico 1 se puede observar la evolución de los CE en Ecuador, pasando de 17 en el 2007 a 200 en el 2016, por lo que es necesario identificar y comprender qué tipos de estrategias de crecimiento han implementado localmente para conseguirlo.
Estrategias de crecimiento
Las estrategias de crecimiento hacen parte constitutiva de las decisiones corporativas que toma la alta dirección de la empresa siendo estas las que: 1) definen los tipos de negocios (sectores) en los que la organización quiere establecerse; 2) delimitan la clase de empresa que se quiere llegar a ser (Wheelen, Hunger y Oliva, 2007), y 3) asignan los recursos que se van a invertir para poder operar (Medina, Constanzo y Sandoval, 2012; Sanabria y Smida, 2015). Esto se ajusta a la idea básica de que las organizaciones implementan acciones que les permiten potenciar sus ingresos para mejorar sus resultados (Bowen y Wieserma, 2005; Markides, 1995).
Como lo explican Medina et al. (2009), la variedad de decisiones estratégicas que se pueden implementar son diversas, si bien en este documento se resaltan aquellas cuya función primordial es la de expandir el negocio. Para alcanzar un crecimiento planificado, la empresa puede optar, en general, por dos vías básicas: 1) concentración o 2) diversificación (Strategor, 1995). En el primer caso, la empresa busca desempeñarse en un solo tipo de negocio o sector industrial, concentrando sus esfuerzos competitivos y desarrollando una actividad particular en la cadena de valor propia del contexto competitivo en el que actúa. En el segundo caso, la empresa busca sectores no relacionados con su negocio central, para diversificar su oferta de producto y minimizar el riesgo de competir en un solo sector (Vanoni, 2014).
Estrategia de concentración
Una vía de crecimiento es la estrategia de concentración, que se caracteriza por que la empresa busca desempeñarse de forma más eficiente en un solo tipo de negocio o en un único sector industrial. Para ello, la empresa concentra sus esfuerzos competitivos y desarrolla una actividad particular dentro del conjunto que constituye la cadena de valor propia del contexto competitivo en el que actúa tradicionalmente (Thompson y Strickland, 2004). Para Bowen y Wiersema (2005), esto implica mantener a la empresa en un área o sector, con el fin de desarrollar y operar habilidades específicas, sin añadir nuevas actividades. La es-pecialización se realiza hasta que la organización alcanza una ventaja competitiva con un único producto, lo que la convierte en especialista en dicha producción ante a sus competidores. La dispersión de recursos se convierte en enemigo de cualquier crecimiento, por lo que la empresa trata de relegar todo el potencial de diversificación (Rodríguez-Romero, 2007).
Se reconocen cuatro formas básicas que la especialización puede adoptar: 1) explotar una tecnología en particular, 2) satisfacer las necesidades específicas de los clientes o centrarse en un segmento concreto, 3) proporcionar un producto estándar a diferentes tipos de clientes y 4) retirarse o abandonar las actividades deficitarias (Strategor, 1995). Cuando las empresas están en un contexto económico desfavorable, se pueden poner en práctica medidas correctivas, con el fin de restablecer una adecuada estructura financiera (Tarzijan, 2013). Estas acciones se realizan a través de abandono de las actividades no rentables y reorientación o concentración de recursos en un sector (Medina, Sepúlveda y Rojas, 2009). Así, es posible especializarse a través de dos caminos: 1) el geográfico, que consiste en "llevar a cabo las elecciones de expansión o de restricción en el mercado pertinente que circunscribe la extensión en el espacio del área de negocio de la empresa" (Strategor, 1995, p. 133), y 2) el de producto-mercado, consistente en "seleccionar pares de productos y mercados, cuyos factores clave de éxito sean idénticos en el negocio" (Strategor, 1995, p. 133). En la tabla 2 se pueden observar algunos de los principales aportes sobre las implicaciones de la estrategia de concentración en las empresas.
Otra estrategia de concentración es la integración vertical o el crecimiento integrado. En esta, la empresa realiza varias actividades de la cadena de valor del sector en el que compite, tomando, en particular, el control de una función que realizaba un proveedor y apoderándose de las labores llevadas a cabo antes por los miembros de su canal de distribución. A través de estas iniciativas, la compañía procura reducir costos, obtener el control de recursos limitados, tener acceso a clientes clave o garantizar la calidad de algún factor de producción (Medina, Constanzo y Sandoval, 2012).
Estrategia de diversificación
Una vía por la que puede optar una empresa es la diversificación, que implica identificar oportunidades en nuevos negocios, ya sea que estos tengan algún tipo de relación con aquellos de los que antes se ocupaba la compañía -diversificación concéntrica o relacionada- o no -diversificación conglomerada o no relacionada- (Vanoni, 2014).
Ansoff (1957) introdujo el concepto diversificación como parte de las estrategias de las organizaciones para ampliar y extender sus operaciones, considerando dos dimensiones: mercados y productos. En general, las empresas ingresan a nuevas plazas con nuevas soluciones, para lo cual deben adquirir o desarrollar nuevas habilidades. Posteriormente, Andersen, Ansoff, Norton y Weston (1959) indicaron que la diversificación consiste en ingresar a la comercialización de modernas líneas de productos. Esto implica adquirir tecnologías para el diseño y la producción, con el fin de atender, con estas innovaciones, los mercados en los que se incorpora la empresa.
De acuerdo con Chandler (1962), la diversificación se origina cuando las empresas intervienen en nuevas industrias, mediante el desarrollo de productos, fusiones y adquisiciones, o a través de la integración de la cadena de abastecimiento. Esto añade valor a la empresa al brindar soluciones a sus clientes y proveedores, y le permite, además, consolidarse como una organización que logra optimizar sus recursos, mientras opera con varias divisiones o líneas de negocios. Rumelt (1982), por su parte, sostiene que la diversificación está relacionada con la variedad de productos comercializados, sin vinculación con los mercados y negocios en los que participa usualmente la empresa, los cuales pueden ser o no producidos por esta. Para Pitts y Hopkins (1982), este concepto explica el grado en que las empresas pueden extenderse para operar simultáneamente en diferentes negocios a través de múltiples soluciones.
La estrategia de diversificación relacionada o concéntrica, de acuerdo con Wheelen etal. (2007), es importante y muy útil en la medida en que la empresa que va a diversificar posea una fuerte posición competitiva y que su competencia distintiva le permita usar esa fortaleza como medio de diversificación. De este modo, se intenta garantizar un anclaje estratégico en un sector en donde la compañía puede hacer uso del know how acumulado en su industria original (Thompson y Strickland, 2004).
La diversificación no relacionada se da cuando la industria en la que actualmente compite una empresa es poco atractiva y, al dificultar la transferencia de capacidades o destrezas existentes a nuevos productos o servicios relacionados, opta por participar en un sector no vinculado con aquel en el que se encuentra (Wheelen et al., 2007). De este modo, la organización deja de mantener el tradicional hilo conductor con su negocio actual y, al participar en nuevos sectores, trata de reducir el riesgo y de mejorar sus flujos financieros (Rumelt, 1982).
Si bien se ha procurado esclarecer cada tipo de estrategia de diversificación, se identifica en la literatura múltiples definiciones y criterios de clasificación alrededor de este tema. En efecto, cada autor, de algún modo, ha proporcionado un significado desde su óptica particular. Esto, según Rumelt (1982), ha impedido la generación de una clara definición o una medida del concepto de diversificación que puedan ser aceptadas de manera amplia por los investigadores de la temática. Ramanujam y Varadarajan (1989) plantean que, cuando se diversifica, se ingresa a nuevas líneas de negocio, ya sea mediante el desarrollo interno o a través de la adquisición de competencias externas. Esto involucra cambios tanto en la estructura organizacional como en los procesos, así como, eventualmente, en otros sistemas de la compañía. Osorio (2009), por su parte, destaca que la diversificación está relacionada con la capacidad para ubicar en el mercado una variedad de artículos y servicios para cubrir de manera adecuada los requerimientos y preferencias de los consumidores. Para Huerta y Navas (2007), la diversificación se produce cuando se explotan los recursos y capacidades subutilizados en ciertas actividades para introducirse en otros negocios o mercados. Otras consideraciones se destacan en la tabla 3.
Como se pudo observar en la tabla 3, los motivos por los cuales las empresas optan por diversificarse son diversos y dependen, entre otras cosas, del tipo de mercado y de las situaciones particulares que se enfrenten. Además, esta estrategia se ha convertido, al parecer, en algo indispensable, sea para que la empresa pueda transformarse, sea para que siga siendo dinámica a futuro (Osorio, 2009).
Metodología aplicada
Para 2016, según el SRI, el número de grupos económicos en Ecuador ascendía a 200, por lo que la investigación parte de dichos datos censales actualizados con la finalidad de estar acorde al ente regulador. Con este universo, se aplicó el muestreo aleatorio simple, que se implementó con la ecuación 1, ya que, para los fines que se persiguen en este artículo, la metodología aplicada es muy útil para poblaciones pequeñas que han sido identificadas y listadas (Ávila, 2006), tal como lo ha hecho el SRI.
Las variables en las que se disgrega la ecuación 1, sus respectivos significados y sus valoraciones se presentan en la tabla 4.
La ecuación aplicada dio como resultado que el número de CE a investigar sería de 132. Al momento de realizar la selección de quienes formarían parte del análisis, se aplicó un cuadro de números aleatorios, para lo cual se numeraron las 200 empresas ordenadas en orden alfabético, y al azar se seleccionaron las empresas que se incluyeron en el estudio. Con la información pública que las empresas deben, por reglamentación, emitir a la Superintendencia de Compañías Valores y Seguros (SC), se identificó cada uno de los grupos económicos y se analizó el número de filiales con las que cuentan.
Se consideraron las dos estrategias de crecimiento predominantes: la de concentración y la de diversificación. Para el primer tipo, se dividieron las empresas en las que se implementan las estrategias de concentración por especialización y las de concentración por integración. Para el segundo tipo, las empresas fueron divididas en aquellas que realizaban una diversificación relacionada y las que aplican la diversificación no relacionada. La tabla 5 ayudará a identificar la estrategia aplicada por cada CE.
Resultados
Con la promulgación del reglamento para la aplicación de la Ley de Régimen Tributario Interno, desde el 2007 los CE presentes en Ecuador comienzan a ser identificados, categorizados y ranqueados de acuerdo con una serie de variables, entre las que se destacan: 1) aportación al impuesto a la renta, 2) impuesto al valor agregado (IVA), 3) impuesto a la salida de divisas, 4) impuesto a los consumos especiales, y 5) impuesto a los activos en el exterior. Al cierre del 2015, los diez primeros CE representaban el 14, 9% del pib1 (sri, 2016b). Esto ratifica lo expresado por Leff (1978): no solo su conformación empresarial los hace importantes, también lo hacen sus aportes al producto geográfico bruto.
Entre el 2013 y el 2015 habían ingresado 25 nuevos grupos; sin embargo, para el 2016, con la metodología empleada2 por el SRI, se incorporaron 75 nuevos participantes (tabla 6). Es importante resaltar que los CE reconocidos hoy no son de reciente existencia -histórica, empresarial y familiar- en sus respectivos sectores productivos; más bien, su presencia era casi desconocida por la sociedad ecuatoriana, dada la poca información pública y transparente que existía sobre ellos (Vanoni, 2015).
La hegemonía de las tres primeras provincias3 que aportan con más grupos económicos recae en Pichincha4, Guayas y Azuay (tabla 7). En el primer caso, en Quito se concentra el poder político (ejecutivo, legislativo, judicial y electoral) y, al ser la capital del país, es donde muchos de los grandes CE nacionales o multinacionales instalan sus operaciones. En lo referente al segundo caso, Guayaquil, es la ciudad con más habitantes5 en el ámbito nacional (INEC, 2016) y la que, desde inicios de la república, ha agrupado a familias terratenientes agroexportadoras de cacao y banano, y vinculadas al sector bancario (Acosta, 2006), siendo además históricamente el principal puerto marítimo. Cuenca es la tercera ciudad de mayor población, donde se asientan grupos familiares del sector de la cerámica, línea blanca y distribución mayorista (SRI, 2016b).
De la tabla 7 se puede deducir que el 49,5% de los CE están en la provincia del Pichincha; 30,5% en Guayas; 5,5% en Azuay; 4,5% para Loja y Manabí; 4% para Tungurahua, y 1,5% en Imbabura. De las 24 provincias del país, solo el 29% registran CE, siendo las provincias de la sierra6 las que predominan con 71,4% sobre las de la costa, con 28,6%, mientras que el oriente y la región insular7 no tienen participación. De los 10 primeros grupos categorizados por su tamaño8, seis están en Pichincha; tres, en Guayas, y uno, en Azuay. No obstante, dicha categorización cambia, pues no guarda relación con la ubicación que los categoriza por tamaño cuando se analizan los pagos al impuesto a la renta causado, detallados en el gráfico 2, los mismos que para efectos visuales hacen referencia solo a los 15 primeros grupos estudiados. Se estableció un rango mínimo9 de 3,5%, y uno máximo 5,2% de aportación10.
Otro aspecto analizado fue la participación de los CE por sectores industriales, para lo cual se los clasificó de acuerdo a la actividad con la que aparecen registrados en la SC. Fueron 20 los sectores industriales que conformaron la muestra de estudio. En la categoría otros, con 5,3% de participación, se identificaron grupos en el negocio de la cerveza, aerolíneas, transporte, servicios portuarios, hotelería e inmobiliarias (gráfico 3).
En el gráfico 3 se destacan, por su participación, los grupos financieros11, que han sido los de mayor influencia histórica en el país (Correa, 2009). Si bien muchos desaparecieron durante la crisis y feriado bancario que abarcó el periodo 1996-1999, algunos quebraron en años posteriores (Vanoni, 2015). De ellos se identificaron 22 grupos que o bien tenían como negocio central el financiero (16 de ellos) o bien dentro de su portafolio de empresas tenían alguna filial involucrada (SRI, 2016b; SC; 2016). La cantidad de filiales que se presentaban variaban en el rango de 1 a 7, lo que daba un total de 40 razones sociales distintas en este sector. Para corroborar la fortaleza de los CE financieros de las diez primeras empresas ranqueadas en el contexto nacional, tres aparecen en los primeros puestos (tabla 8).
Un sector que llama la atención por la incorporación de cuatro nuevos grupos en el 2016 es el educativo-universitario, que solo contaba con uno en el 2010 y que imple-mentaba una estrategia de diversificación no relacionada. De los recientemente ingresados, tres aplican estrategias de especialización y uno de diversificación relacionada. Sorprende encontrarlos dentro del listado proporcionado por el SRI, ya que todos ellos coinciden y destacan de forma general, dentro de su misión institucional, que su razón de ser es: 1) la enseñanza, 2) la formación de líderes emprendedores, 3) la investigación y 4) la contribución al desarrollo del país, descartando los fines de lucro que normalmente persiguen otro tipo de estructuras conglomerales. Sin embargo, cuando observamos los negocios en los que se encuentran sus filiales que lo conforman y la cantidad que poseen, podemos identificar que estas, en algunos de los casos, se alejan del core business central de la institución.
Un aspecto muy importante es el relacionado con la conglomeración del grupo (medido por la cantidad de filiales que posea cada uno), ya que es de esperar que, por un lado, esta reduzca el problema de agencia y, por otro lado, el identificar las filiales por cada CE nos muestra la dispersión que poseen dentro del mismo sector, infiriendo de alguna forma
-esto está en relación al negocio en que se encuentre dicha filial- el tipo de estrategia de crecimiento implementada.
Así se identificó que el número de filiales que cada CE posee en promedio es de 16,4. Aunque se pudo evidenciar que existe mucha dispersión, ya que, así como existen seis grupos con una sola filial, también está el otro extremo en el que uno solo tiene 233, siendo el 3,78% (cinco de los CE) los que tienen más de 83 filiales, dos en el sector financiero, dos en el agroindustrial y uno en el de distribución minorista. El 28% de los grupos tienen menos de 7, lo que revela un alto nivel de filiales por CE (tabla 9).
Una vez realizado el análisis de los CE de manera general, se exponen los resultados obtenidos de la clasificación de las estrategias tanto de concentración como de diversificación implementadas por los grupos estudiados. Además, se identificó que la cantidad de CE que aplicaron una estrategia de concentración fue de 87, y 45 aplicaron la diversificación como estrategia central. Del total de grupos analizados, el 92% era de constitución familiar. De acuerdo a su tamaño, de los 10 primeros grupos, 8 son de tipo familiar (tabla 10).
Nota. *A la base de catastro se le ha adicionado la columna donde las variables asignadas para esta investigación son EF para empresas de caráctersiticas familiares, s para origen societal y P para las públicas.
Fuente: elaboración propia a partir de datos del SRI (2016b).
Las estrategias de concentración pueden relacionarse con la estabilidad que ha tenido el país, sobre todo en el periodo 2006-2014 (Banco Mundial, 2016), siendo esta una manera de incrementar el valor económico del grupo, como lo señala Markides (1995). Esto concuerda con la tendencia global de regresar a la especialización (Batsch, 2003) y dedicarse a la producción de aquello en lo que las empresas son verdaderamente competentes (Bowen y Wiersema, 2005). Además, se destaca en los grupos concentrados un predominio de la especialización y, en menor porcentaje, la integración. En cambio, en los que aplicaron la estrategia de diversificación, la no relacionada predomina sobre la relacionada (tabla 11).
Por otra parte, 60 grupos implementaron la estrategia de especialización, mientras que solo 27 aplicaron la integración. Mientras tanto, 36 escogieron diversificación no relacionada y 9 se inclinaron por diversificación relacionada. De acuerdo con el ranking de los 10 primeros CE identificados y categorizados por su tamaño por el SRI (2016), y señalados en la tabla 12; de ellos cinco optaron por la estrategia de especialización (ocp, Schlumberger, Claro, Banco Guayaquil y Produbanco); cuatro de ellos, por diversificación no relacionada (Banco Pichincha, Almacenes Juan Eljuri, La Favorita y Corporación El Rosado), y uno por integración vertical (Pronaca).
En dicho sentido, el gráfico 4 presenta la participación relativa de los ce que emplean la estrategia de concentración en los diversos sectores donde participan. En ellos se destacan, por su predominio, los grupos financieros, distribución minorista, servicios y automotriz como los de mayor participación.
Esta estrategia de concentración que predomina en Ecuador coincide con los estudios que se han realizado en, por ejemplo, Estados Unidos (Bowen y Wiersema, 2005; Markides, 1995), y Latinoamérica, específicamente en Chile (Medina, Sepúlveda y Rojas, 2009).
Con la finalidad de identificar la participación relativa de los CE que implementan la estrategia de diversificación, el gráfico 5 presenta los sectores en los que estas empresas compiten y donde se identificaron ocho sectores predominantes.
En el gráfico 5 se destacan, por su mayor participación, el sector financiero, y el distribución mayorista y minorista. Los grupos diversificados relacionados tienen participación con sus filiales en diversos sectores industriales, brindando servicios de carácter logístico, administrativo, de inversiones, financiero, entre otros, que en muchos casos parecen totalmente alejados del negocio, pero que en realidad complementan las actividades centrales del grupo. En la barra otros, se encuentran el sector inmobiliario, alimentos, hotelería, pesca, minería y de servicios, los que solo presentan cada uno un participante, implementando la estrategia de diversificación.
Conclusiones
Los CE en Ecuador conforman estructuras que concentran importantes capitales pertenecientes a grupos familiares y que se identifican en el mercado bajo características de sociedades mercantiles, anónimas o limitadas, que demuestran su gestión centralizada y unidad económica en sus filiales, lo que va en concordancia con los puntos en los que converge la literatura en relación con las coincidencias identificadas por los autores. Los CE se han consolidado en el tiempo y han aprendido a amoldarse a los cambios, basados, entre otras cosas, en sus estrategias de crecimiento e, incluso como lo describe la literatura, con la capacidad de moldear el entorno en su beneficio propio.
El periodo de estudio correspondiente a 2007-2016 demuestra que el ingreso de nuevos CE va en aumento. Solo entre el 2013 y el 2016 fueron 90 los incorporados, lo que lleva a cuestionarse las aseveraciones hechas por los teóricos del capitalismo desorganizado, ya que queda demostrado que en Ecuador los CE están vigentes y crecen en número anualmente y que, dadas las regulaciones gubernamentales establecidas, han empezado a ser más transparentes en la presentación de sus relaciones entre la casa matriz y sus filiales. De acuerdo con el Banco Mundial, se puede inferir que la estabilidad política y económica fueron las que, de una u otra forma, influyeron para que los negocios optaran por una estrategia que se centrara en un solo tipo de producto/servicio, es decir, en la especialización.
Hay que destacar también que la investigación es oportuna, dada la importancia que los CE representan para el país en aporte al PIB y debido a que tanto en lo teórico como en lo práctico incrementan, y actualizan el conocimiento, por lo que, desde lo académico, nos permiten conocer qué tipos de estrategias implementan en un entorno político, económico y social diferente al de muchos países latinoamericanos. Desde lo práctico, como lo expresa Fourcade (1992), la estrategia de empresa, sea esta de gran o pequeño tamaño, es determinada por las restricciones que se inscriben actualmente en un contexto global, tanto desde el punto de vista de los mercados como de las tecnologías; más aún, cuando se puede evidenciar que el entorno de las empresas se expande constantemente y los actores principales de la dinámica de la globalización -como lo expresa Tahi (2001)- siguen siendo los grandes grupos industriales y financieros, los cuales sirven de modelo a las pequeñas y medianas empresas.
Como toda investigación, esta tiene sus limitaciones, no solo porque la metodología para ser considerados como un grupo económico no fue proporcionada por el SRI (aunque el artículo 5 del Reglamento para la aplicación del Régimen Tributario da una definición que teóricamente permite comprender ciertas características que son observadas por el ente regulador para incorporarlos como tales), sino porque dada la escaza información histórica sobre los CE no se pudo identificar su génesis, la evolución, ni tampoco las estrategias que han venido implementando en su trayectoria empresarial.
La tendencia de análisis de los grupos económicos ha sido desarrollada en este artículo, básicamente, con un enfoque descriptivo, algo que los autores consideraron oportuno para poder entender cómo estaban conformados los ce en sus respectivos sectores de participación en el entono ecuatoriano y en el período de estudio, motivo por el cual los datos se presentaron describiendo la situación tal y como se presenta en el país investigado. Más aún, cuando la última obra efectuada sobre ellos en el Ecuador fue en 1991, esto generó una brecha temporal de desconocimiento con respecto a su presencia en el contexto nacional. Por esta razón, se brinda un primer avance para estudiarlos con un enfoque distinto al que normalmente recoge la literatura ecuatoriana que aborda el tema, ya que sus estudios han sido predominantemente desde ciencias como la historia, la sociología, la macroeconomía, el periodismo e, incluso, desde enfoques anecdóticos. Pero la literatura no revela análisis desde las ciencias de la dirección y mucho menos desde el campo de la estrategia.
Bajo este escenario, se abren múltiples posibilidades para investigaciones futuras como 1) la historia empresarial ecuatoriana; 2) la evolución de las empresas familiares en ce con presencia no solo local o regional, sino también global; 3) los estudios de las estrategias que implementan los ce utilizando como metodología el análisis de casos; 4) análisis que abarquen la presencia de directorios entrelazados, y 5) las relaciones intragrupos, con la gestión centralizada y con la unidad económica entre grupos. Todos estos son solo unos cuantos temas que pueden ser explorados en profundidad y que alimentarían una base de conocimiento todavía muy incipiente sobre los ce en el Ecuador.