Introducción
El envejecimiento es un proceso natural, gradual, heterogéneo e irreversible (Brijaldo, 2021), en el que aparecen síntomas como el dolor. El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable, relacionada o similar a una lesión tisular real o potencial que se presenta a lo largo del ciclo vital (Asociación Internacional para el Estudio del Dolor, 2020; Raja et al., 2020). La aparición del dolor, sea crónico o agudo, es una experiencia multidimensional (psicobiofísica-sociocultural), atemporal (se padece en cualquier momento del ciclo vital), indiscriminada (no distingue sexo, raza ni religión ni condición social), inasible, comunicable e intransferible que resulta desagradable y no deseada (Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor [ACED], 2007; Cerquera et al., 2019). En el adulto mayor, el dolor se asocia con la pérdida de independencia funcional, siendo el síntoma más reportado que causa discapacidad en las actividades cotidianas (Cabrera, 2019) y afectación en la calidad de vida (Guerrero y Gómez, 2019; Martín et al., 2019). También, se ha encontrado que el dolor persistente puede ocasionar depresión, ansiedad, alteraciones en las relaciones sociales y personales, en los patrones de sueño, pérdida de apetito y de peso, así como un aumento de los costes sociosanitarios (De Andrés et al., 2014).
Un estudio realizado en Colombia, en la Encuesta Nacional de Dolor (ACED, 2002), con 1320 personas, reportó que el 18.6 % eran pacientes de 55 o más años, un 68.1 % de los casos eran de sexo femenino, un 50.4 % manifestó haber tenido algún dolor en el último mes, la cabeza, el abdomen y los pies fueron los sitios con más alta localización; para el alivio del dolor un 33.5% se automedicó, mientras que el 26.8 % asistió a consulta médica; el 39.7 % vio interrumpida su actividad diaria, siendo el trabajo y el estudio las labores que se suspendieron con mayor frecuencia. Igualmente, según el estudio nacional sobre prevalencia, características e incapacidad asociada al dolor en la población colombiana (Guerrero y Gómez, 2019), de las 1583 personas encuestadas, la prevalencia de dolor crónico fue del 47 %, con mayor presencia en las personas de sexo femenino y mayores de 46 años, aumentando su prevalencia con la edad; respecto a la calidad de vida, las variables más afectadas fueron el trabajo, la esfera emocional y el sueño. En este orden, se ha encontrado que un 25 % a 48 % de adultos mayores experimentan dolor a diario, y esta cifra aumenta a un 85 % en los institucionalizados (De Andrés et al., 2014). La mayoría de las enfermedades crónicas que padece la población mayor conllevan al dolor, con un impacto muy alto por la interferencia que provoca en su quehacer cotidiano. Trujillo (2008) identifica algunas consecuencias del dolor, que pueden incluir limitación en movimientos, disminución en las actividades de socialización, depresión, trastornos del sueño, así como el aumento de uso y consumo de los recursos de salud.
Por tanto, la evaluación del dolor en el adulto mayor resulta importante para establecer objetivos de tratamiento y comprobar su eficacia (Saéz et al., 2015). Sin embargo, existen barreras en la evaluación del dolor en dicha población, como son la pluripatología, la polimedicación, la dificultad en el empleo de escalas, así como dudas frente al significado del dolor. No solo hay barreras referentes al paciente, los familiares y médicos, también, se encuentra la confusión de edad con irreversibilidad de ciertos procesos tratables y mitos como la presbialgesia (respuesta reducida al dolor) (Catananti y Gambassi, 2010). En este punto, se considera que los profesionales de la salud tienden a infraestimar el dolor, mientras que la familia o los cuidadores de los pacientes tienden a sobreestimarlo; por lo que su detección, cuidado y tratamiento requiere de una atención especial (De Andrés et al., 2014). Para evaluar el dolor en el adulto mayor existen mediciones cuantitativas y cualitativas, entre ellas está el autorreporte como el método estándar, más apropiado, preciso y confiable para la identificación y cuantificación del dolor, por ser una experiencia altamente subjetiva (Kim et al., 2017). Por tanto, el autorreporte es considerado una medida válida para todas las edades y que puede ser empleado en pacientes que tienen enfermedades leves a deterioro cognitivo moderado (Kim et al., 2017). No obstante, pocos de estos instrumentos están estandarizados para la población adulta mayor (De Andrés, 2014). En este sentido, investigadores han usado escalas de caras, atendiendo a que las expresiones faciales son indicadores confiables de intensidad de dolor (ACED, 2007). Dentro de estas se encuentra la Escala de Caras de Dolor Revisada (Hicks et al., 2001), que presenta evidencias importantes de validez y confiabilidad (Miró et al., 2005a; Miró et al., 2005b; Merino, 2018). Sin embargo, los estudios psicométricos sobre esta escala se han enfocado principalmente en niños (Hicks et al., 2001; Miró et al., 2005a).
Teniendo en cuenta que el dolor es de carácter multidimensional y una experiencia subjetiva, participan otros factores como el catastrofismo ante el dolor. Este constructo hace referencia a la percepción mental exagerada y negativa con respecto a la experiencia de dolor, sea esta real o anticipada (Olmedilla et al., 2013), y puede contribuir a que esta experiencia sea más intensa, dado que aumenta el foco de atención y la respuesta emocional ante estímulos dolorosos (Sullivan et al., 2001). Para su evaluación existen instrumentos, como la Escala de Catastrofización del Dolor, que evalúan tres dimensiones: la rumiación, que hace referencia a la centralización de pensamientos enfocados en el dolor; la magnificación, el cual es un proceso donde el dolor se representa de una manera sobrevalorada, y la desesperanza, relacionada con la sensación de incapacidad para hacer frente a la experiencia de dolor (La Serna y Maraví, 2018). Sobre esta escala se han encontrado estudios de validación en Canadá (Sullivan et al., 2001), México (Seyler et al., 2014) y España (Olmedilla et al., 2013; Miró y Huguet, 2008).
De igual forma, la fatiga, definida como el cansancio que se exterioriza en las esferas corporales y mentales, es frecuente en edades avanzadas; sin embargo, en esta población no suele ser evaluada rutinariamente ni suele ser reportada al personal de salud (Brijaldo, 2021). Este síntoma es asociado con diagnósticos de ansiedad, depresión, demencia, entre otros (Pedraz, 2018); asimismo, la fatiga es un síntoma que tiene mayor prevalencia en las personas con dolor crónico. Uno de los instrumentos utilizados es la Escala de Siluetas de Fatiga, la cual ha demostrado evidencias de validez convergente y discriminante en adultos mayores con dolor en población española (Brijaldo, 2021; Miró et al., 2019).
A partir de lo anterior, se identifica la necesidad de evaluar las propiedades psicométricas de los instrumentos desde la teoría clásica de los Test, debido a que se reconoce la carencia de estudios que analicen estas propiedades de las escalas en adultos mayores en el contexto colombiano. Por una parte, se espera analizar la fiabilidad en términos de consistencia interna de las tres escalas (Caras de Dolor Revisada, Siluetas de Fatiga y Catastrofización del Dolor) y, por otra parte, analizar la validez de constructo por medio de Análisis Factoriales Exploratorios en una muestra de adultos mayores del área metropolitana de Bucaramanga.
Método
Diseño
Esta investigación se desarrolló bajo un enfoque metodológico cuantitativo de tipo instrumental (Montero y León, 2002).
Participantes
El estudio contó con la participación de 131 adultos mayores seleccionados de forma no probabilística por conveniencia, con una edad media de 70.2 años (DE = 8.8 años), 44.3 % del sexo masculino y 55.7 % del femenino, que no presentaron enfermedades físicas no corregidas o neuropsiquiátricas. Los criterios de inclusión fueron: Tener 60 años o más, ser habitante de Bucaramanga o área metropolitana, aplicar las pruebas con aparato de corrección si presentaba discapacidad auditiva o visual. Como criterio de exclusión se consideró: presentar alguna enfermedad neurológica o neuropsiquiátrica.
Consideraciones éticas
Según la legislación colombiana, el estudio se enmarca dentro de la investigación en seres humanos con Riesgos Mínimos (Artículo 11, apartado B) de la Resolución n.° 008430 de 1993. De igual manera, se contó con un consentimiento informado, según la ley 1090 del 2006, que reglamenta el ejercicio de la psicología, y se siguieron los principios expuestos en el Manual Deontológico y Bioético del Psicólogo (Colegio Colombiano de Psicólogos, 2019).
Instrumentos
Ficha sociodemográfica. Se empleó para recolectar información sobre el sexo, la edad, la escolaridad, el estado civil, si se encontraban institucionalizados o no e información relacionada con antecedentes clínicos. En ningún momento se registró información sobre el nombre o identificación.
MINI Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional adultos (Ferrando et al., 2000). Esta entrevista estructurada es diagnóstica de breve duración (aprox. 15 minutos) y explora los principales trastornos psiquiátricos del CIE10 y DSM IV. La MINI adultos fue adaptada al español, demostrando adecuados puntajes de confiabilidad interevaluador (coeficiente Kappa) y test-retest (entre .63 y .92), se usó para verificar la presencia de trastornos neuropsiquiátricos como criterio de exclusión, con el fin de que no existieran trastornos que pudieran afectar las respuestas de los participantes y, en consecuencia, la validez y confiabilidad de los instrumentos.
Escala de Siluetas de Fatiga (Miró et al., 2019). Es un instrumento que consta de seis figuras o siluetas y cada una representa un nivel creciente de fatiga. La figura situada al extremo izquierdo se le asigna la ausencia de fatiga o sin fatiga y las que se ubican al lado derecho gradualmente representan un incremento del nivel de fatiga hasta el extremo derecho que simboliza mucha fatiga; esta escala se puntúa de 0 a 10. Esta Escala ha demostrado validez convergente con la Escala FACIT (r = .72, p ˂ .00) (Miró et al., 2019).
Escala Caras del Dolor, Revisada (Hicks et al., 2001). Este instrumento consiste en una medida de autoinforme de la intensidad del dolor percibido, contiene seis caras que son presentadas de forma horizontal. Para su ejecución se debe escoger la cara que mejor refleja la intensidad del dolor que se experimenta, asignándole un valor numérico de 0 a 10 a cada cara, donde 0 representa ausencia de dolor y 10 significa mucho dolor. En cuanto a las propiedades psicométricas, en estudios anteriores con adultos mayores, la escala demuestra una confiabilidad test-retest entre .44 y .7, y una validez de criterio con el Termómetro del Dolor presentando correlaciones positivas y significativas entre .77 y .93 (Miró et al., 2005b).
Escala de Catastrofización del dolor (Sullivan et al., 1995). Es una escala autoadministrada de 13 ítems. Los participantes toman como referencia sus experiencias dolorosas pasadas e indican el grado en el cual experimentaban cada uno de los 13 pensamientos o sentimientos en una escala Likert de 5 puntos, que va de 0 (nunca) a 4 (siempre). De la escala se obtiene una puntuación total que refleja el nivel de catastrofismo ante el dolor, y comprende tres dimensiones: rumiación, magnificación y desesperanza. El intervalo de puntuación del instrumento se sitúa entre 13 y 62, las puntuaciones bajas indican escaso catastrofismo, y los valores altos, elevado catastrofismo (Olmedilla et al., 2013). En cuanto a la fiabilidad de la escala, en estudios anteriores demuestra un alfa de Cronbach de .81 y una varianza explicada del 54.4 % (Olmedilla et al., 2013).
Procedimiento
Después de realizar la adecuación del consentimiento informado y de los instrumentos en formato impreso, se procedió con el contacto y selección de los participantes de forma no probabilística por conveniencia en instituciones como asilos, instituciones educativas y espacios de congregación de adultos mayores del área metropolitana de Bucaramanga. Los participantes que firmaron el consentimiento informado y cumplieran con los criterios de inclusión y exclusión procedían a dar contestación a los instrumentos de forma anónima (ficha sociodemográfica y escalas) para, posteriormente, realizar la sistematización y el análisis de los datos.
Análisis de datos
Para el análisis de los datos se empleó, por una parte, el software estadístico SPSS, versión 27, con el fin de realizar análisis descriptivos univariados de las variables sociodemográficas y las puntuaciones de las Escalas Caras de Dolor Revisada, Siluetas de Fatiga y Catastrofización del Dolor, y análisis específicos de confiabilidad de consistencia interna de alfa de Cronbach y omega de McDonald. Por otra parte, se utilizó el software FACTOR para realizar el análisis de validez de constructo con análisis factoriales exploratorios (Lloret et al., 2014).
Resultados
Los resultados se presentarán en tres secciones; la primera, corresponde al análisis de las características sociodemográficas de la muestra participante; en la segunda, se presentan los análisis de normalidad y descriptivos de las tres escalas empleadas en el estudio; finalmente, en la tercera sección, se encontrarán los análisis referidos a la validez y fiabilidad de cada una de las escalas Caras de Dolor Revisada, Siluetas de Fatiga y Catastrofización del Dolor.
Características sociodemográficas de la muestra
En el estudio participaron 131 adultos mayores, de los cuales el 19.1 % eran institucionalizados y el 80.9 % no se encontraban institucionalizados. Adicionalmente, se evidenció que el 32.8 % de los participantes presentaba un estado civil casado, seguido de soltero con un 32.1 %, el 18. 3% era viudo, el 12. 2% separado y el 4.6 % eligió la opción otro. Con respecto al nivel de estudios, se encontró que el 31.3 % habían finalizado el bachillerato, el 28.2 % contaba con estudios de primaria, mientras que el 19.1 % tenían estudios universitarios, el 8.4 % alcanzaron un nivel técnico o tecnológico, el 6.9 % contaban con estudios de posgrado y el 6.1 % reportó ninguno.
Análisis descriptivos de las escalas
En primera instancia, el análisis realizado para las Escala de Siluetas de Fatiga (ESF), Caras de Dolor Revisada y Catastrofización del Dolor, correspondiente con el estadístico Shapiro-Wilk, mostró una distribución no normal de los datos para todos los instrumentos (p ˂ .001). Asimismo, en la Tabla 1 se presentan los resultados descriptivos de las Escalas con respecto a la mediana, percentiles, asimetría y curtosis de cada uno de los ítems que las componen.
Escala Siluetas de Fatiga | Me | P25 | P75 | Asimetría | Curtosis |
---|---|---|---|---|---|
1. En estos momentos, ¿cuál es la figura que mejor expresa (el nivel de) la fatiga que tiene? | 2 | 0 | 2 | 1.16 | 0.51 |
2. ¿Cuál figura expresaría el nivel de fatiga que de media ha experimentado durante la última semana? | 2 | 0 | 4 | 0.95 | -0.04 |
3. ¿Cuál figura expresaría el nivel de fatiga más alto que ha experimentado durante la última semana? | 2 | 0 | 4 | 0.72 | -0.71 |
Escala Caras de Dolor Revisada | Me | P25 | P75 | Asimetría | Curtosis |
1. Durante la última semana, ¿cómo valorarías el peor dolor que ha experimentado en su , en la escala de caras de aquí debajo? | 2 | 0 | 4 | 0.47 | -0.89 |
2. Durante la última semana, ¿cómo valorarías el dolor que ha experimentado de media en su en la escala de caras de aquí debajo? | 2 | 0 | 4 | 0.65 | -0.63 |
Escala Catastrofización del Dolor | Me | P25 | P75 | Asimetría | Curtosis |
1. Estoy todo el tiempo preocupado y pensando en si el dolor desaparecerá. | 1 | 0 | 2 | 0.74 | -0.78 |
2. Siento que no puedo seguir así. | 1 | 0 | 2 | 0.64 | -0.90 |
3. Es terrible y pienso que nunca mejorará. | 0 | 0 | 2 | 1.18 | 0.13 |
4. Es espantoso y siento como si el dolor me controlara. | 0 | 0 | 2 | 1.28 | 0.63 |
5. Siento que no puedo soportar más. | 0 | 0 | 1 | 1.30 | 0.45 |
6. Tengo miedo de que el dolor empeore. | 0 | 0 | 2 | .78 | -0.91 |
7. Pienso continuamente en otras ocasiones en las que he tenido dolor. | 0 | 0 | 2 | .82 | -0.67 |
8. Quiero desesperadamente que el dolor desaparezca. | 2 | 0 | 4 | .04 | -1.74 |
9. No puedo dejar de pensar en ello. | 0 | 0 | 2 | 1.11 | -0.01 |
10. Pienso continuamente cuánto daño me hace. | 1 | 0 | 3 | 0.72 | -1.01 |
11. Pienso continuamente en lo mucho que deseo que el dolor se acabe. | 1 | 0 | 3 | 0.37 | -1.49 |
12. No hay nada que pueda hacer para que el dolor desaparezca, o al menos se aligera. | 0 | 0 | 1 | 1.34 | 0.65 |
13. Me pregunto si puede pasar algo grave. | 0 | 0 | 2 | 0.80 | -0.85 |
Nota: Me, Mediana; P, Percentil.
Análisis de validez y confiabilidad de las escalas
Escala de Siluetas de Fatiga (ESF): Para realizar el Análisis Factorial Exploratorio (AFE), se inició con la extracción de la matriz de correlaciones policórica (teniendo en cuenta la distribución no normal y el número reducido de reactivos) (Lloret et al., 2014), la cual evidenció adecuadas correlaciones entre los tres ítems, presentando valores entre .71 y .91. Posteriormente, se calcularon las pruebas de KMO (.68) y esfericidad de Bartlett (chi cuadrado = 369.7, p ˂ .001). El KMO indica un valor mediocre que puede estar influido por el número reducido de ítems y el tamaño de muestra; no obstante, y dado que la matriz de correlaciones presenta adecuados valores, se da paso al análisis factorial de la ESF (Lloret et al., 2014). El AFE se realizó con el método de Análisis Paralelo (AP), basado en el Análisis Factorial de Rango Mínimo, que permite repartir la varianza común entre los factores (Lloret et al., 2014), este análisis evidenció la estructura de un solo factor (Autovalor igual a 2.62) que explica el 87.51 % de la varianza (ver Tabla 2).
Ítem | Autovalor | Proporción varianza | Proporción varianza acumulada |
---|---|---|---|
1 | 2.62 | .87 | .87 |
2 | .30272 | .10091 | |
3 | .07191 | .02397 |
Fuente: Elaboración propia.
Con respecto a las cargas factoriales, se tuvieron en cuenta los valores mayores a .40, dado que la muestra es menor a 300 casos (Lloret et al., 2014). Como se puede observar en la Tabla 3, los ítems de la ESF presentaron valores entre .89 y .97, demostrando que los ítems se corresponden en la medición de la intensidad de la fatiga. Para el análisis de fiabilidad, se empleó el método de consistencia interna omega de McDonald, evidenciando un valor de .89 (ver Tabla 3), siendo significativamente más alto que el alfa de Cronbach obtenido por Brijaldo (2021), el cual fue de .68. De igual forma, el estadístico RMSR (.08) y el coeficiente de bondad ajuste del modelo como el GFI (.96) indican un buen modelo de ajuste de la Escala para una sola dimensión o factor en la muestra analizada.
Ítem | Intensidad de Fatiga |
---|---|
1. En estos momentos, ¿cuál es la figura que mejor expresa (el nivel de) la fatiga que tiene? | .89 |
2. ¿Cuál figura expresaría el nivel de fatiga que de media ha experimentado durante la última semana? | .97 |
3. ¿Cuál figura expresaría el nivel de fatiga más alto que ha experimentado durante la última semana? | .94 |
Omega de McDonald | .89 |
Fuente: Elaboración propia.
Escala Caras de Dolor Revisada: Teniendo en cuenta que esta escala está compuesta por dos ítems únicamente, no es viable realizar el AFE, ni el cálculo de fiabilidad con el método omega de McDonald. Por lo anterior, se procedió a realizar el análisis de consistencia interna con el coeficiente de alfa de Cronbach, con el cual se encontró un valor de .84, mostrando un valor más alto en comparación con lo reportado por Miró et al. (2005a) en niños, el cual fue de .68, y en adultos mayores, con el método test-retest, entre .44 y .7 (Miró et al., 2005b), indicando que los ítems poseen consistencia y son fiables para la medición de la intensidad del dolor en la población estudiada.
Escala de Catastrofización del Dolor: Para realizar el Análisis Factorial Exploratorio (AFE), se inició con la extracción de la matriz de correlaciones producto-momento de Pearson, teniendo en cuenta que la muestra es menor a 200, con valores de asimetría y curtosis entre -2 y 2 y considerando que la escala cuenta con más de tres ítems, se recomienda emplear esta matriz (Lloret et al., 2014), la cual evidenció correlaciones con valores entre .27 y .74 para los ítems de la Escala de Catastrofización del Dolor (ver Tabla 4).
Ítem | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 |
---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
1 | - | ||||||||||||
2 | .59* | - | |||||||||||
3 | .52* | .49* | - | ||||||||||
4 | .49* | .57* | .48* | - | |||||||||
5 | .40* | .57* | .47* | .60* | - | ||||||||
6 | .43* | .58* | .49* | .50* | .47* | - | |||||||
7 | .56* | .52* | .41* | .51* | .46* | .47* | - | ||||||
8 | .40* | .51* | .27** | .40* | .42* | .56* | .52* | - | |||||
9 | .55* | .52* | .52* | .59* | .42* | .47* | .60* | .49* | - | ||||
10 | .44* | .53* | .47* | .45* | .41* | .51* | .58* | .64* | .53* | - | |||
11 | .34* | .52* | .30* | .34* | .36* | .53* | .49* | .74* | .50* | .72* | - | ||
12 | .37* | .49* | .46* | .52* | .49* | .43* | .48* | .34* | .49* | .52* | .39* | - | |
13 | .43* | .43* | .47* | .44* | .43* | .59* | .50* | .47* | .47* | .62* | .44* | .54* | - |
Fuente: Elaboración propia. *p ˂ .001.
Al calcular las pruebas de KMO (.91) y esfericidad de Bartlett (chi cuadrado = 983.1, p ˂ .001) se evidencia viabilidad para realizar el análisis factorial de la escala (Lloret et al., 2014). El AFE se realizó con el método de Máxima Verosimilitud (Lloret et al., 2014), el cual evidenció una estructura de tres factores o dimensiones que explicaban el 68.06 % de la varianza; no obstante, el factor tres no presentaba un autovalor por encima de 1 (autovalor igual a .07) y la matriz rotada con el método oblimin, el cual permite una estructura más clara, simple e interpretable cuando se asume que los factores están relacionados (Lloret et al., 2014), presentaba una carga factorial de un solo ítem para este factor (.99); además, se encontró que el ítem 6 no evidenciaba una saturación por encima de .40, recomendado para muestras menores de 300 casos (Lloret et al., 2014). Al no considerar viable este primer modelo, se procedió a realizar un segundo análisis eliminando el ítem 6, encontrándose una estructura de dos dimensiones que explican el 63.12 % de la varianza total (ver Tabla 5).
Ítem | Autovalor | Proporción varianza | Proporción varianza acumulada |
---|---|---|---|
1 | 6.40 | .53 | .53 |
2 | 1.17 | .09 | .63 |
3 | 0.74 | .06 | |
4 | 0.71 | .05 | |
5 | .56 | 0.04 | |
6 | 0.48 | 0.04 | |
7 | 0.45 | 0.03 | |
8 | 0.39 | 0.03 | |
9 | 0.32 | 0.02 | |
10 | 0.29 | 0.02 | |
11 | 0.25 | 0.02 | |
12 | 0.19 | 0.01 |
Fuente: Elaboración propia.
Al obtener la matriz rotada con el método oblimin y teniendo como base una saturación de ítem por encima de .40, ya que el tamaño de muestra está por debajo de 300 casos (Lloret et al., 2014), en la Tabla 6 se muestran las cargas factoriales por cada componente de la Escala de Catastrofización del Dolor. De esta forma, se evidencia que el primer factor está conformado por los ítems 1, 2, 3, 4, 5, 7, 9, 12 y 13 con saturaciones entre .52 y .82 y que corresponden a sentimientos y pensamientos de indefensión ante la experiencia del dolor. Por otra parte, el segundo factor está compuesto por los ítems 8, 10 y 11 con cargas entre .60 y .96, relacionados con centrar la atención en los pensamientos sobre el dolor. Asimismo, los coeficientes de ajuste del modelo como el CFI (.98), el GFI (.99) y el RMSR (.04) indican un buen ajuste de la estructura factorial a la muestra analizada.
Por último, al realizar el análisis de consistencia interna para la Escala de Catastrofización del Dolor se obtuvo un coeficiente omega de McDonald de .89 para la dimensión Desesperanza y para la dimensión Rumiación de .87 (ver Tabla 6), siendo coherente con lo encontrado por Seyler et al. (2014), donde la escala obtuvo un alfa de Cronbach de .92 para la dimensión Rumiación y de .90 para el factor Desesperación.
Ítem | Factor | |
---|---|---|
Desesperanza | Rumiación | |
4. Es espantoso y siento como si el dolor me controlara. | .82 | -.10 |
3. Es terrible y pienso que nunca mejorará. | .75 | -.11 |
1. Estoy todo el tiempo preocupado y pensando en si el dolor desaparecerá. | .71 | -.03 |
5. Siento que no puedo soportar más. | .69 | -.01 |
9. No puedo dejar de pensar en ello. | .64 | .15 |
12. No hay nada que pueda hacer para que el dolor desaparezca, o al menos se aligera. | .64 | .05 |
2. Siento que no puedo seguir así. | .63 | .17 |
7. Pienso continuamente en otras ocasiones en las que he tenido dolor. | .59 | .20 |
13. Me pregunto si puede pasar algo grave. | .52 | .21 |
11. Pienso continuamente en lo mucho que deseo que el dolor se acabe. | -.06 | .96 |
8. Quiero desesperadamente que el dolor desaparezca. | .10 | .74 |
10. Pienso continuamente cuánto daño me hace. | .30 | .60 |
Omega de McDonald | .89 | .87 |
Fuente: Elaboración propia.
Discusión
El propósito de esta investigación fue estudiar la validez y confiabilidad de las escalas Siluetas de Fatiga, Caras de Dolor Revisada y Catastrofización del Dolor en una muestra de adultos mayores del área metropolitana de Bucaramanga. En principio, la Escala de Siluetas de Fatiga demostró su unidimensionalidad y sus tres ítems cuentan con altos valores de cargas factoriales, buenos coeficientes de ajuste al modelo y una alta consistencia interna, indicando que la escala logra la medición de la fatiga a partir de las figuras presentadas, como un estado que puede ir desde una sensación subjetiva de cansancio hasta una sensación abrumadora de agotamiento (Miró et al., 2019); por tanto, se considera que la escala es confiable y válida para la población adulta mayor estudiada. Diversos autores han planteado que la fatiga es un signo de diversas dificultades en el envejecimiento como discapacidad física, deterioro funcional y mortalidad (Hardy y Studenski, 2008; Miró et al., 2019), por lo que es importante lograr una adecuada medición y evaluación de la fatiga, principalmente en población anciana (Miró et al., 2019). En este sentido, los resultados encontrados en la presente investigación contribuyen a disponer un instrumento que demuestra adecuadas propiedades psicométricas desde la teoría clásica de los test para su utilización; además, los hallazgos son coherentes con lo encontrado por Miró et al. (2019) y lo reportado en la investigación de Brijaldo (2021) con población española.
Igualmente, se considera que esta Escala al ser visual o pictórica, la cual emplea dibujos o imágenes, al ser breve en forma de autorreporte y sin exigencia de nivel educativo o alfabetización para dar contestación a la misma, permite a la persona valorar su nivel de fatiga más rápido y más fácilmente que con instrumentos tradicionales, como los cuestionarios (Miró et al., 2019). Lo anterior indica que este tipo de escalas pueden presentar mayor utilidad para profesionales e investigadores que trabajan con poblaciones de edad avanzada y requieren medir el estado de fatiga de las personas con limitación de tiempo, y la cual puede ser generada por alguna enfermedad física o mental o como consecuencia de tratamientos médicos, como lo reporta Miró et al. (2019) a partir de otras investigaciones.
Por otro lado, la Escala de Caras de Dolor Revisada demostró una alta consistencia interna, siendo mayor que la reportada en el estudio de Miró et al. (2005a) y muy cercana a la obtenida por Hicks et al. (2001), ambos estudios realizados en niños. A pesar que no fue posible realizar el AFE, dado que la Escala cuenta solamente con dos ítems, su fiabilidad permite inferir que es posible medir de manera consistente la intensidad del dolor percibido en la muestra participante. Según Miró et al. (2005a), “medir el dolor es esencial para comprender el funcionamiento de los mecanismos subyacentes implicados, así como para la evaluación de los resultados de los tratamientos” (p. 408). Esto indica que contar con un instrumento breve y consistente que pueda ser empleado por profesionales de la salud, que atienden población adulta mayor en el contexto colombiano, favorecerá la identificación temprana de enfermedades o malestar y, en consecuencia, se mejorarán los procesos de prevención e intervención en esta población y, a su vez, se lograría disminuir los costos y recursos en salud.
Asimismo, se considera que, en esta escala, al ser también pictórica, es más sencillo identificar la experiencia del dolor y valorarla por parte de los adultos mayores participantes, como sucede con la Escala de Siluetas de Fatiga. De acuerdo con Miró et al. (2005ª), se ha encontrado que la Escala al no presentar caras sonrientes ni lágrimas permite evitar la confusión entre malestar afectivo e intensidad de dolor, favoreciendo una medición más precisa del dolor percibido, en este caso, por los adultos mayores.
Por su parte, la Escala de Castastrofización del Dolor presentó altos valores de consistencia interna y una estructura factorial de dos dimensiones (Desesperanza y Rumiación), siendo distinta a la estructura de tres dimensiones de la escala analizada por Sullivan et al. (1995) y Seyler et al. (2014). En este estudio, el ítem eliminado fue el 6, “Tengo miedo de que el dolor empeore”, que forma parte de la dimensión Magnificación en los estudios originales (Seyler et al., 2014; Sullivan et al., 1995); sin embargo, para la población estudiada, en el contexto regional no muestra una relación adecuada con ninguna de las dimensiones obtenidas de Desesperanza y Rumiación que corresponden al constructo de catastrofización.
En este sentido, las dos dimensiones resultantes del AFE (Desesperanza y Rumiación) quedaron conformadas de la siguiente manera: Desesperanza, que corresponde con la sensación de incapacidad para hacer frente a la experiencia de dolor, en esta dimensión se agrupan los ítems 1, 2, 3, 4, 5 y 12 que concuerdan con los estudios realizados por Sullivan et al. (1995) y Seyler et al. (2014). Mientras que los ítems 7, 9 y 13, que también se agrupan para la dimensión Desesperanza en la presente investigación, corresponden a las dimensiones Rumiación (9) y Magnificación (7 y 13) en los estudios anteriores (Seyler et al., 2014; Sullivan et al., 1995). Con respecto a la dimensión Rumiación, relacionada con la centralización de pensamientos enfocados en el dolor, se agrupan los ítems 8, 10 y 11 que, igualmente, coinciden con los estudios de Sullivan et al. (1995) y Seyler et al. (2014). No obstante, autores como Cho et al. (2013) han señalado que, teniendo en cuenta la alta relación que presentan las tres dimensiones de forma interna, es razonable cuestionar la multidimensionalidad de la catastrofización del dolor. De igual forma, Walton et al. (2013) han concluido a partir de sus hallazgos que la catastrofización del dolor es un proceso general que engloba las tres dimensiones más específicas. Asimismo, es posible que al evaluarse la catastrofización del dolor, de forma tradicional, por medio de pregunta y respuesta tipo Likert, los adultos mayores tiendan a comprender los ítems 7, 9 y 13 como desesperanza; es decir, que los ítems se relacionan más con la percepción de ineficacia para afrontar con éxito el dolor, más que con la magnificación o sobrevaloración del dolor, que se entiende como una amenaza mayor a lo que realmente es (Seyler et al., 2014). Por consiguiente, se encuentra que los ítems 7, 9 y 13 parecen ser más coherentes con la dimensión de Desesperanza como parte del constructo de catastrofización del dolor, en la muestra participante. Por su parte, Seyler et al. (2014) reportan que, en cuanto a la dimensión Magnificación (la cual no fue demostrada en el presente estudio), la evidencia es inconsistente, ya se sea por su estructura de pocos ítems, por aspectos metodológicos o por cuestiones conceptuales en diferentes estudios. A pesar del resultado obtenido de dos dimensiones de la Escala, se evidencia que esta versión de 12 ítems es un modelo adecuado para medir la catastrofización del dolor en la población analizada.
En conclusión, las tres Escalas han demostrado adecuados coeficientes de fiabilidad y de bondad de ajuste para la validez, lo que indica que los instrumentos son pertinentes para la medición de la percepción subjetiva de la intensidad del dolor, la catastrofización y la intensidad de fatiga en la población adulta mayor del área metropolitana de Bucaramanga. Igualmente, esta investigación contribuye con el ejercicio de los profesionales que trabajan en el área de la salud, con el fin de que puedan hacer uso de instrumentos tipo screening (ágiles, breves y fáciles) para la orientación e intervención de la población adulta mayor.
Finalmente, se describen algunas limitaciones del estudio que igualmente pudieron influir en los resultados obtenidos. En primera instancia, la muestra participante fue seleccionada por conveniencia, lo que restringe la generalización de los resultados a toda la población adulta mayor colombiana; por tanto, se considera importante poder generar otros estudios en diferentes regiones del país ampliando el tamaño de la muestra. En segunda instancia, se contó con una muestra sin condiciones neuropsiquiátricas, se sugiere que para dar mayor amplitud a este tipo de estudios podrían examinarse muestras clínicas para la comparabilidad de los resultados de las escalas en términos de consistencia y validez. En tercera y última instancia, se considera generar estudios confirmatorios (principalmente, para la Escala de Catastrofización del Dolor) y longitudinales, lo que favorecería la evaluación de la estabilidad de las escalas, así como su aporte a los cambios en la percepción de la intensidad y catastrofización del dolor, y la percepción de la fatiga a través del tiempo y ante condiciones de tratamiento o intervención.