Introducción
Este documento tiene la siguiente estructura: una introducción que presenta los principales cuestionamientos que dieron origen a esta investigación. Un apartado con la metodología de la investigación. Seguido de las metodologías, se presentan los resultados de la aplicación de un instrumento con los resultados más significativos, pero, por las limitaciones de espacio, no se presentan todas las gráficas. Al finalizar el documento se presentan algunas de las principales conclusiones con la recomendación de continuar con el estudio.
En los últimos años se ha vivido una pandemia que obligó a realizar las actividades a distancia. Tuvimos que aprender a vivir en la virtualidad y trabajar a distancia, pero el trabajo realizado por las investigadoras no se quedó al margen y las investigadoras tuvieron que realizar sus actividades en el hogar. Entonces, cabe preguntarse: ¿qué sucedió en este tiempo?, ¿qué pasó con la carga laboral y la carga doméstica?, ¿qué pasa con la familia y los hijos? y ¿qué pasa con la pareja? Estas interrogantes se suman a otros problemas propios de la actividad académica.
Es tan grande el campo de estudio sobre las mujeres que por momentos se omite la carga de trabajo a realizar por las mujeres académicas, mujeres científicas y que se encuentran asumiendo varios roles sociales y, a la vez, construyendo y mostrando las fallas del sistema cuando la mujer queda de lado y no es incorporada a todas las esferas sociales. Las tendencias actuales en la escritura feminista por momentos se alejan de las desventajas que experimentan las mujeres en la academia.
En el caso de las académicas, la falta de recursos para el desarrollo de la investigación. La brecha de género y las diferencias salariales en el campo laboral son problemáticas que enfrentan las mujeres académicas-científicas en el mundo. Por tanto, esta situación se replica en la sociedad mexicana y en el campo de la investigación.
Las mujeres académicas tuvieron que destinar tiempo para: desempeñar tareas de investigación, asistir a actividades académicas, atender situaciones domésticas, cuidar de los hijos, atender a los padres, atender a familiares enfermos. De manera que, lo anterior sumado a la falta de tiempo para otro tipo de reuniones, ha conducido a muchas mujeres a condiciones de estrés, frustración, incomprensión y autoreproche por no dedicar más tiempo a los hijos y a la pareja.
Un concepto relevante en esta investigación es el tema de la división del trabajo en el mercado laboral, tema introducido y estudiado ampliamente por Marx (1975). La división del trabajo no solo se da en la escala productiva, sino también en la familia y en el hogar. Otras divisiones del trabajo que se pueden desglosar son, por ejemplo, el trabajo entre hombres y mujeres; trabajo remunerado y no remunerado; trabajo productivo y no productivo; entre hombres y mujeres académicos, entre otros. Desde la década de los noventa, se iniciaron los primeros estudios, posteriormente se ha estudiado estos temas con más detalle el trabajo de las mujeres académicas. Prueba de ello son los trabajos de Ceci et al. (2014), Doyle y Hind (1998), y Machado-Taylor et. al (2014), quienes analizan los conflictos que se generan entre dedicarse al trabajo científico y la maternidad.
De acuerdo a los estudios sobre la salud mental realizados por la Organización Mundial de la Salud -OMS-(2013), el tema del estrés ocupa un lugar relevante como una enfermedad de actualidad. El estrés es una enfermedad que se enmarca en los padecimientos registrados por la OMS y que ocasionan otro tipo de padecimientos. En muchas sociedades, los trastornos mentales relacionados con la marginación, el empobrecimiento, la violencia, el maltrato doméstico y el exceso de trabajo suscitan una creciente preocupación, particularmente en el caso de la salud de las mujeres.
Las categorías de vida laboral y la vida familiar de autores como Torns (2015) y Camarero et al. (2006) se encuentran ligas una de la otra. Por ello, en los estudios de género aparecen juntas. Durante la primera década del siglo XXI se intensifica el debate científico en torno a la conciliación entre la vida laboral y la vida familiar, siendo un dilema que no alcanzan a solucionar los individuos, un problema funcional que pone en cuestión la estabilidad del sistema socio-productivo.
Para este estudio se toma la conceptualización propuesta por los estos autores Torns (2015) y Camarero et al. (2006) sobre "el sistema socio-productivo", el cual ha estado vigente durante años y su base es la división sexual del trabajo y en una asignación de roles tradicionales asignados al hombre y a la mujer y con el que responden a su sistema productivo de capital. Por otra parte, según Jijena y Jijena (2020), las mujeres sienten la dicotomía trabajo-familia como un conflicto de roles:
El conflicto entre trabajo y familia representa el grado en que las demandas y responsabilidades en uno de los dos roles (trabajo o familia) interfiere en satisfacer las demandas y responsabilidades en el otro rol (familia o trabajo). Algunas personas que asumen ambos roles no experimentan ningún conflicto entre ellos, mientras que otras personas lo experimentan en grado sumo. El conflicto trabajo-familia es considerado una de las dimensiones más significativas de la conciliación trabajo-familia. (p. 15)
Según Byron (2005), el conflicto trabajo vs familia se define como "el comportamiento específico requerido por uno, dificultando el cumplimiento de la responsabilidad del otro" (p. 176). Esta definición retrata la relación bidireccional entre el trabajo y el conflicto familiar o la familia y el conflicto laboral (Frone et al., 1997). En este sentido, los estudios han identificado claramente estas relaciones y se encuentran ya tipificados con las siglas en inglés: WFC (Work Family Conflict).
A nivel mundial, la incorporación de las mujeres al mercado laboral ha generado cambios que han repercutido en todas las esferas de la sociedad. Esto ha generado cambios en aspectos demográficos, institucionales, modificaciones en la esperanza de vida, la estructura de las familias, las relaciones de pareja, la dimensión de la jornada laboral, la incorporación de las mujeres en sectores productivos que anteriormente eran exclusivas de los hombres, ampliación de las matrículas en las universidades, disminución de la natalidad, entre otros aspectos.
La conciliación es un problema social que requiere de la participación de las familias y la corresponsabilidad, pero también involucra a las empresas y a las instituciones públicas. Para abordar este tema, es necesario que esta últimas establezcan mecanismos institucionales que promuevan medidas efectivas para la corresponsabilidad y no solo la conciliación. Por ejemplo, licencias de paternidad con la misma duración que las de maternidad, servicios de guardería, medidas de reunificación familiar, entre otros. Ahora bien, esta también es un problema del Estado, porque se encuentra obligado a proteger, respetar, garantizar y promover los derechos humanos de todas y todos.
Además, es importante recordar que la conciliación no es solo un problema social, sino que también es un asunto de responsabilidad del Estado, quien debe de proteger, respetar, garantizar y promover los derechos humanos de todas las personas, incluyendo el derecho a una vida familiar equitativa. Por lo tanto, el Estado también tiene un papel crucial en la promoción de políticas y prácticas que faciliten la conciliación.
El Estado y el sistema productivo de mercado deben establecer reglas y normas de actuación en donde las empresas y empleadores en general, cada uno en el ámbito de su competencia, deban promover políticas públicas y normativas. El objetivo es que se produzca un aumento en el número de horas que los hombres dedican a las tareas del hogar, equiparando así el número de horas dedicadas por las mujeres. Esto permitiría que hombres y mujeres partan del mismo punto, hablando de corresponsabilidad e igualdad sustantiva, ya que, según muchos autores, la redistribución es una forma de justicia de género. La conciliación corresponsable no solo es oportuna porque es protectora y respetuosa de los derechos humanos, sino que también beneficia económica y socialmente a la familia y sus integrantes (Jiménez y Gómez, 2015).
La falta de aprovechamiento de las capacidades de las mujeres en el mercado laboral tiene consecuencias negativas en la economía, debido a la asignación ineficiente de recursos y la pérdida de capital humano. Esto implica que la economía no pueda operar en su frontera de posibilidades de producción, afectando así su crecimiento. Para revertir esta situación, es importante promover políticas y prácticas que fomenten la inclusión laboral de las mujeres, permitiendo una mejor utilización de sus capacidades y contribuyendo al crecimiento sostenible.
El esfuerzo que realizan las personas para conciliar su vida familiar o personal con su trabajo puede generar una enorme tensión que afecta su rendimiento laboral y su bienestar emocional. Esta situación también puede tener un impacto negativo en las relaciones familiares e interpersonales, ocasionando estrés y daños a la salud. En consecuencia, la conciliación laboral y familiar se convierte en un asunto crucial para garantizar el bienestar de las personas tanto en su vida personal como laboral (Grupo de Información en Reproducción Elegida [GIRE], 2017).
La literatura social anglosajona y otros enfoques sociodemográficos latinoamericanos han identificado importantes cambios en la reproducción de los grupos domésticos y en las relaciones de género dentro del hogar, a medida que la mujer ha asumido un nuevo papel en el mercado de trabajo y en la vida social. Los autores Yanagisako y Collier, (1987), Hareven (1991) y De Barbieri (2004) han abordado esta temática. Asimismo, se han observado cambios en la legislación civil y en las esferas simbólicas y culturales de la vida cotidiana, tal como lo señalan De Barbieri (2004) y Fernández (2014). Sin embargo, persisten brechas de género en el ámbito de la investigación, tanto en el ejercicio de la investigación como en la capacitación y actualización, lo que implica una brecha de género entre hombres y mujeres. En este sentido, se pueden enumerar algunas:
La función, organización y composición de la unidad familiar y del grupo doméstico tienden a conformarse y a cambiar siguiendo patrones de referencia institucionalizados que se hallan social e históricamente determinados. Sin embargo, no hay por qué esperar una homogénea disposición y aplicación de estos patrones para un mismo momento histórico, una misma posición o localización de clase o una misma configuración cultural. Más bien, cabe considerar que tales patrones, aunque funcionen como imperativos económicos o morales para la acción familiar-doméstica, encuentran condiciones y predisposiciones de realización siempre particulares y variables en el tiempo.
El alcance y dinamismo interno de estos patrones parece depender del contenido y de la variación que experimentan los recursos, disposiciones y prácticas (materiales y simbólicos) del grupo, de acuerdo con su origen y trayectoria, etapa del ciclo biológico, localización y movilidad en la estructura social, articulación con otras esferas institucionales. Asimismo, cabe destacar que el contenido de las diferentes relaciones sociales consideradas no solo nos debe llevar a identificar prácticas y comportamientos objetivos, sino también valores, normas y signos (Habermas et al., 1981). Componentes de la acción que en su conjunto hacen de las relaciones doméstico-familiares un ámbito específico y dinámico de reproducción y creación de símbolos, de formas de convivencia y estilos de vida, atravesado por procesos de reproducción material y de situaciones dinámicas y específicas de conflicto y de relaciones de poder, rupturas y modificaciones en su composición, etcétera (Salles y Olivo, 2006). En suman, un conjunto de factores que operan sobre las relaciones que entabla el grupo doméstico familiar (como sujeto colectivo) con sus estructuras de relaciones sociales más amplias.
Los cambios en los recursos, predisposiciones y prácticas colectivas también emergen como efecto de las relaciones interpersonales que tienen lugar dentro de las familias y grupos domésticos. Ellas, a su vez, se ven condicionadas por las disposiciones y trayectorias particulares de vida de los miembros individuales; así como de la emergencia de situaciones coyunturales (internas o externas) que requieren de ajuste en las interacciones y prácticas tradicionalmente desplegadas por el grupo.
El conflicto trabajo-familia (WFC, por sus siglas en inglés) se define comúnmente como "una forma de conflicto entre roles en el que las presiones de los roles de los dominios laboral y familiar son mutuamente incompatibles en algún aspecto" (Greenhaus y Beutell, 1985, p. 78), pero necesario reconocer que esta situación no es exclusiva del género femenino, aunque las evidencias muestran que es la mujer quien tiene más implicaciones psicosociales debido a los cambios en el estado de ánimo y cansancio físico que padecen (Greenhaus y Beutell, 1985).
Metodología
Se realizó una investigación mediante la búsqueda de información de bancos de datos especializados sobre temas como la conciliación familiar, la vida laboral de las mujeres y mujeres académicas. Luego se identificaron diferentes instrumentos utilizados para medir la vida laboral y la conciliación familiar, y se recolectaron y analizaron algunos instrumentos aplicados por ocho instituciones de diferentes países. A partir del análisis de estos instrumentos, se seleccionaron e identificaron los reactivos relevantes para medir los conceptos mencionados anteriormente y se creó un nuevo instrumento. Este instrumento fue piloteado, aplicado y validad por expertos en la mataría. Este consiste en:
a. Encuesta sobre la sobre la Conciliación de la Vida Laboral, Familiar y Personal (CVL) en 2010, esta es una encuesta desarrollada por el Instituto Vasco de Estadística (EUSTAT) de España. Dicha encuesta se construyó con el fin de abordar el análisis relativo a las posibilidades que las personas ocupadas residentes en la C.A. de Euskadi tienen de compatibilizar su vida laboral con la familiar y la personal. La encuesta sobre la Conciliación de la Vida Laboral, Familiar y Personal pretende profundizar sobre las posibilidades de compatibilizar las diferentes facetas mencionadas:
- La laboral relacionada con la vida económica, por la que se percibe una prestación económica. Por ello recibe el nombre de trabajo productivo y está relacionada con el espacio público.
- La familiar relacionada con las tareas domésticas y el cuidado de la familia (hijos menores, personas dependientes, entre otros). Por ello recibe el nombre de trabajo reproductivo y se lleva a cabo en el espacio doméstico.
- La personal relacionada con el espacio y el tiempo propio e individual, en el que las personas se ocupan de sí mismas y se relacionan con su entorno. Por lo tanto, se relaciona con el espacio privado (Torns, 2015).
b) Más Equidad - Resultados Encuesta de Conciliación de Vida Laboral, Familiar y Personal (2020), fue un instrumento financiado por Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) y el Ministerio del Trabajo a través del Sello Equipares para impulsar la equidad de género en el sector empresarial de Colombia. Dicha investigación fue elaborada por el Grupo de Género de la Asociación Nacional de Empresario de Colombia (ANDI) y El Grupo de Trabajo para las Víctimas y la Equidad Laboral con Enfoque de Género del Ministerio del Trabajo. Las variables que se estudiaron fueron el conflicto trabajo-familia y conflicto familia-trabajo. Una vez establecidas las variables, se seleccionó el grupo de estudio. La población seleccionada fueron profesoras e investigadoras que realizan actividades de investigación en una Universidad de México, la UNAM, que respondieron el instrumento. Las investigadoras forman parte de la comunidad universitaria y tienen un nivel académico de maestría y doctorado.
Existen evidencias de la construcción y aplicación de varios instrumentos en condiciones metodológicas apropiadas, por lo que se decidió construir un nuevo instrumento a partir de los reactivos. Una vez validados, se revisaron y organizaron apropiadamente. Cabe señalar que en los reactivos del instrumento no se caracterizó una pregunta exclusivamente relacionada con el estrés, pero se incluyeron algunos reactivos que dan cuenta del fenómeno. De acuerdo con Padrós Blázquez et al. (2012) los sujetos de estudio no reconocen su condición psicosocial cuando se les pregunta directamente. Por tal motivo, no se realizaron preguntas directas sobre el tema.
Esta encuesta se desarrolló con la finalidad de poder reconocer los múltiples cambios que se generaron en los hogares en el marco del aislamiento obligatorio vivido en el país desde marzo 2020.
El instrumento quedo constituido por treinta y un reactivos: en el Apartado 1. Información general: se aplicaron dos reactivos únicamente; Apartado 2. Responsabilidades familiares domésticas: dieciocho reactivos; Apartado 3. Labores domésticas y preparación de alimentos: siete reactivos; y Apartado 4. Actividades personales (formación y aprendizaje): cuatro reactivos. El instrumento se depositó en una plataforma utilizando Google Forms y se invitó a investigadoras y docentes que realizan investigaciones y que pertenecen a la comunidad académica de la UNAM. El instrumento se suministró a cincuenta investigadoras.
Resultados
Los resultados que se presentan son los vinculatorios con la conciliación de la vida familiar y laboral. A continuación, se presentan algunos de los principales resultados.
Respecto a las dificultades que las investigadoras tienen para compatibilizar sus responsabilidades académicas con las familiares, la mayoría respondió no tener dificultades para atender los compromisos y responsabilidades con su familia. Solo el 16,7 % de quienes respondieron dijeron tener mucha dificultad para atender las responsabilidades familiares, es decir, entre ocho y nueve investigadoras (ver gráfica 1).

Fuente: elaboración propia.
Grafica 1 Dificultad para compatibilizar el trabajo con las responsabilidades familiares
Por otro lado, el número de horas que las investigadoras dedican a sus diversas actividades se encuentra distribuido de la siguiente forma: el trabajo remunerado es el concepto al que se le dedican mayor número de horas. Posteriormente, tanto el trabajo doméstico, como la atención al resto de la familia y el tiempo personal ocupan el mismo tiempo, es decir entre tres y cuatro horas a la semana (ver gráfica 2).

Fuente: elaboración propia.
Gráfica 2 Distribución de las horas semanales dedicadas a al trabajo y al hogar
Un dato relevante es que todas las investigadoras declararon dedicar algún tiempo a la preparación de alimentos en casa. El 100 % de las encuestadas, es decir, las cincuenta investigadoras preparan alimentos en casa (ver gráfica 3).
Respecto a la pregunta sobre si realizan labores domésticas las investigadoras, un 42,95 % respondió que no y un 57,1 % respondió sí realizar labores domésticas. Se puede interpretar como que al tener un mayor ingreso, pueden contratar a alguna persona que les apoya en la realización de las actividades domésticas. Sin embargo, siguen estando a cargo de esa actividad, ya que la supervisan indirectamente (ver gráficas 4 y 5).
Las investigadoras respondieron que sí dedican tiempo para la formación académica y actividades de aprendizaje. Esto se entiende, dado que en las evaluaciones anuales se requiere haber tomado cursos de actualización. Del total de respuestas obtenidas un 85,7 % de quienes respondieron reconocieron haber realizado este tipo de actividades (ver gráfica 6).
Por otro lado, respecto al tiempo dedicado a actividades sociales, culturales y de ocio, el 57,1 % de las investigadoras aceptó no realizar este tipo de actividades y solo el 42,9 % sí realiza actividades sociales, culturales y de ocio, necesarias para una buena salud mental (ver gráfica 7).
Para la elaboración de este documento, se han seleccionado solo las respuestas más relevantes y significativas debido a la limitación de espacio. No se han incluido todos los resultados obtenidos durante el proceso de investigación para evitar que el documento se vuelva demasiado extenso y difícil de leer.
Conclusiones
Entre las conclusiones obtenidas a partir de la presente investigación, se destaca la necesidad de ampliar el estudio a otras instituciones de educación superior, con el fin de obtener una muestra más representativa y extender los resultados obtenidos. Asimismo, se considera fundamental continuar con la aplicación del instrumento diseñado para confirmar las tendencias observadas en la universidad que fue objeto de estudio y, de esta manera, contribuir a la construcción de un panorama más amplio sobre el tema en cuestión.
Se estratificaron los resultados respecto a las preguntas relacionadas con el estrés, tales como sí: "¿considera que reparte de forma equilibrada el tiempo que dedica a sus necesidades personales, familiares y laborales?", "¿qué tipo de medida de conciliación considera que podrían ser aplicable en su institución, y qué le ayudarían a solucionar sus problemas de conciliación familiar?", "¿considera que reparte de forma equilibrada el tiempo que dedica a sus necesidades personales, familiares y laborales?", entre otras. Estos resultados indican la presencia de niveles de estrés y ansiedad entre las investigadoras, los cuales no son reconocidos ni aceptados.
Teniendo en cuenta las limitaciones del alcance del estudio, se concluye que otro de los resultados de la investigación es que las mujeres enfrentan condiciones de estrés y dificultad para conciliar la vida familiar y el trabajo académico. Además, se observa que las mujeres suelen asumir la mayoría de las tareas de educación y cuidado de los hijos, así como de la atención del hogar, lo que genera una mayor brecha entre hombres y mujeres.
Las brechas que existen entre hombre y mujeres condicionan la participación de esta a la investigación, colocando limitaciones para este tipo de actividad. En este sentido, podríamos decir que las instituciones premian las actitudes masculinas tales como la dedicación de horas extras, las cuales en muchos de los casos no son remuneradas.
A menudo, las personas llevan trabajo a casa como una forma de mantenerse al día con sus responsabilidades laborales, lo que se traduce en menos tiempo disponible para otros propósitos. Sin embargo, es importante señalar que las políticas y prácticas universitarias pueden desempeñar un papel clave en la promoción de la diversidad, la multidisciplinariedad, la empatía y la inclusión. De hecho, según Acker y Armenti (2004), las universidades han logrado cierta equidad en términos de género. Aunque esta investigación muestra algunos indicios de este hecho, es necesario continuar el estudio para obtener resultados más amplios y concluyentes.
Los hallazgos de los estudios recientes y que corroboran los resultados de esta investigación, es que los problemas relacionados con la maternidad y el desarrollo profesional y de investigación provocan estados de ansiedad, fatiga y estrés, variables dañinas que se incorporan a la vida diaria de las mujeres académicas. Las mujeres encuentran formas y medios para sobrellevar y resistir esta dinámica acelerada y competitiva. La única respuesta dada es trabajar más y dormir menos, dañar la salud, y en este sentido, podría considerarse poco "empoderada".
Este estudio muestra que las mujeres investigadoras siguen siendo responsables de las actividades fundamentales del cuidado del hogar. Las fuertes cargas que significa el tiempo dedicado al trabajo durante la semana, le restan tiempo para otro tipo de actividades. Por lo que, para poder cumplir con todas las actividades domésticas, le deben restar tiempo a algo y ese algo son las horas de descanso y tiempo para actualizarse profesionalmente tanto como quisieran.
Las investigadoras deben hacer muchos esfuerzos para poder ascender en las escalas académicas y acceder a los reconocimientos en sus instituciones, tales como dedicar menos tiempo al cuidado de los hijos, la actualización profesional o el cuidado de familiares. Sin embargo, estas prácticas de explotación laboral son a menudo recompensas con ascensos y reconocimientos. La falta de mujeres en puestos directivos dificulta la implementación de nuevos modelos de liderazgo que fomentan la conciliación y la comunicación efectiva.
Según Magadley (2019), el conflicto entre la carga laboral y la vida familiar no es exclusivo de las mujeres en el ámbito académico. Sin embargo, su estudio muestra que son las mujeres las más perjudicadas por esta situación, lo cual es consistente con otros estudios sobre el tema. Por lo tanto, aunque el impacto del conflicto laboral familiar afecta a ambos géneros, es importante reconocer las desigualdades de género y trabajar hacia soluciones equitativas.
Los roles de género tradicionales y la división sexual del trabajo han impedido, tanto a hombres como mujeres, ejercer plenamente sus derechos y partir de una misma base que les permita tener igualdad de oportunidades de crecimiento y desarrollo. En el caso de las mujeres en la diplomacia, sus derechos laborales se han visto afectados, ya que, independientemente de su trabajo remunerado, continúan con mayores cargas de trabajo no remunerado en lo relativo al trabajo doméstico, principalmente del cuidado hacia alguno o algunos de los miembros de la familia núcleo o la familia extendida (Martín, 2005).
La irrupción masiva de las mujeres en el mercado laboral no se ha correspondido con una menor carga de trabajo en el hogar o una redistribución de los roles tradicionales de género, sino que más bien ha reforzado la doble jornada femenina. Es decir, su inserción al trabajo remunerado no ha implicado una corresponsabilidad con los hombres de las tareas domésticas y de cuidado; al contrario, se ha normalizado que las mujeres lleven a cabo un doble rol, que realicen una conciliación de dos esferas que tienen exigencias y dinámicas propias y que en muchas ocasiones interfieren entre sí. Para las mujeres que trabajan, las responsabilidades familiares que sostienen les representan problemas adicionales, consecuencia de la misma desigualdad y la falta de una corresponsabilidad y de una redistribución de la división sexual del trabajo (GIRE, 2017).
La fuerza laboral femenina es un recurso subutilizado en el mercado, ya que las mujeres científicas a menudo tienen que dedicar tiempo a las tareas domésticas, lo que impide desarrollar plenamente su potencial intelectual y científico. Esto también les impide disfrutar de momentos de descanso y tiempo libre, así como de la oportunidad de pasar más tiempo con sus seres queridos (Fernández, 2014).
La vida familiar y laboral son dos esferas que están estrechamente interconectadas, y los roles que se desempeñan en cada una pueden generar conflictos entre ellas. Estas inconsistencias suelen tener consecuencias negativas, como la fatiga, la disminución del rendimiento, la sensación de falta de competencia, el malestar en el trabajo y la insatisfacción laboral (Hussain, 2021).
Una solución ideal que se puede desprender de los resultados es que el hombre y la mujer asuman una ocupación y ambos las tareas domésticas. Esto es:
-En el campo laboral delimitar la jornada laboral, estableciendo estrategias para cumplir con las demandas de trabajo contratado.
-En la esfera de lo personal queda en el aire, pues es de donde se saca tiempo para cumplir con la actualización profesional.
-En lo familiar, distribuir las actividades entre los miembros de la familia, lo que representa una negociación entre sus miembros, pero que constituye un gran dilema, replantear el trabajo doméstico entre sus integrantes, representa una lucha contra lo establecido.
En conclusión, el concepto de conciliación de la vida laboral, personal y familiar ha ganado mayor relevancia en los últimos años, buscando lograr una armonía entre dos ámbitos que suelen entrar en conflicto: el laboral y el familiar, siendo las mujeres quienes más sufren las consecuencias. Esta fragmentación y conflicto puede generar situaciones de explotación laboral, opresión y desigualdad, incluso llegando a violar los derechos humanos. El malestar personal, familiar y social resultante de esta situación puede tener un efecto en ambos espacios (McDowall y Kinman, 2021).